sábado, 9 de enero de 2016

Principios inamovibles o estrategias para el cambio

¿Todo fluye como dijo Heráclito (535-486 a.C.); o todo permanece como sostuvo Parménides (ca. 530 a.C.)?

Según la filosofía política de ciertas personas, cualquier cosa que signifique un mínimo cambio de sus principios inamovibles será motivo de rechazo. Ese desprecio al cambio lo expresa a la perfección Fernando Savater (1947), uno de los filósofos traviesos de la derecha, en su reciente artículo publicado en El País:
«Tampoco aspiro a dirigirme a la secta de los cambistas, los adictos en cuerpo y alma al cambio. No a mejorar, a perfeccionar o a corregir, sino a cambiar. Sea adelante, atrás, a derecha o izquierda, eso va en gustos». (SAVATER, Fernando. «Ni podemos ni debemos» (2016, 7 de enero). El País)
Esta aversión al cambio, este aferrarse a los principios o valores irrenunciables no afecta solo a la derecha, sino también a una parte de la izquierda.

Así,ocurre que:
  1. La derecha española se aferra a unos valores anclados en la tradición, como la bandera rojigualda, la familia, la unidad de la patria, el himno de los granaderos, la guerra, la religión católica, apostólica y romana, la tauromaquia y la monarquía;
  2. Desde las izquierdas se hace otro tanto al enarbolar la bandera tricolor, reclamar la tercera república, rechazar el maltrato animal y celebrar manifestaciones en contra de la OTAN y de las bases militares, cuya soberanía se ha cedido a los Estados Unidos por nuestros autoproclamados patriotas.
Los tan cacareados valores de la derecha han sido, de un modo u otro, tratados antes a bordo del Aletheia. No así los de la izquierda.

La primera pregunta es si los valores de unos y los principios de otros se parecen en algo. ¿Acaso es cierto que “los extremos se tocan“, como dice el dicho? En cierto aspecto, la respuesta es afirmativa, ya que tanto los unos como los otros se definen como inamovibles. La consecuencia es clara. Dichos valores o principios irrenunciables conducen al inmovilismo.

En el inmovilismo de derechas se instalan el Partido Popular (PP), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos (C's). Todos ellos defienden la perennidad de los símbolos antes comentados. Cabe decir que el PSOE aún se postula como partido de izquierdas pero a la hora de la verdad sus políticas no difieren mucho de las del PP o C's.

El inmovilismo de izquierdas queda representado por Izquierda Unida (IU). Si bien, el tema de la tauromaquia no goza de unanimidad, pues dentro de IU hay quienes celebran que haya corridas de toros. Donde sí mantienen impasible el ademán es en la defensa de los símbolos de la Segunda República, en la oposición a la OTAN, o en la exigencia de cerrar las bases.

A comienzos de 2014, apareció un nuevo fenómeno en el panorama político español: Podemos. Estos políticos de nuevo cuño tratan de poner el eje no entre la izquierda y la derecha, sino entre los de arriba y los de abajo. Dicen estar a favor de la gente y en contra de la casta, de la oligarquía, esto es de la élite que disfruta de enormes privilegios a costa de recortarles lo básico a la mayoría de la población. Pero rechazan de una manera clara el inmovilismo de la izquierda en la defensa de sus principios. En palabras de Pablo Iglesias (1978):
«Hemos demostrado que con propuestas con las que la izquierda se sentía muy a gusto, pero con un discurso distinto y con unas formas distintas, se podía ganar, se podía desafiar al poder. Y eso implica hacer las cosas al contrario de como las hacía la izquierda». («Pablo Iglesias: “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”» (2015, 24 de junio). Público)
La incorporación del teniente general José Julio Rodríguez (1948) fue la gota de agua que ha desbordado el vaso de la paciencia del Círculo Pacifismo y Alternativas de Defensa de Podemos. Un mes después del anuncio y a cuatro días de las elecciones, este grupo comunicó su decisión de desvincularse del partido podemita. En su comunicado decían:
«Con dicho fichaje, además, se ha puesto en duda la postura de Podemos con respecto a la OTAN que parece ser mucho más transigente que la que ha tenido cualquier organización, colectivo o movimiento que votara o se posicionara en contra de la OTAN en el referéndum de 1986». («El círculo Pacifismo y Alternativas de Defensa hace pública su desvinculación de Podemos tras un año de existencia» (2015, 16 de diciembre). Antimilitaristas.org)
Los miembros de este grupo, que ahora se llama Construye Pacifismo, emprenden una ofensiva contra la presunta deriva militarista de Podemos en las redes sociales al tiempo que sostienen que IU no es ambiguo, que es abiertamente republicana, y que está en contra de la OTAN y de las bases.

Sin embargo, es difícil imaginarse a Podemos como un partido belicista como sí se desprende de los programas de C's o de la experiencia gubernamental del PP o del PSOE.

La política –en mi opinión–, consiste no tanto en defender principios o valores inamovibles como en lograr ponerlos en práctica. No se trata de soñar, sino de poder. Y para conseguir cosas hay que ganar. Y para ganar en una democracia hay que convencer a muchos. Demostrarles no que tú tienes razón, sino que puedes hacer las cosas que ellos quieren que hagas y hacerlas bien. La gente prefiere votar a los malos conocidos que a los buenos por conocer y, por eso, para que te conozcan hay que ejercer el mando.

Tal como el periodista sevillano Fede Durán (1977) escribía en su blog refiriéndose a Podemos:
«La solvencia se acredita mandando, y la naturaleza metafísica del partido más rompedor de la democracia española (existe sin estar, o está sin existir) es un arma de doble filo: permite prometer con generosidad, pero esa generosidad puede volverse en contra cuando se convierta en contrato». (DURÁN, Fede. «Podemos: luces y sombras» (2014, 3 de noviembre) Crónicas de un escéptico)
A Íñigo Errejón (1983) le hemos oído decir, en una entrevista en ara.cat, que no iban a prometer algo que no pudieran cumplir al día siguiente de llegar al gobierno.

Según el político de la formación morada, los adversarios del cambio resucitan el marco de la discusión de símbolos de hace 70 años porque saben que sobre ese terreno simbólico ganan. Es por eso que los reavivan siempre que pueden.

