lunes, 11 de noviembre de 2013

A vueltas con el primer motor


En la entrada anterior, que titulé 'La gran cadena del ser', introduje el concepto aristotélico de primum mobile o primer motor.

Aristóteles observaba que todo movimiento ha de tener una causa, un motor, y éste a su vez es movido por otro y así sucesivamente. Siguiendo esa cadena de móviles nos encontraríamos, según él, con un primer motor, o una causa primera, que no estaría movido por ningún otro. En la lógica aristotélica, es una necesidad que algo o alguien tiene que iniciar el movimiento.

En la Edad Media, santo Tomás de Aquino continuaría la idea aristótelica para acabar identificando el primum mobile de la razón con la fe en la existencia del Creador:
«Es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios».
De Aquino ya hablamos en 'Un paseo desde la peripatética hasta laescolástica'. Para hacer más visual la idea del primum mobile, dibujé a una niña que utilizaba la thermomix de su madre para representar el primer motor de su particular gran cadena del ser.

Las preguntas que Diógenes le haría, si es que pasara por allí, se resumirían más o menos de esta manera:
«Y ¿quién hizo la thermomix, o quién la inventó? ¿No hizo falta otro motor que la pusiera allí, en lo alto de la cadena? Y si admitiéramos que ese hubiera sido siempre su sitio, su topos, ¿cómo es que la thermomix se puso en marcha a sí misma, sin ayuda de nadie?».
Vaya fastidio con este Diógenes, siempre incordiando.

Eso pensaría Platón, sin duda. Los cínicos eran ¿filósofos o perroflautas?

El filósofo de las Ideas estaba convencido de la existencia de un demiurgo, un dios o semidiós que impulsa el universo. Con el tiempo, esta idea se transformaría en la metáfora del maestro supremo artesano, el Hacedor o el Creador. A comienzos de la Edad Moderna, se concretaría en la figura de un gran relojero. Podemos comprobar en qué medida la profesión de moda de cada época ocupa nuestras mentes cuando observamos que un diseñador ocupa ahora el sitio del viejo relojero. Es la postura que promueven los del diseño inteligente, un movimiento que, de algún modo, continúa la fe en el creacionismo frente a la teoría de la evolución de Darwin.

Este es un buen momento para que Diógenes preguntara:
«Y al diseñador, ¿quién lo diseña?».
Cuando los defensores del diseño inteligente se ven acosados con preguntas como ésta recurren a la metafísica de Aristóteles. Es necesario un primum mobile, te dirán. Y cuando se les insiste en que expliquen las incoherencias que observamos en la naturaleza responden que no es posible conocer los motivos del diseñador.

Es complicado todo ésto, ¿verdad?

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