lunes, 7 de octubre de 2013

Del tábano a la cicuta

Fue Sócrates (470-399 aC) el autor del célebre aforismo «sólo sé que no sé nada».

A este filósofo de la antigua Grecia sus conciudadanos le apodaron "el tábano de Atenas" pues no paraba de incordiarles con preguntas y más preguntas. Hay quienes dudan de la ironía socrática en el sentido de que tuviera poco que ver con su humildad y fuera más bien un rasgo de su arrogancia que dejaba en evidencia la incongruencia de sus contertulios.

A esto de preguntar y preguntar escudándose en una pretendida ignorancia se lo conoce como la mayeútica. Este método inductivo le permitía a Sócrates llevar a sus alumnos a que resolvieran los problemas a través de sus propias conclusiones y no a través del conocimiento aprendido. La mayéutica supone la idea de que la verdad está oculta en el interior de uno mismo. ¿Recuerdas el significado de aletheia? La verdad es algo que se nos desvela, es decir, que podemos ver sólo cuando retiramos el velo que nos la oculta.

Tan convencido estaba Sócrates de la bondad de su método que no escribió ninguna obra porque creía que cada uno debía desarrollar sus propias ideas. Desconfiaba de la palabra escrita pero paradójicamente conocemos de sus pensamientos a trvés de sus discípulos.

Si de entre todos los filósofos griegos he elegido empezar a hablarte de Sócrates, es porque fue el protagonista de uno de los episodios más trágicos de la historia de la filosofía,... y de la democracia.

A los 70 años de edad, nuestro filósofo fue juzgado y declarado culpable de no reconocer a los dioses y corromper a la juventud. La condena era la pena de muerte. Pudo eludirla, según Platón, si partía hacia el destierro. Pero Sócrates eligió acatarla y tomó la cicuta que era el método elegido por el tribunal que le juzgó.

La muerte de Sócrates fue una decisión democrática, lo que marcó la desconfianza de Platón hacia dicho sistema. Pero eso ya es otra historia.

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