Para Errejón hay una voluntad de cambio transversal, que viene de gente que incluso ha votado al Partido Popular o al Partido Socialista y que, sin embargo, hoy es consciente de que sus intereses y políticas de sentido común chocan de frente con el plan que las élites tienen para nuestro país. («Entrevista d'Antoni Bassas a Íñigo Errejón» (2015, 17 de diciembre). Ara.cat)
«Ni monarquía ni OTAN –insiste Antoni Bassas (1961)– son temas prioritarios para Podemos».
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es un sistema que se creó en el marco de la Guerra Fría (1949-1991). Para Errejón, no tiene mucho sentido que siga existiendo a día hoy, pero admite que «hay tratados firmados» y desea caminar «hacia un sistema integrado de defensa europea». Con respecto a la monarquía dice más o menos lo mismo.

Algunos de mis amigos –los que permanecen fieles a IU–, rechazan eso como “politiquerías” aberrantes. Los que abandonan el Círculo Pacifismo definen a «Podemos como partido “atrapalotodo”, es decir, un partido que diluye al máximo sus señas de identidad, para ser una organización destinada al mercado de la política, en la que cualquier cosa que se diga vale en función de su rentabilidad en forma de votos, de los posibles consumidores masivos de política en períodos electorales».

Y algo hay de verdad en esas críticas.

Sin embargo, la voluntad popular de la gente que se acerca a Podemos –según Errejón–, no desea un plan para que las cosas cambien en un plazo de 35 años, sino para que si el domingo (por el 20D) hubiera un resultado suficiente como para que Podemos formara gobierno, este pudiera hacer todo aquello que se ha prometido en campaña. Por eso añade que:
«Los programas electorales que hacemos [en Podemos] están diseñados para la próxima legislatura. Eso no agota el horizonte de transformaciones adónde queremos llegar, pero sí que dicta a qué nos podemos comprometer con nuestro pueblo para transformarlo desde el día siguiente. Es verdad que hay un ejercicio de responsabilidad para que nos cuadren las cuentas, con la gente dentro».
Me imagino que salir de la OTAN es una de esas promesas que –a decir de Fede Durán– sería fácil de hacer en campaña y difícil de cumplir una vez se llegara al gobierno. Por esos contratos firmados por los partidos monárquicos, precisamente. Me imagino que lo que Podemos pretende –en aras de ese ejercicio de responsabilidad al que se refería Errejón–, es comprometerse solo a lo que es posible hacer desde hoy mismo y dejar para más adelante aquellos temas que no podrían cumplir de manera inmediata.

Por otra parte, la realidad demuestra que quienes practican el inmovilismo de izquierdas quedan relegados a la irrelevancia en el arco parlamentario. Un 5% a lo sumo. Quizá un 10%. Sus propuestas son atractivas pero carecen de eficacia. Y Podemos ya ha anunciado que quiere romper con ese techo.

Recordemos que España entró en la OTAN por medio de un engaño. El líder de los socialistas, Felipe González (1942), dijo una cosa estando en la oposición e hizo la contraria cuando llegó al gobierno. En 1986, convocó el referéndum que prometió bajo el lema “OTAN, de entrada NO”, y lo ganó haciendo campaña por el SÍ a la permanencia. Para salir de esta organización criminal –en mi opinión–, quizá haya que ser tan astutos o más que lo fue el propio González.

Lo de la monarquía es otro cantar. Para que España vuelva a ser una república hace falta que los españoles reclamen ser republicanos. Y por el momento no parece que esa sea la cuestión.

En todo caso, los negocios de la OTAN y los de la Casa Real parecen ir de la mano tal y como apunta el ex-teniente Luis Gonzalo Segura en su blog.
«¿Y si el Rey, el PP o El Corte Inglés están tras el terrorismo del ISIS?». (SEGURA, Luis Gonzalo. «¿Y si el Rey, el PP o El Corte Inglés están tras el terrorismo del ISIS?» (2016, 5 de enero). Público)
El ISIS está financiado por Arabia Saudí, Qatar, Bahréin o Emiratos Árabes Unidos, países que son visitados regularmente tanto por el rey padre como por el rey hijo. Cosas de reyes.

Igualmente, sabemos por Wikileaks que el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón conspiró a favor de una potencia extranjera en el asunto del Sahara. Él quería garantizarse el apoyo de los Estados Unidos a la hora de suceder a Franco en la Jefatura del Estado y a cambio les pasaba informes secretos mientras se comprometía a meternos en la OTAN y a ceder la soberanía de las bases. Todo por la patria, digo por el trono. («Juan Carlos se hizo confidente de la Casa Blanca y se convirtió en su gran apuesta para controlar España» (2013, 8 de abril). Público)

A ti y a mí nos parecerá lógico reclamar una República, sobre todo después de saber el nivel de corrupción al que nos ha llevado la Transición monárquica. Pero recuerda: las batallas por la opinión pública se libran en los medios de comunicación y no son fáciles de ganar siendo que estos están controlados por los que quieren que nada cambie.

Aún así, algo se mueve.



sábado, 28 de noviembre de 2015

Las poles al sol

El pasado día 14 de noviembre, el McLaren de Fernando Alonso (1981) se paró a poco de comenzar la clasificación. Al verse obligado a esperar hasta que acabara la primera serie (Q1), alguien le prestó una silla y el español aprovechó para ver pasar los coches desde una posición inédita. La imagen llamó la atención desde el primer momento a los televidentes. Uno de los comentaristas de Antena 3, Cristóbal Rozalén dijo que le recordaba una película española: Los lunes al sol (2002). El director del programa se lamentó una vez más de la mala suerte del ex de Ferrari. Las redes sociales parafrasearon la ocurrencia como Las poles al sol.

Luego volveremos a este tema.

¿Qué tiene que ver la Fórmula 1 con la filosofía? Bueno, todo tiene que ver con la filosofía y afortunadamente poco tiene que ver con la Fórmula 1.
Pero los medios de comunicación dan una importancia extraordinaria a ésta mientras que ignoran la otra.

