sábado, 19 de octubre de 2013

La ataraxia de los epicúreos

Ante el dolor y ante la muerte, ¿qué actitud debemos adoptar? Algunos filósofos, como los Epicúreos, desarrollaron una teoría de orden moral, una especie de manual para ayudarnos a los humanos a navegar por la vida. El fin de la filosofía, para Epicuro de Samos (341-270 a.C.) y sus discípulos, era encontrar la felicidad.

¿Qué es la felicidad, en qué consiste?

Ah, me encanta hacer esta pregunta, y que me la hagan. E incluso yo me la hago a mí mismo de vez en cuando.

Estoy bastante de acuerdo con el sentido que ellos, los epicúreos, daban a la felicidad: se trataría de alcanzar una serenidad interior de paz, de calma. Lo llamaban ataraxia.

La ataraxia supone lograr una total independencia de nuestro mundo interior frente a las amenazas que nos vienen de fuera: «Todo lo que es exterior, y a lo que tenemos la tentación de someternos, puede sernos arrebatado». (Hersch, 2010; 68)

Lo que se opone a nuestra felicidad es el miedo. De hecho, los epicúreos identificaron dos temores esenciales:
  • El temor a los dioses;
  • El temor a la muerte.
¿Recuerdas lo que dijimos sobre su teoría del universo formado por átomos? Pues a raíz de ésta, los epicúreos establecieron un doble principio:
«Nada surge de la nada y nada se pierde en la nada».
El universo, para ellos, es una totalidad infinita y eterna. Luego nada puede perecer. 

Como vimos, sostienen una concepción mecanicista del mundo: todo deriva del movimiento de la caída de los átomos y de los choques que se producen entre ellos. No hay ninguna intención ni finalidad, sino puro azar.

En un mundo regido por el azar, ya no hay razón para temer a los dioses. Las cosas no ocurren en función de los caprichos de éstos, ni tampoco de sus buenas intenciones. O, según lo explica Jeanne Hersch,:
«No tenemos nada que temer de ellos [de los dioses], pero tampoco nada que esperar». (Hersch, 2010; 71)
Dicho de otra manera, «no existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace parecer así». La frase la pronunció el dramaturgo William Shakespeare (1564-1616), dos mil años después.

Tampoco la muerte puede parecerte ya tan temible desde el momento en que llegas a pensar como los epicúreos:
«La muerte es la dispersión radical de los átomos de los que estamos constituidos», decían.
Podemos pensar que la muerte nunca nos alcanza pues mientras estamos vivos ella no está con nosotros, y cuando aparece nosotros ya nos hemos ido.

La visión epicúrea de la historia de la humanidad es la del progreso. Es por lo tanto contraria al pensamiento antiguo que tenía tendencia a situar una edad de oro perdida en un remoto pasado. Según esta idea, a la humanidad sólo le cabría empeorar. Dos visiones opuestas: el mito del progreso y el de la edad de oro.

Desde hace tiempo, al pensamiento epicúreo se lo viene equiparando con el hedonismo y con el libertinaje , ¿pero son lo mismo?

Ellos nos invitan a la búsqueda del placer, pero como dijimos al principio de estas líneas, la ataraxia consistía en que aprendiéramos a dominar deseos y placeres y a seguir siendo dueños de nuestras elecciones. No se trata de abandonarnos a los placeres y a la indiferencia. La ataraxia no consiste en una huida del aburrimiento o del esfuerzo.

Es evidente que la independencia interior unida a la falta de temor a los dioses y a la muerte perturban a quienes ven la sociedad como un sistema jerarquizado donde la gran mayoría debe obedecer a una pequeña élite privilegiada, que dice ocupar el poder por estar legitimada por derecho divino.

Posiblemente, hoy quedan pocos epicúreos mientras que abundan los hedonistas.

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