lunes, 14 de octubre de 2013

Siempre es bueno tener un mapa a mano

Desde que zarpamos a bordo del Aletheia hemos ido mencionando diversos lugares donde los filósofos de la Antigüedad vivieron, pensaron y murieron: Mileto, Atenas, Éfeso, Elea, Siracusa,... y aún mencionaremos otros, como Estagira, Roma, Alejandría,...¿Pero dónde están esos lugares?

Cuando navegamos, aunque sea por los mares del conocimiento y de la historia de la filosofía, siempre es bueno tener un mapa a mano: el mapa de la Antigüedad, en este caso.

Cuando estés frente a él, observa que hay una larga distancia entre Éfeso y Elea, por poner un ejemplo. Así que aunque dijimos que Heráclito y Parménides vivieron en la misma época, no debemos inferir que se reunían para tomar el té y discutir sus teorías, tal como podrían hacerlo hoy en día en el caso de que ambos así lo desearan. No, pensaron por separado, separados por más de 1.000 km. Y llegaron a conclusiones muy distintas sobre lo que cambia y lo que permanece, sobre lo efímero y lo eterno, sobre lo uno y lo múltiple.

El espacio y el tiempo son dos cuestiones que siempre han preocupado a los pensadores.

Pero llegados a este punto me gustaría que reflexionemos juntos sobre un aspecto que a veces pasamos por alto.

En la Antigüedad, los seres humanos no conocían la extensión real del mundo ni su forma. Aún no podían. Estaban inventando la Geografía (y la Astronomía), es cierto, pero quedaban limitados al Mediterráneo y poco más. Y ésto era así por razones obvias, tales como la dificultad para desplazarse a través de montañas, bosques, mares o desiertos. Apenas contaban con sus pies para hacer camino. Podían utilizar carros con tracción animal pero tampoco eso les llevaba muy lejos. Algunos, muchos, seres humanos jamás abandonarían la tierra que les vio nacer.

Me dirás que podían navegar. Pues sí, y por eso se movieron más rápido por mar que por tierra colonizando toda la costa mediterránea. Pero es preciso observar que lo hacían sin brújula, con lo que era muy arriesgado alejarse mar adentro.

Pensemos lo que el descubrimiento del continente americano supuso para las ideas del mundo occidental que nunca antes pensó que pudiera existir un mundo del que la Biblia no hacía mención. Para conocer del nuevo mundo los humanos tuvimos que esperar hasta el año 1492. Son casi mil quinientos años desde el nacimiento de Cristo. A los que hay que sumarle quinientos más si queremos situarnos en la época de Heráclito y Parménides.

En cuanto al espacio, confío que el mapa del mundo clásico ayudará a que puedas orientarte mejor y situar a cada filósofo en su lugar correspondiente.

Por lo que se refiere al tiempo, ya habrás observado que detrás de cada nombre propio suelo poner, entre paréntesis, dos fechas: la de su nacimiento y la de su muerte. Cuando añado a.C. significa que se trata de una fecha anterior a Cristo, del mismo modo que no poner nada, o poner d.C. significará lo contrario. Recuerda que en la cultura occidental datamos así debido al papel preponderante que alcanzó el cristianismo en el orden político y social a partir de que Constantino (272-337) la declarase religión oficial del Imperio Romano.

No obstante, siempre es complicado recordar las fechas y relacionarlas, y más si contamos hacia atrás como ocurre con la mayoría de los clásicos. Estoy trabajando en una línea de tiempos, un timeline, para que sea más comprensible. En breve espero tenerlo.

Mientras tanto nuestro Aletheia sigue dibujando estelas en la mar.


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