Aunque no dejo de recibir críticas por ello, soy de los que ven la Fórmula 1. No sé muy bien por qué. Me entretiene, sí, claro. Pero quizá tenga que ver con la nostalgia de aquellos primeros años 70 en los que por azar me vi dentro de esa zona que llaman paddock. Mucho ha cambiado desde que Bernie Ecclestone (1930) se hiciera con el control de este circo en 1978. Control que ha durado más de treinta años y que sólo parece tambalearse a partir de los procesos judiciales en los que se haya inmerso desde 2014.

De todo ésto no te hablan en Antena 3 ni en las cadenas que antes compraron a Ecclestone los derechos de retransmisión de la Fórmula 1. Como cualquier otro espectáculo, las carreras de coches de “la categoría reina” cuentan con sus héroes (nacionales) y sus propagandistas. A los españoles nos han vendido que el “nuestro” no puede ser otro que Fernando Alonso. Quien ha ejercido como su hagiógrafo es Antonio Lobato (1965) que también ha sido la cara de este deporte a lo largo de doce años consecutivos. La carrera de este fin de semana será la última pues ya ha anunciado su retirada. Atrás quedan frases cargadas de adrenalina y amor ciego por un solo piloto, que casualmente es de Oviedo como él.
«¡Magic Alonso está volando literalmente sobre la pista!».
Ni que decir que a veces el héroe se convertía en superhéroe. Lobato seguía insistiendo en que tenía “poderes”, que hacía “magia”, que tenía algo que los demás pilotos no tienen. Un amor incondicional lleva tal vez al odio, en ocasiones muy poco disimulado, hacia quienes le han aguado la fiesta al piloto asturiano: Sebastian Vettel (1987) y Lewis Hamilton (1985). El alemán y el inglés han acaparado siete de los nueve títulos posibles del Formula One World Drivers' Championship desde que en 2007 Alonso lo ganara por segunda y última vez. Lobato ha sido el que más empeño pondría en mantener la ilusión de que aquella no sería la última. Los hechos han demostrado no sólo que se equivocaba, sino que su palmarés iba a ser pronto superado por otros pilotos, como es el caso de los dos que he mencionado.

La simbiosis Lobato-Alonso se nota en el poco interés que ha despertado la figura emergente de otro español: Carlos Sainz Jr. (1994). La atención sigue centrada en “nuestro” bicampeón mundial, aunque sea para llorar sus salidas de pista, sus pinchazos, sus abandonos o sus decepcionantes cronos. No es, como habrás supuesto, una cuestión de mero fanatismo patriotero, sino que tiene mucho que ver con los patrocinadores, con el dinero de la publicidad, contigo y conmigo.

El propio Lobato lo contaba en la Cadena Ser:
«Este año, estamos ante el peor nivel de popularidad de la F1 desde el 2003. Se nota mucho que la gente ha perdido el interés por este deporte; no solo en las audiencias, también en las conversaciones por la calle».
Resulta irritante –y con esto vuelvo al principio–, la falta de objetividad que Antonio Lobato ha mantenido a lo largo de estos años. Su caso demuestra a todas luces lo que ocurre con los “periodistas” a sueldo de empresas privadas. Ninguna pregunta incómoda a Emilio Botín (1934-2014) con ocasión de los millones que se llevaba a Suiza. Tampoco a Juan Carlos I (1938), ni siquiera en la época que estallaron los escándalos. Ninguna información crítica sobre la organización de Gran Premio de Europa en Valencia, cuya estafa repercute ya en los contribuyentes valencianos en forma de recortes. Curiosamente, Lobato se enciende cada vez que Vladimir Putin (1952) entra en escena con ocasión del GP de Rusia, pero nunca tiene una sola palabra para criticar a los líderes de otras potencias que tampoco respetan los derechos humanos.

La película Los lunes al sol trata de unos compatriotas nuestros que, sin comerlo ni beberlo, son despedidos de los astilleros donde trabajaban. Se quedan en el paro y, por edad, difícilmente encontrarán otro trabajo en su vida. Un drama social. ¿Lo comparamos con Fernando Alonso? El asturiano gana 97.222 euros al día. ¿Vas a seguir llorando cada vez que no se clasifique? Tampoco es cuestión de que cambies de colores y pases a engrosar los tiffosi que siguen a Vettel o Hamilton: ellos ganan más o menos lo mismo. (Sport, 12/08/2015)

La Fórmula 1 es un circo, sí, pero un circo muy caro. Forma parte de la vieja ecuación panem et circenses (pan y circo) que inventaron los romanos para entretener a la población y apartar su atención de los problemas que realmente le conciernen. Así, nos solidarizamos con la suerte de los mega-millonarios e ignoramos el drama de nuestros compatriotas que están en el paro o que serán desahuciados mañana o pasado.

La filosofía es común a quienes aman la verdad. ¿Crees que algún día alguna cadena nos contará la verdad de la Fórmula 1?
«En la Fórmula 1 no ocurren los milagros» –he oído decir tantas y tantas veces. 
Sólo hay lugar para la magia. Y sólo hay uno que es Magic.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Sin noticias del 11S

Ni los diarios lo llevan en sus portadas ni las cadenas de televisión abren sus informativos apelando al 11S. Han pasado muchos años desde aquel 11 de septiembre de 2001: catorce para ser exactos.

Apelar, ¿he dicho apelar? Apelamos cuando recurrimos a alguien o algo en cuya autoridad, criterio o predisposición ponemos nuestra confianza para dirimir, resolver o favorecer una cuestión. Y para eso, precisamente, se utilizaron los atentados contra las Twin Towers (torres gemelas) y el Pentágono: para zanjar cualquier discusión en torno al nuevo orden que las élites iban a imponer al mundo, empezando por los mismísimos Estados Unidos de América.

El 11S cambió la forma de ver el mundo de mucha gente y por eso es un tema que nos interesa como filósofos. Lo veremos a continuación.

Puede que estés pensando que vamos a dedicar esta entrada a las teorías de la conspiración que anticipábamos en 'Inmersos en las conspiraciones', hace sólo unos días. Pero no, hoy haremos otra cosa. Vamos a hablar, si te parece, de lo que ha significado el 9/11 (11S) en nuestra historia más reciente.

No sólo las portadas, sino muchos artículos, entrevistas, reportajes, discursos, declaraciones, etc. hicieron referencia a la infamia del 11S para luego justificar el lanzamiento de bombas primero sobre Afganistán, luego sobre Irak, y mientras tanto sobre Yemen, Pakistán u otros países. En otras palabras, el 11S serviría para emprender guerras preventivas contra otros países que ni siquiera habían amenazado con atacar a los Estados Unidos.

