domingo, 20 de octubre de 2013

Filósofos y perroflautas

Además de la epicúrea y la estoica, otra escuela que se inspiró en la cotidianidad filosófica de Sócrates fue la de los cínicos. Cínico es los mismo que decir perruno. Les llamaban así porque su estilo de vida se asemejaba al de estos animales.

El “filósofo perro” más conocido acabaría siendo Diógenes de Sínope (412-323 a.C.) aunque fue antes, en el Cinosargo, donde Antístenes de Atenas (444-365 a.C.) inició esta escuela. El Cinosargo era como un santuario o un gimnasio cuyo nombre significaba “perro ágil” y se piensa que ese es otro posible origen para que los denominaran cínicos.

Los cínicos criticaban los placeres materiales, las buenas maneras y la hipocresía de la sociedad. Eran, según Michel Onfray, antiplatónicos, lúdicos y subversivos. (Onfray, 2007; 131)

De Antístenes poco sabemos, salvo que era de inspiración eleática y que su dialéctica era despreciada tanto por Platón como por Aristóteles. Pese a ser nacido en Atenas, le consideraban un extranjero por ser sus padres oriundos de la Tracia. Aún así, quédate con esta frase suya, pues ya está anticipando el debate entre nominalistas y realistas que más tarde dará origen a la disputa de los universales:
«Quien conoce el nombre, conoce la cosa».
De su discípulo Diógenes, en cambio, sabemos bastante de sus andanzas y algo de sus ideas. Al igual que su maestro, vivió como un extranjero en Atenas, a donde llegó tras el exilio de su tierra natal. Vivía como un vagabundo, una especie de “perroflauta”, te dirás. Pero no te dejes engañar por las apariencias, pues los problemas filosóficos que Diógenes nos plantea son de gran importancia. Y lo son porque su punto de vista es uno de los más radicales.

Es célebre la imagen que tenemos de él caminando entre la multitud por las calles de Atenas o las de Corinto portando una linterna encendida a plena luz del día y clamando: «busco hombres». Te estarás preguntando dónde radica la dificultad de encontrarlos siendo que estaba rodeado por ellos. Cuando le preguntaban, el filósofo perro aclaraba que lo que buscaba era hombres “honestos”. Era todo un provocador este Diógenes.

Cuentan que otro día le encontraron masturbándose en el ágora. Cuando le recriminaron su conducta él les sorprendió con esta respuesta.: «¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!».

Ante estas ocurrencias, Platón llegó a tildarlo de “sócrates delirante”. Especialmente mal debió de sentarle al ateniense verse ridiculizado por el cínico por la respuesta que éste dio a su ocurrente definición del hombre. Platón había dicho que «el hombre es un bípedo sin plumas» y, al parecer, todo el mundo la asumió por buena. Pero a continuación, Diógenes desplumó un pollo y lo lanzó frente a él en la Academia al tiempo que decía: «He aquí un hombre». Consecuentemente, a la definición platónica se le añadió que las uñas tenían que ser planas.

Nuestro cínico polemizó también con Zenón de Elea, el creador de aporías. ¿Recuerdas 'Las flechas de Zenón'? Pues cuando el de Elea llegó a Atenas y comenzó su explicación de que movimiento no existe, Diógenes se levantó y empezó a caminar de un lado a otro.

Aún hay más anécdotas, y te invito a que seas tú quién me las cuente utilizando los comentarios. 

Observa que Diógenes, al contrario que otros filósofos, no teorizaba. Lo que hacía, más bien, era vivir como pensaba, sin incurrir en contradicción. Sin necesitar justificar privilegio alguno. Se preocupó menos de crear una escuela y más de llevar una vida recta con su desprecio a los usos y costumbres de la sociedad.

Te dirán que era un vago. Que no servía para nada.

Él no hubiera estado de acuerdo. Cuando fueron a venderlo como esclavo fue preguntado por lo qué sabía hacer. Diógenes dijo: «Mandar. Comprueba si alguien necesita un amo». Lo compró Xeniades de Corinto, quien le devolvió la libertad y le propuso ser el tutor de sus dos hijos. 

Para el día que le llegara la muerte, Diógenes dejó dicho:
«Echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado».


No hay comentarios:

Publicar un comentario