jueves, 3 de octubre de 2013

Café con Kant

Imaginemos que el puerto que dejamos atrás es el de Königsberg. Y allí está el profesor Kant, tomando su café. Dicen de él que no variaba sus rutinas y que una de ellas consistía, precisamente, en acercarse a los muelles y conversar con los marineros.
«Si Immanuel Kant venía a tomarse el café al puerto era porque esta bebida, que le sentaba mal, le estaba prohibida en su casa. Por otro lado, se sentía cercano al navegante que preparaba su travesía: en busca de la isla de la inteligencia pura, país de la verdad.
Rodeándola por completo, océanos vastos y tormentosos, como las apariencias de este mundo, sólo ofrecen espesas brumas, frágiles bancos de hielo, ilusiones de nuevas tierras. Esos mares seducen con vanas esperanzas al filósofo marinero que sueña con descubrimientos, aventuras de las que no puede apartarse, pero que permanencen inacabadas. ¿Acaso no era mejor permanecer en tierra firme, conformarse con ella y defenderla contra las pretensiones enemigas... y de paso visitar a Maria Charlotta por la tarde?». (MONGIN, Jean Paul; Moreau, Laurent: 'Un día loco en la vida del profesor Kant'. Errata Naturae. Madrid, 2012
En efecto, Immanuel Kant (1724-1804) nunca salió de su ciudad natal y aún así pasa por ser uno de los filósofos más importantes de la historia de la humanidad.

Me dirás que por qué te hablo de Kant cuando acababa de situar el origen de la epistemología en la Grecia Clásica. Tienes razón, es una buena observación. Pero es que he decidido que la narración no dedería ser lineal. Eso está bien para los manuales, las enciclopedias y los libros de texto, pero cuando conversamos no introducimos los temas en un riguroso orden cronológico. Aparecen según se nos van ocurriendo. Es luego que los relacionamos con lo que ocurrió antes y lo que vendrá después.

Kant marca un antes y un después. Marcó lo que se ha venido a llamar un giro copernicano en la teoría del conocimiento, del que hablaremos más adelante.

Y es por eso que me he decidido a empezar por él, antes que por cualquier otro.
Lo que no significa que sea mi filósofo favorito, a pesar de todo.

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