Las guerras pueden tener varios efectos positivos para las élites, por muchos y terribles que sean los efectos negativos para los ciudadanos. Estoy pensando no sólo en la relación que tienen con la extracción, el tráfico o la especulación de los recursos naturales (como el petróleo), sino también en el aumento del presupuesto en armamento. Las élites económicas las forman, entre otros, gente de la industria petrolífera y armamentista.

Bastó apelar al 11S para aprobar, en poco más de treinta días, la Patriot Act, una ley que acababa con la vigencia de los derechos humanos y las libertades civiles. Por poner un ejemplo, con esta ley se puede proceder a la inmediata detención de los sospechosos sin notificación a sus familiares y sin derecho a abogados defensores o notificación de causa... y con carácter indefinido.

Al pueblo norteamericano se le dijo que tenía que elegir entre su seguridad y sus derechos constitucionales. Pero la elección ya estaba hecha: el 7 de octubre de 2001, el presidente George W. Bush (1946) había declarado su War on Terror (Guerra contra el terrorismo) lo que colocaba a cualquiera que criticara su política en la posición de un enemigo del propio país, un traidor, un disidente o un presunto terrorista.

Para eso sirve poner a tu país en estado de guerra. Eso sí, no de una guerra cualquiera, sino que todo apunta a que se trata de una guerra perpetua.

Tanto es así que, a día de hoy, Wesley Kanne Clark (1944) sospecha incluso de quienes pierden un trabajo o rompen con una novia porque pasan a formar parte de un grupo de personas especialmente peligroso. Este general retirado tiene, aparentemente, poco que ver con el republicano y conservador Bush. De hecho, en 2003, se postuló como precandidato del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, con el apoyo, entre otros, de Michael Moore (1954).

Sin embargo, catorce años después del 11S, Wesley Clark se declara partidario de encerrar a los estadounidenses “desleales“ que no apoyen la guerra contra el terrorismo, la que se inventó Bush:
«En la Segunda Guerra Mundial, si alguien apoyaba la Alemania nazi, a expensas de los Estados Unidos, no dijimos que ejercía su libertad de expresión. Los pusimos en un campamento. Eran prisioneros de guerra». (Nimmo, Kurt: «US General Wesley Clark Calls For Interning “Disloyal” Americans Who Do Not Support the “War on Terrorism”». Global Research. Toronto, 18/07/2015)
No sé muy bien como eran aquellos campamentos de los años 40 pero, a día de hoy, un campamento quiere decir Guantánamo, lo más parecido a uno de esos campos de concentración erigidos por los nazis. En sintonía con lo que dice Clark, no resulta tan extraño que el actual presidente Barack Obama (1961), [prematuro] premio Nobel de la Paz, siga sin cumplir su promesa de cerrarlo.

Tras el 11S se instauró la censura. Apelando al patriotismo, se acabó con la libertad de expresión:
«Hoy por hoy, desde el famoso encuentro que Condolezza Rice, Consejera de Seguridad Nacional, sostuvo con los dueños de las cinco principales cadenas televisivas del país el 10 de octubre de 2001, la prensa norteamericana aceptó la más férrea censura gubernamental. El 11 de octubre, un día después del encuentro con Rice, se logró la total capitulación de los medios de comunicación en Estados Unidos bajo el pretexto de los dueños de las cadenas de someterse por “patriotismo“». (Alvarado Godoy, Percy Francisco: «La renovación de la Ley USA Patriot: nuevo intento por perpetuar las violaciones y la antidemocracia». Rebelion.org, 11/05/2004)
El 11S sirvió, además, para justificar la tortura. La que se practicaba en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, en Guantánamo u otros lugares clandestinos a lo largo del planeta adonde llegaban nuevos secuestrados mediante los vuelos secretos de la CIA. Para Bush, la Convención de Ginebra no tiene lugar en este caso, puesto que los terroristas no usan uniforme y no se rigen por las normas de la guerra. Un argumento que le servía para animar a sus agentes, con o sin uniforme, a actuar al margen de la ley y sin respetar los derechos humanos: es decir, como terroristas. (Saiz, Eva: «EE UU empleó técnicas de tortura tras los atentados del 11-S». El País, 17/04/2013)

Según el vicepresidente Dick Cheney (1941), a los que torturaron bajo sus órdenes habría que glorificarles y deberían ser condecorados. (Dann, Carrie: «Cheney on Interrogation Tactics: 'I Would Do It Again in a Minute'». NBC News, 14/12/2014)

Si fuiste de los que creyeron que Obama arreglaría los desaguisados de Bush, Cheney y CIA, siento decirte que te equivocaste. Todo sigue igual, o peor.

Por un caso de espionaje tuvo que dimitir el presidente Richard Nixon (1913-1994) en 1974. Sigue siendo el único que ha pasado por ese trance a pesar del espionaje masivo llevado a cabo por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) durante los últimos dos años de Bush en la Casa Blanca y durante toda la etapa de Obama. El PRISM, que así se llama este programa de vigilancia electrónica, pudo llevarse a cabo, ¡cómo no!, apelando al 11S. De no ser por Edward Snowden (1983) ni tú, ni yo ni tampoco Angela Merkel (1954) sabríamos que nos estaban espiando. Aunque probablemente lo siguen haciendo.

Es cierto que la acción que presuntamente acabó con la vida de Osama bin Laden (1957-2011), un diez de marzo de 2011, tuvo el efecto de acabar con la eterna cacería del creador de Al Qaeda. Pero sólo fue para sustituirlo por un enemigo aún mayor: el ISIS. En 2014, el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi (1971), cortaba los lazos con Al Qaeda al tiempo que se autoproclamaba califa con el nombre de Ibrahim.

El 11S había servido para crear un enemigo creíble en sustitución de la amenaza que representaba la Unión Soviética (URSS). Pero con bin Laden amortizado, aún sirvió para rescatar de entre sus cenizas un nuevo monstruo del mal capaz de sembrar el terror y el caos en aquellos lugares del planeta donde a la élite le interese. La masa de inmigrantes que ahora cruza las fronteras de Europa es consecuencia, tal vez inesperada, de haber iniciado la Guerra de Irak y de haber creado y financiado tanto a Al Qaeda como al ISIS. Pero ya hablaremos de ello en otro momento.

