sábado, 12 de octubre de 2013

El que no puede ser nombrado


Fondeamos ahora en Elea, en la Magna Grecia, una colonia situada al sur de la península itálica.

Aquí nació Parménides que fue contemporáneo de Heráclito de Éfeso, (535-484 a.C.)

El pensamiento de Parménides de Elea (515-445 a.C.) se funda en las exigencias de la lógica. Tenía claras influencias de Pitágoras de Samos (570-495 a.C.) Para el de Elea, las imposibilidades lógicas son al mismo tiempo imposibilidades ontológicas.

Aclaro que la ontología es el conocimiento del ser. Es la parte de la metafísica que trata del ser en cuanto ser. Es decir, de la realidad independientemente de nosotros mismos.

En palabras de Parménides:
«Yo puedo decir “el ser es”, pero no “el no-ser es”. ¿Por qué? Porque sería una contradicción, sería contradecirme». (Hersch, 2010; 16)
Es más, esta frase te gustará, sobre todo si eres lector o lectora de las novelas de J.K. Rowling:
«El no-ser no debe ser nombrado».
Algo que existe no puede no existir simultáneamente, pues sería una contradicción lógica. Y en un estado en el que nada existe es imposible. Entonces, algo no puede proceder de la nada y debe haber existido siempre en alguna forma. Y ese algo, además, no puede cambiar, porque lo que es permanente no se puede transformar en otra cosa sin dejar de ser permanente. Por lo que el cambio esencial resulta imposible.

Para Parménides todo lo real debe ser eterno e inmutable y debe tener una unidad indivisible:
«Todo es uno».
Como ves, sus conclusiones son opuestas al pensamiento de Heráclito, para quien todo en el universo está en un estado de transformación constante.

Según Parménides existen dos formas de conocimiento:
  1. Por un lado está la ciencia, como conocimiento verdadero del ser en su inmutable identidad;
  2. Por otro, el conocimiento del mundo exterior en el que vivimos y al que llama doxa, que significa opinión. Este concepto lo encontramos en palabras tales como heterodoxo, ortodoxo,...
La doxa no alcanza la verdad pero, como dice Hersch, puede resultar muy útil:
«La opinión [o doxa] es un modo de acercarse a la verdad que, en general, basta para que los hombres puedan vivir la práctica cotidiana, para que se comuniquen entre ellos u organicen el estado». (Hersch, 2010; 17)
De hecho, ¿te imaginas lo incómodo e ineficiente que sería posponer nuestras decisiones hasta que nuestro conocimiento fuera comprobado?

Para Parménides, la verdad lógica prevalece sobre el conocimiento empírico, la racionalidad sobre la experiencia. Será importante recordar que el eleático demostró que nuestra percepción del mundo es errónea y abunda en contradicciones. Percibimos el cambio, pero la razón nos dice que éste es imposible.

Ya sabes que a los filósofos les encantan las metáforas. Parménides encontró la suya en la esfera: es ahí donde encontramos el ser perfecto que se basta a sí mismo. Porque toda su superficie equidista del centro. Porque la distancia al centro desde cualquier punto de su superficie no puede ser mayor ni menor por lo que cada "ente" permanece idéntico a sí mismo y dentro de sus límites. Porque la esfera es aquella figura que contiene a todas las otras, la más perfecta y semejante a sí misma.

Esa perfección le lleva a afirmar que el ser es algo profundamente divino, pero sin personificación. La idea de un dios personal o de un dios creador les era totalmente ajena a los filósofos de Elea. Ideas similares a éstas las encontraremos más adelante en otros filósofos, como en Spinoza, en el siglo xvii.

Al parecer, en lo único que Parménides coincidía con su colega Heráclito era en que ambos eran monistas. El monismo ya lo vimos cuando hablamos de Tales: es la idea de que todo en el universo puede reducirse a una única substancia.

Si al de Éfeso le llamaban "el oscuro", ¿dirías que el de Elea te lo ha dejado todo más claro? ¿O tampoco?

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