miércoles, 16 de octubre de 2013

Las flechas de Zenón


Discípulo directo de Parménides fue Zenón de Elea (490-430 a.C.) que no elaboró una teoría original pero sí un amplio arsenal conceptual con el que defendió las tesis de su maestro.

Fue un especialista en elaborar paradojas irresolubles o aporías, especialmente aquellas que niegan la existencia del movimiento o la pluralidad del ser. En línea con su maestro, Zenón intentaba probar que el ser tiene que ser único y eterno. En consecuencia, el espacio no puede estar formado por elementos discontinuos sino que el cosmos es una unidad única.

Sus aporías están diseñadas contra la pluralidad, la validez del espacio, la realidad del movimiento y del trascurrir del tiempo.

Está considerado como el primero en utilizar la demostración llamada ad absurdum (reducción al absurdo).

La paradoja del arquero, o de la flecha, es una de sus aporías más conocidas. Cuando la flecha sale del arco, ocupa en cada momento una posición específica. Si analizamos uno de esos momentos comprobamos que a la flecha no le queda espacio para moverse y podemos afirmar que durante ese mínimo instante ésta se halla en reposo. Por ese mismo motivo, en los otros periodos de tiempo la flecha también está en reposo. Y si la flecha siempre está en reposo concluimos que no se mueve, es decir que el movimiento no existe.

Las ideas de Zenón resultan aún más chocantes si consideramos que mucho más tarde, veinticinco siglos después, el filósofo parisino Henri Bergson (1859-1941), premio Nobel de Literatura en 1927, observó que «siempre pensamos el movimiento con la ayuda de inmovilidades». (Hersch, 2010; 21) 

Para entonces, la fotografía y el cine ya estaban inventados. También los cómics.
Y es que tal vez no haya pasado tanto tiempo desde que Zenón lanzó su flecha. Tal vez ésta siga ahí, inmóvil en su viñeta o fotograma correspondiente. Pues, en la historia de la humanidad ¿qué son veinticinco siglos?

Apenas un instante.

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