Que el 11S haya dejado de ser noticia no significa que la gente haya aceptado el relato que se nos contó entonces como válido. Los del 9/11 Truth Movement (Movimiento por la Verdad del 11-S) cuestionan la versión oficial tanto en Internet como en mítines locales, conferencias nacionales e internacionales. Se llaman a sí mismos “9/11 Truthers” o “escépticos del 9/11”. Rechazan, en cambio, que les etiqueten de “teoristas en la conspiración”. Y, sí, de ellos también hablaremos. Pero otro día.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Chapoteando entre delfines degollados

Cada inicio de septiembre tiene lugar una matanza de delfines en Japón. Un rincón paradisíaco del parque nacional en Wakayama, se tiñe de rojo para la ocasión con la sangre derramada por más de mil delfines degollados. Previamente fueron cercados por los botes y dirigidos hacia una cala concreta: una trampa.

Según el documental The Cove (2009) cada año los japoneses matan cerca de 23.000 cetáceos, entre delfines y marsopas. El ministerio de Agricultura, Forestal y Pesca nipón rebaja la cifra total a trece mil pero admite que son unos 1.200 los delfines que se matan cada año en la cala de Taiji. En cualquier caso, es difícil saberlo puesto que se impide, no sin violencia, el acceso a las cámaras. De hecho, la mayor parte de la película dirigida por Louie Psihoyos (1957) fue grabada en secreto.

Vamos a navegar en el tiempo.

¿Te acuerdas de Flipper? Fue una famosa serie de televisión que se emitió entre 1964 y 1967. Su protagonista era un delfín mular (Tursiops truncatus). Aunque sería más exacto decir que ese papel lo interpretaban cinco delfines hembra, los que Ric O'Barry (1941) capturó y luego entrenó para la serie. Estos delfines de nariz de botella son los más habituales en los espectáculos acuáticos con animales. Dicen de ellos que son también los más inteligentes, los más sensibles. Y como todos los animales que se encuentran en cautiverio sufren depresiones. 

En cierta ocasión, Cathy nadó hasta los brazos de Ric. Inhaló aire a través de su orificio nasal. Pero no lo exhaló. Los cetáceos no respiran de manera automática como los humanos, sino que cada inhalación de aire les supone realizar un esfuerzo. Según O'Barry, aquelllo fue un sucidio.

Después de eso, Ric O'Barry dejó de entrenar delfines en cautividad para sumarse a la causa en contra de la cautividad de los animales. De hecho, es el alma-mater de la película The Cove, antes citada.

Se da la paradoja de que los seres humanos seguimos gastando miles de millones de dólares para enviar señales al espacio en busca de vida inteligente cuando posiblemente haya especies junto a nosotros que lo son tanto o más que nosotros.

Según Seth Shostak (1943), director del Search for extraterrestrial intelligence (SETI):
«El presupuesto de la NASA programado para el 2015 es de 2.500 millones de dólares, mucho menos que una milésima parte del presupuesto federal total de EE.UU. A los proyectos del SETI les corresponde una milésima parte del presupuesto de la NASA». («Jefe del SETI: "Se podría encontrar vida extraterrestre, pero los políticos se oponen"». En rt.com, 19/08/2014)
Has deducido bien: Lo que el jefe del SETI trata de decirnos es que con más financiación se podría avanzar en programas que permitieran encontrar vida extraterrestre en un plazo inferior a veinte años. Pero los políticos se oponen, se queja Shostak.

Buscamos la inteligencia fuera del planeta azul mientras nos negamos a admitir que los animales que nos rodean la tengan. Aunque en realidad, hay algo más importante que la inteligencia: la conciencia. Los delfines tienen conciencia de sí mismos, como los humanos.

Como los humanos que les cortan el cuello mientras chapotean en su sangre.

El caso es que no se trata de dinero, sino de combatir la plaga, dicen los propios pescadores. Los gobiernos de los tres países balleneros, Japón, Noruega e Islandia, culpan a los cetáceos de diezmar determinadas poblaciones de peces. (Donhauser, Michael: «Tres países contra el resto del mundo en la reunión de la Comisión Ballenera». El Mundo, 11/07/2011)

Se niegan a reconocer que somos los humanos quienes, en realidad, estamos acabando con las especies marinas. Según un informe publicado en la revista Science, en 2006, el colapso total de la pesca llegará antes de cuarenta años si se mantiene el ritmo actual de capturas. O sea, antes de 2046. (Dean, Cornelia: «Study Sees ‘Global Collapse’ of Fish Species». The New York Times, 03/11/2006)

Por otra parte, el consumo de carne de delfín o de ballena presenta graves riesgos para la salud humana ya que se han encontrado altas concentraciones de mercurio en su carne. (Johnston, Eric: «Mercury danger in dolphin meat». The Japan Times, 23/09/2009)

No lo hacemos por dinero, ni tampoco deberíamos comer la carne de los cetáceos. Entonces, ¿por qué los matamos?

Los humanos somos bien capaces de convertir lo paradisíaco en dantesco, como ocurre en la cala de Taiji, en las islas Feroe u otros lugares. Y lo hacemos por el mismo motivo que aún existen las corridas de toros: por tradición. Por el espectáculo. Por la diversión. Por cultura.

Bordeamos pues en el terreno de la antropología. Siendo que la cultura se define como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc., quizás deberíamos corregir el lema que utilizan los animalistas: la tortura sí es cultura. Aunque ello nos disguste.

