jueves, 17 de octubre de 2013

Hasta lo indivisible

Hemos visto que la filosofía empieza con una pregunta, la que se hizo Tales en Mileto, ¿la recuerdas?: ¿Cuál es la sustancia que persiste a través del cambio?

Sus colegas de la escuela jónica lanzaron varias recetas, digo respuestas: el agua, el fuego, el aire, e incluso el infinito.

Desde Éfeso, el oscuro Heráclito dijo que la respuesta sería "el propio cambio", pues "todo fluye". Y al mismo tiempo, desde la lejana Elea, Parménides estaría diciendo justo lo contrario: que "todo lo real debe ser eterno e inmutable y debe tener una unidad indivisible".

Algo más tarde, Leucipo de Mileto (s. v a.C.) y Demócrito de Abdera (460-370 a.C.) proporcionaron una respuesta bastante distinta: que el universo estaba constituido por combinaciones de pequeñas partículas indivisibles, a las cuales llamaban átomos. En griego, átomo significa que no se puede dividir.

Se trataba de una concepción mecanicista y materialista que explicaba todos los fenómenos naturales en términos de números, forma y tamaño de los átomos.

El éxito del atomismo consistió en que, de algún modo, daba la razón tanto a jónicos como a eleáticos. Había movimiento en el universo, el de los átomos que se movían en el vacío y había cambio, como resultado de las combinaciones que éstos formaban entre sí. Pero también los átomos eran únicos e indivisibles. Y permanecían, no cambiaban.

A los atomistas se les opuso Aristóteles (384–322 a.C.) que no podía estar de acuerdo con un sistema de átomos moviéndose en el vacío donde no se daba la continuidad que él defendía.

Y luego en la Edad Media, esa oposición sería radicalmente continuada por los escolásticos, por ser ellos mismos aristotélicos y también por ser una teoría mecanicista que haría a Dios innecesario para explicar el cosmos.

Hoy podemos decir que lo que tan sólo eran hipótesis en el siglo v antes de Cristo, se confirmaron por la vía de la experimentación a comienzos del siglo xviii, que fue cuando el científico inglés John Dalton (1766-1844) elaboró su teoría atómica.

Pero antes de dar estos saltos en el tiempo que tanto me gustan, hablaremos de los epicúreos, pues también ellos abrazaron las tesis atomistas y llegaron a conclusiones aún más atractivas. Eso sí, lo haremos en una próxima entrada.

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