miércoles, 30 de octubre de 2013

Democratizar el saber


He aquí la cuestión. Una cuestión que viene de antiguo. ¿Deberíamos poner el conocimiento al alcance de cualquiera? Es más, ¿deberíamos procurar que todo el mundo supiera? ¿Que todos (y todas) fueran ilustrados?

¿Tú que piensas?

Como buen filósofo (o filósofa) que eres, es más que probable que dirías que sí. Pero ni siquiera los filósofos han estado siempre de acuerdo. Los pitagóricos, por ejemplo, guardaban en secreto aquello que descubrían, como los poliedros regulares. Por revelar un secreto, concretamente el de la construcción del dodecaedro, Hipaso de Metaponto fue ahogado durante una travesía (o bien naufragó), castigado por los dioses.

Pasar de navegante a náufrago podría depender de la decisión de revelar o no un secreto. De poner en conocimiento de muchos lo que antes quedaba restringido a unos pocos. En definitiva, de democratizar el saber.

Podemos considerar como paradigmáticos los casos de Snowden o Manning. Cambian los temas y la tecnología, pero el problema sigue siendo el mismo. Los dioses nos castigan por compartir el conocimiento y nos premian cuando lo privatizamos, lo restringimos o lo ocultamos.

En el mundo presocrático, los recién llegados a la Hermandad Pitagórica quedaban separados del grupo de los iniciados por una cortina que llamaban teros. De ahí procede el esoterismo, que significa “desde dentro, interior, íntimo”. Un conocimiento esotérico es el conjunto de doctrinas, enseñanzas, prácticas, ritos, técnicas, símbolos, mitos o tradiciones de una corriente religiosa que son secretos, o de difícil acceso o comprensión, para los no iniciados.

Por contra, el conocimiento exotérico, que significa “fuera, exterior”, es de fácil acceso para el público profano y se trasmite de forma libre. Los 'Diálogos' de Platón se consideran exotéricos, mientras que sus enseñanzas a sus discípulos más cercanos serían de carácter esotérico.

¿Por qué se tomaban tantas molestias en ocultar el conocimiento siendo que ellos mismos predicaban que teníamos que liberarnos de la ignorancia? ¿No hay aquí una contradicción?

La explicación es que «conocimiento es poder», según el aforismo acuñado por Francis Bacon (1561-1626) dos mil años después, pero que era bien conocido desde siempre.

Y es que Platón estableció un dogma: sostuvo que era posible llegar a un saber definitivo, seguro, absoluto. Inventó la Verdad en la filosofía, dice Denise Najmanovich. La filósofa argentina señala a continuación que Francois Châtelet (1925-1985) ha recalcado que el recurso a la “verdad” es un modo de garantizar el sometimiento de los interlocutores. La conclusión de Najmanovich es que Platón y sus seguidores aplastaron el misterio de las preguntas con el peso de las respuestas.

Los sofistas fueron bastantes más humildes, según nuestra autora. No eran aristócratas y su labor como maestros debía ser recompensada económicamente. No pensaban que la verdad pudiera tener dueño. Su saber estaba al alcance de todos quienes quisieran cultivarlo (y pudieran pagarlo).

De un modo u otro, el conocimiento siempre acaba restringiéndose. Los sofistas decían ponerlo al alcance de todos, pero en realidad lo sometían al poder del dinero. No te sorprenderá que los ministros más conservadores pongan la educación al alcance sólo de las clases altas, subiendo el precio de las matrículas o elevando los requisitos para acceder a una beca. Ni te sorprenderá tampoco que además rebajen los contenidos de humanidades privilegiando sólo el saber de técnicas u oficios que no planteen dudas al sistema.

Y es que ya los atenienses de la época de Sócrates desconfiaban de los filósofos.

Con la red de redes, con Internet, podríamos pensar que la democratización del saber la tenemos al alcance de nuestros dedos, en nuestros teclados. Según unos, vivimos en la era de la información. Según otros, estamos en la era de la ignorancia.

La abundancia de información no aumenta nuestro conocimiento. Más bien lo anula. Nos distrae. Hoy ya no se nos tira por la borda como hicieron con Hipaso. No hace falta la censura. Hoy nos abren una vía de agua en el casco por donde nos inundan con propaganda, entretenimiento, pseudociencias, creencias y demás telebasura. Así, mientras nos ocupamos en achicar el agua ya no podemos dedicarnos a pensar. Ya no teorizamos. Ya no contemplamos la realidad ni la analizamos. Dejamos de ser peligrosos.

Por eso, es tan importante que desde pequeños se nos eduque en libertad y no se nos adoctrinen. Por eso hay tanto interés por parte de los poderosos en que sena los religiosos, y no los filósofos, quienes realicen esa misión. Para inundarnos con sus certezas antes incluso de que nos planteemos nuestras preguntas.

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