Pero estas escenas dicen poco de los delfines y mucho, en cambio, de nosotros. De vez en cuando uno tiende a pensar como Thomas Hobbes (1588-1679) que nos advertía a los humanos que a quien más hemos de temer es a la especie humana, precisamente.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Filosofando a la de una, a la de dos y a la de tres

La española, y también británica, Ellen Duthie es la autora de un blog donde va narrando sus sesiones de filosofía que, cada dos semanas, tiene con los preescolares de una escuela pública de Madrid. Entre otras cosas, dicen los propios niños, se dedican a hacer “porquerías”:
«En Filosofía a la de tres, las porquerías son preguntas que empiezan por “¿Por qué...?” Y hemos empezado por dar un ejemplo. Alba Torres se ha encargado de la primera pregunta: ¿Por qué nos vestimos?». (Duthie, Ellen: «2014/15 Sesión 1. Desnudez y vergüenza, princesas y príncipes». En filosofiaaladetres.blogspot.com.es, 05/10/2014)
Y es verdad, la filosofía empieza siempre con una pregunta, y luego otra y otra... Digamos que se trata de un modo diferente de aprender: aprender pensando. No hay que memorizar, ni calcular, traducir, escribir, leer o dibujar. Solamente hay que pensar, jugar, razonar y dialogar.

Los catalanes tienen una palabra para eso: “Enraonar”. Que, si no me equivoco, quiere decir razonar conversando dos o más personas. O conversar razonando. Justo lo que hace Duthie, conversar con los niños y niñas, provocándoles con sus preguntas para que sean ellos y ellas quienes encuentren sus respuestas. Al fin y al cabo, eso es lo que hacía Sócrates (470-399 a.C.). Lo llamaba mayéutica, ¿lo recuerdas? Hablamos de ello hace tiempo, en 'Del tábano a la cicuta'. Estábamos en octubre de 2013, y sólo llevábamos cuatro entradas.

Por cierto, que nosotros dibujamos viñetas para la ocasión, mientras que Duthie suele apoyarse en cuentos o libros ilustrados.

Pienso que Duthie nada contra corriente. Nuestros gobernantes quieren sacar la filosofía de las aulas y ella se empeña en introducirla. ¿Te propongo unas “porquerías”?: ¿Por qué crees que los que mandan tienen tanto interés en impedir que los niños aprendan a hacerse preguntas? ¿Y por qué se empeñan en que sean los religiosos quienes adoctrinen a nuestros hijos? ¿Es porque es más fácil enfrentarse a una masa con pensamientos uniformes y predecibles que no a unos ciudadanos de entre los cuales pueda emerger una idea que lo revolucione todo? Venga, tú también puedes preguntar: más abajo están los comentarios.

Pero no nos alejemos del rumbo que nos marca Duthie. Ella, junto a Daniela Martagón, ilustradora mexicana, y Raquel Martínez Uña, editora de Wonder Ponder, se han embarcado en un nuevo proyecto: una ‘Filosofía visual para niños’. Cuentan que,
«Un día, Ellen Duthie quiso tratar la crueldad con los niños y ahí todo cambió. No terminaba de encontrar el libro ilustrado que tratara el tema como ella necesitaba. Su cabeza pedía determinadas escenas y le trasladó esa inquietud a su amiga la ilustradora Daniela Martagón. Ella, en muy poco tiempo, preparó las escenas que Ellen necesitaba. “Cuando las utilicé en clase, enseguida vi que el enganche de las imágenes con el tema era directa. Los niños empezaron rápidamente a construir cosas. Nunca me había pasado eso en sesiones anteriores. Las escenas que Daniela había dibujado eran inmediatas, lo que no pasaba con los álbumes ilustrados”». (Pizarro, Javier: «¡Atención! Aquí hay niños debatiendo sobre filosofía». En elasombrario.com, 16/08/2015)
El resultado es una caja con láminas: 'Mundo cruel'. Luego hicieron otra: 'Yo, persona'. Ambas son auténticas “cajas de Pandora”. Abrirlas supone una acción en apariencia pequeña o inofensiva, pero que puede acarrear consecuencias catastróficas. O al menos exijen que nos estrujemos las neuronas:
«¿Hay vidas que valen más que otras? ¿Tiene sentido castigar la crueldad con más crueldad? ¿Matar forma parte de la vida? ¿Es posible ser cruel sin proponérselo? ¿Hay veces en las que ser cruel puede resultar divertido? ¿Son a veces necesarios los castigos? ¿Cómo decidimos lo que es aceptable y lo que no es aceptable como castigo?…» (Barrios, Nuria: «¿Matar hormigas es cruel?». Babelia, El País. 16/12/2014)
¿Es cruel obligar a un perro o un gato a vivir en un apartamento? ¿Lo es encerrar a un pájaro en una jaula o a un pez en una pecera? ¿O torturar a un toro en la plaza? Decimos de las personas que tienen mascotas que son sus “dueños” o sus “amos”: ¿pueden ser dueñas unas personas de otras, unos animales de otros? ¿Son los padres dueños de sus hijos? ¿A quién pertenecen los niños?

Abre, mira, piensa. Y juega. No tengas miedo. Sólo son preguntas. Sólo estamos filosofando. A la de una, a la de dos, a la de tres.

martes, 8 de septiembre de 2015

Del revés y la Lógica ausente

Hay una metáfora que equipara nuestro funcionamiento cerebral al del puente de mando de un barco. Desde allí se gobierna la nave. El oficial de guardia se encarga de transmitir sus órdenes a los diferentes puntos del buque de la misma manera que desde nuestro “sistema central” algo (o alguien) transmite las suyas a cada punto de nuestro cuerpo. Tanto en un lugar como en el otro encontramos diversos controles de navegación, de dirección y demás equipos esenciales para la toma de decisiones.

En su última película, Inside Out (2015), los estudios de animación Pixar han colocado a las emociones al mando de nuestro sistema central. Éstas son cinco:
  1. Joy (Alegría);
  2. Sadness (Tristeza);
  3. Anger (Ira);
  4. Fear (Miedo);
  5. Disgust (Desagrado).
Por supuesto, se han tomado la licencia de darles aspecto antropomórfico. Quizá lo justifica el hecho de que todos, alguna vez, hemos sido jubilosos, iracundos, melancólicos, timoratos o asqueados. O jubilosas, iracundas, melancólicas, timoratas o asqueadas.

