miércoles, 9 de octubre de 2013

La pregunta de Tales


Los vientos nos han sido favorables y pronto arribamos frente a la península de Anatolia, un país que actualmente conocemos como Turquía. En aquella época estas costas estaban habitadas por polis griegas.

En esa zona del Mediterráneo, entre el 2500 y el 900 a.C. existieron la civilización minoica en Creta y posteriormente la micénica en Grecia. Tanto en la una como en la otra, los fenómenos físicos eran explicados, a través de la religión, como el resultado del capricho de los dioses.

En el 700 a.C., apareció la Teogonía, donde el poeta griego Hesíodo describía cómo los dioses habían creado el mundo.

Aquí se inició un cambio cuando sus habitantes oyeron pronunciar por primera vez que «todo es agua». Fue Tales de Mileto (624-546 a.C.) quien lo dijo aunque, antes que él, la cosmogonía babilónica ya describía el estado primitivo del mundo como una masa acuosa. Escrito en escritura cuneiforme, más o menos hacia 1100 a.C., es decir, unos cinco siglos antes, el Enûma Elish comenzaba así:
«Cuando en lo alto del cielo no
había sido nombrado,
no había sido llamada con
un nombre abajo la tierra
firme».
Pero fue a partir de la observación, y no de la tradición, como Tales dedujo que las cosechas eran consecuencia de las condiciones determinadas por el clima y no de la intervención divina. De hecho, dicen que se hizo rico al poder predecir cuándo se produciría una buena cosecha lo que le permitió anticiparse a comprar los molinos y alquilarlos luego para beneficiarse del aumento del la demanda.

El caso es que Tales inaugura una forma nueva de pensamiento que busca explicaciones naturales y racionales a los cambios que observaba que ocurren constantemente a todas las cosas.

La pregunta que se hicieron los pensadores de Mileto fue: «¿Cuál es el elemento básico del cosmos?». Pregunta que la filósofa Jeanne Hersch cree que demos plantear de otro modo:
«¿Cuál es la substancia que persiste a través del cambio?». 
La idea de Tales era que todo en el universo puede reducirse a una única substancia. A esta forma de pensar la denominamos monismo.

Dicha substancia única o materia primordial tendría que cumplir con los siguientes requisitos:
  1. Ser algo a partir de lo que pueda formarse todo;
  2. Ser esencial para la vida;
  3. Tener capacidad de movimiento;
  4. Y ser algo que se transforma.
La conclusión de Tales fue que toda materia, independientemente de sus propiedades evidentes, tenía que ser agua en algún estado de transformación. Pero otro decía que era el aire. Un tercero que era el fuego. Y un cuarto que el infinito. No se ponían de acuerdo.

Bien, tal vez te parezcan ingenuos nuestros filósofos de Mileto, pero debemos tratar de ponernos en su época y pensar como ellos lo harían.

Como dice Jeanne Hersch, lo que importa es el problema planteado, mucho más que su solución.


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