Hemos dicho que ellas están al mando pero, ¿tenemos algún control sobre nuestras emociones? ¿Es por eso que inventamos el concepto de inteligencia emocional? Hasta hace sólo unas décadas, todo se medía en torno al cociente intelectual (CI). En 1983, Howard Gardner (1943) puso en duda que el CI sirviera para explicar plenamente nuestra capacidad cognitiva ya que dejaba de lado dos capacidades importantes:
  1. La capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas (o inteligencia interpersonal);
  2. La capacidad para comprenderse a uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios (o inteligencia intrapersonal).
Pero, ¿qué es una emoción? ¿Se trata de una célula, una proteína, una descarga eléctrica? ¿O una interpretación del mundo externo? Para la psicóloga María Jesús Sancho:
«Una emoción es algo que se mueve dentro de una persona y que la impulsa a comportarse de una manera o de otra». (Alemany, Luis: «'Del revés', explicado por un neurólogo y una psicóloga». El Mundo, 20/07/2015)
La película tiene como protagonista a Riley, una niña de Minnesota, y a sus emociones desde los once hasta que cumple los trece años.

Puede que te llamara la atención que de las cinco emociones antes citadas, dos de ellas sean masculinas: Miedo e Ira. Cuando la cámara se adentra en los sistemas centrales de los demás personajes siempre vemos cinco emociones, todas del mismo género. ¿Por qué no ocurre igual en el caso de Riley?

Según Santiago Gimeno, de Sensacine.com, hay tres teorías circulando por ahí que explican por qué Riley tiene emociones femeninas y masculinas:
  1. Porque es bisexual;
  2. Porque aún no ha desarrollado sus emociones. No olvidemos que Riley es todavía una niña; 
  3. Porque influyen las emociones de sus padres. En la mente del padre, Ira parece ser el jefe y Miedo el segundo de a bordo, mientras que en la de la madre, es Tristeza la que está al mando aparentemente secundada por Alegría. (Gimeno, Santiago: «'Del revés (Inside Out)': 3 teorías que explican por qué Riley tiene emociones masculinas y femeninas». En sensacine.com, 11/08/2015)
Interesante, ¿verdad? Pero entonces, ¿qué pasará con Riley y sus emociones ahora que llegan a la pubertad? ¿Se atreverá Pixar a emprender la continuación? ¿Lo permitirá la (hasta ahora) conservadora y sexista Disney?[1]

Me temo que no

El director Pete Docter (1968) responde:
«¡Eso sería una película de terror! No somos tan valientes». (Heredia, Sara: «'Del revés (Inside Out)': ¿Habrá secuela de la película de Pixar?». En sensacine.com, 20/07/2015)
Y es que todavía es complicado gestionar el tema de la sexualidad y más en películas dirigidas a un público presuntamente infantil.

La historia de Riley pasa por una crisis cuando la familia se traslada inesperadamente desde Minnesota a California. En esos momentos, Alegría y Tristeza desaparecen del puente de mando para adentrarse en los entresijos de la mente de la protagonista. El panel de control se va fundiendo cuando Miedo, Desagrado e Ira quedan al mando. Al parecer, Alegría y Tristeza gestionan mejor nuestros sentimientos.

Dice Docter que se plantearon la introducción de un terrible villano que tendría por nombre Depresión que acecharía a las emociones. Finalmente la desecharon pero, aún así, Riley pasa por momentos que cualquiera calificaría como depresivos.

¿Y por qué no introdujeron una sexta emoción: la Lógica? También la rechazaron –dicen– porque les complicaba las cosas:
«Su presencia [la de la Lógica] podía tener implicaciones no deseadas ni previstas». (Heredia, Sara: «'Del revés (Inside Out)': Una de las primeras versiones incluía un temible villano». En sensacine.com, 15/07/2015)
Ya sabes, si no quieres complicarte la vida, mejor olvídate de recurrir a la lógica.

Un detalle que no se le pasó por alto a Docter es el de mostrarnos que los animales también tienen emociones, las mismas “cinco” emociones. Si bien, ocurre con un perro y con un gato, que son animales a los que fácilmente asignamos un comportamiento pseudohumano. ¿Las tienen también otros animales? ¿Un caballo, un cerdo, una gallina, un atún? Ya sabes por dónde voy. Seguro que recuerdas lo que escribimos en 'Una vegana a bordo del Aletheia'. Los animales se alegran, entristecen, enfurecen, acobardan o asquean como nosotros, los humanos. Y, por supuesto, sufren cuando se les maltrata.

A lo largo de los años, varias “islas de la personalidad” se han formado en la mente profunda de Riley, que son las dedicadas a las Bobadas, al Hockey, la Amistad y la Familia. ¿Te das cuenta? No aparece una isla para la religión. Y eso que Pete Docter se confiesa cristiano. Piensa que el tema de esta película tiene mucho que ver con el libre albedrío, un tema central durante siglos para la Iglesia.

Aún así, Paul Asay no se desanima en buscar la presencia de Dios en Inside Out.
Para este autor de Colorado Springs, el mundo protestante ha convertido la sonrisa en un imperativo moral. La sonrisa es vista como la externalización objetiva de una vida bien ordenada, mientras que la tristeza viene a ser el síntoma de un fracaso moral. (Asay, Paul: «Looking Inside Inside Out». En patheos.com, 23/06/2015)

Sin embargo, la vida no consiste sólo en encontrar la felicidad. Aceptar los momentos tristes de nuestras vidas –según Ethan McCarthy– nos ayuda a allanar el camino para alcanzar una clase más profunda de alegría. De hecho, –insiste– los Evangelios no mencionan que Jesús riera, pero sí nos dicen que lloró. Y es por eso que se regocija de que Tristeza acabe como la heroína de la película. Al fin y al cabo el cristiano comienza su camino aceptando con tristeza que es un pecador. (McCarthy, Ethan: «'Inside Out' and Christian Sadness». En christianitytoday.com, 20/07/2015)

En fin, ver para creer.

Me queda una duda de la que no te he hablado hasta ahora: ¿Por qué en España la titulan 'Del revés' y no 'Dentro, afuera' (Inside Out)? Vale, porque no suena bien.

Tampoco entiendo que para el público latinoamericano hayan escogido titularla 'Intensa-Mente', aunque el juego de palabras resulte gracioso. Personalmente, prefiero la traducción literal por esa dicotomía entre lo que somos hacia afuera y lo que nos pasa por dentro.

Pero quizás estoy apelando a la Lógica, esa emoción que deliberadamente quedó ausente.

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[1] Según El Mundo, en 2006, Disney pagó 7.400 millones de dólares por hacerse con Pixar.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Inmersos en las conspiraciones

Hay gente que, como yo, ven conspiraciones por doquier. ¿Alguna vez te llamaron “conspiracionista”? ¿O fuíste tú quien llamaste “conspiranoico” a otro? Tales expresiones no existen realmente, pero se utilizan para hacer referencia a las teorías de la conspiración.

Empecemos por el principio: ¿sabemos lo que es una conspiración? Según la Real Academia de la Lengua, una conspiración es la unión de varias personas contra su superior o soberano, o bien contra un particular, con el fin de hacerle daño. Muchos estaríamos de acuerdo en que una conspiración política viene a ser un acuerdo secreto entre varias personas con el fin de deponer al poder establecido. ¿Quieres ejemplos?: el complot organizado por los militares para derrocar la II República española en 1936; o el que derrocó a Allende en Chile, en 1973. ¿O acaso crees que fueron actos espontáneos, no planificados, que ocurrieron porque Dios así lo quiso?

Dudas que el conspiracionismo sea una corriente de pensamiento. Dices, en cambio, que se trata de un peculiar esquema de pensamiento que interpreta que detrás de “la realidad”, siempre se puede encontrar una voluntad materializada en una o varias personas, o en los extraterrestres, que llevan a cabo determinadas acciones orientadas a alcanzar sus objetivos.

Describes a los conspiracionistas como fervientes creyentes de las diversas versiones que se oponen a las historias oficiales que conocemos a través de los medios de comunicación, tales como la muerte de Lady Di, el asesinato de John Kennedy, los atentados del 11 de septiembre o las posibles visitas de los extraterrestres a la Tierra.

¿Te das cuenta? Sueles meter a los extraterrestres por medio. ¿Sabes por qué? Porque de esa manera desprestigias la posición de quienes dudan de las versiones oficiales, con quienes no estás de acuerdo.

Por ese camino algunos destacaron una de las fotos tomadas durante los atentados de 2001 en Nueva York: hubo “conspiranoicos” que quisieron ver la cara del maligno dibujándose entre las volutas de humo y polvo. Resultó evidente que la imagen estaba retocada digitalmente, pero ¿cuál crees tú que era la intención del autor del retoque? ¿Una broma? ¿O una cortina de humo, valga la redundancia?

Creo que estamos de acuerdo en que la idea de una conspiración llena ese vacío que se produce cuando no encontramos respuestas coherentes a nuestra necesidad de dar una explicación racional a los hechos.

Pero llegados a este punto, prefieres pensar que los que barruntamos conspiraciones estamos delirando o padecemos algún tipo de enfermedad mental, ¿a que sí?

El doctor Patrick Leman, psicólogo de la Royal Holloway londinense, tiene una explicación alternativa:
«Mi investigación sugiere que la gente tiende a pensar que un acontecimiento significativo o de gran magnitud tiene que estar causado por algo similar en cuanto a su magnitud, significado o poder».
La historia de las teorías conspirativas es más corta de lo que suponemos –nos cuenta Peter Knight, de la Universidad de Manchester–; su origen hay que buscarlo a finales del siglo xviii, cuando algunos empezaron a vincular la Revolución Francesa con ciertas sociedades secretas como la Masonería o los Illuminati.

Para el autor de Conspiracy Culture. American Paranoia from the Kennedy Assassination to The X-Files (2000) el auge de las teorías de la conspiración tiene que ver con la pérdida de credibilidad en el poder establecido. Dice Knight:
«El auge de esta línea de pensamiento es directamente proporcional a la pérdida de confianza en sus autoridades». («Historia de las teorías conspirativas». BBC, 11/09/2007)
Lo dudo. Tú también dices haber perdido la confianza en quienes nos gobiernan pero, aún así, no compartes la sospecha de la posible existencia de fuerzas que conspiren bien sea para tomar el control del estado, de nuestras mentes o incluso de nuestros cuerpos. Crees, como sugieren los medios, que tales ideas emergen de los grupos antisistema o que son una especie de Agitprop[1]. Tiendes a olvidar que el poder también es vulnerable a tales teorías: durante el macarthismo[2] se sospechaba de casi todo el mundo por estar al servicio del comunismo. Se sospechaba, se acusaba y se castigaba.

No obstante, –según Knight– la cultura de la conspiración no se limita a los delirios paranoicos de unos cuantos chiflados de la extrema derecha. Hoy está mucho más extendida.

Tú mismo, que estás tan orgulloso de pertenecer a la única especie que ha sido capaz de abandonar el planeta e ir de visita por el espacio, te indignas ante quienes dudan que eso sea tan cierto. Y puedes llegar a suscribir expresiones como ésta:
«Como sucede con todas las especies, entre los humanos existen especímenes con menos sentido común, menos inteligencia y menos escrúpulos; y en el tema que nos compete, esos especímenes son denominados “conspiranoicos”, creadores de las más ridículas teorías conspirativas sobre la llegada del hombre a la Luna». («El hombre llega a la luna». Taringa)
Te indigna que se afirmen cosas en ausencia de pruebas, y, probablemente, en este tema tienes razón. Reconoce, no obstante, que tiendes a creerte, sin cuestionar, cualquier información de las que te llegan a través de la televisión u otros medios de comunicación masiva. ¿De dónde salen esas informaciones? Tú bien lo sabes: de los servicios de inteligencia, las más de las veces. Pero no, ellos no van a engañarte, no: ¿por qué iban a hacerlo?

Los conspiranoicos –me dices– pensamos que todos los sitios de comunicación mienten, desinforman, manipulan. Salvo esos sitios que abundan por la Internet haciendo acopio de todo tipo de conspiraciones. Esos –ironizas–, «siempre dicen la verdad».

No, no siempre dicen la verdad. Algunos mienten, inventan o juegan. Otros sirven, eso sí, como cortinas de humo pues nos desvían del tema para que no veamos lo importante. Y lo importante no reside en las respuestas que puedan darnos, sino las preguntas que nos hacen.


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[1] El Agitprop o propaganda de agitación es una estrategia política, generalmente de tendencia comunista, difundida a través del arte o la literatura para influir sobre la opinión pública y de este modo obtener réditos políticos.
[2] El macarthismo se desarrolló en los Estados Unidos entre los años 1950 y 1956. Durante ese periodo, el senador Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un proceso de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas.