martes, 19 de noviembre de 2013

Cafés con Hegel

Antes de subir a bordo, ¿recuerdas?, nos tomamos un café con el profesor Kant. Ahora lo hacemos con Hegel.

Te parecerá que nos demoramos más con el filósofo de Stuttgart que con el de Könisgsberg pero ya verás que los encuentros con Immanuel Kant (1724-1804) son tan inevitables como necesarios para comprender la historia de la filosofía. Volveremos a él.

Con Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), más que tratar de la historia de la filosofía, hablaremos de filosofía de la historia.

Llenamos la cafetera y encendemos el fuego.

Vimos que la historia, como disciplina académica, emergió con Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.). Allí tuvo su principio, ¿pero acaso tendrá un final? El profesor Kant contemplaba un final, pero era el de la historia de la filosofía. Mientras que Hegel, un filósofo poskantiano, piensa que el desarrollo de la historia es progresivo y que la historia tiene un final.

Sostiene Alexandre Kojève (1902-1968) que el final de la historia ya ocurrió. Y que coincidió, precisamente, con el momento en que las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte desfilaron victoriosas por las calles de Jena, bajo la ventana del profesor Hegel. Para el filósofo moscovita, de orientación hegeliana y marxista, los triunfos militares de Napoleón I supusieron el avance de un nuevo orden jurídico a través de Europa y, por lo tanto, el consiguiente triunfo de la racionalización del derecho. En cierta manera era como si los valores de la Revolución francesa acabaran impregnando las mentalidades de los países conquistados, lo cual no deja de ser bastante paradójico siendo que llegaban de la mano de alguien que se había proclamado a sí mismo como emperador.

Lo que vendría después de 1806, y de ese supuesto fin de la historia, sería algo así como una continuación del mismo, nos dice Kojève. Cabe interpretar que desde entonces, y según él, permanecemos anclados en dicho final de la historia.

Los hechos que Hegel observaba con sus propios ojos parecían demostrarle que la historia permite la realización de la razón filosófica. Estaba convencido de que la historia progresa aprendiendo de sus propios errores, y de que tal progreso culminaría en un estado de ciudadanos libres regido por un gobierno racional que aplicase benévolamente los ideales revolucionarios de libertad e igualdad.[1] 

Mediante el estudio de nuestro pasado, nos dice Hegel, podemos observar las tendencias del desarrollo histórico. La historia no sólo nos da las claves para comprender la sociedad, sino que además se erige como tribunal para juzgar el mundo.

Para el pensador prusiano, encontramos la voluntad de Dios en todo. Es panteísta. Tal voluntad divina no consiste en otra cosa que conducirnos a la libertad. La sangre derramada y el dolor de las víctimas de la pobreza y las guerras es el precio que hay que pagar para lograr esa libertad. Esa es la ironía.

Recordemos que sea cual sea el tema tratado por Hegel, la estructura trinitaria se impone como esencial. Y que la contradicción está siempre en la raíz de todo movimiento. Que sólo aquello que encierra una contradicción es lo que se mueve.
«Hegel propuso que tanto la historia como el argumento lógico procedieran según líneas dialécticas. Los conflictos de la historia y las contradicciones internas de la filosofía (tesis / antítesis) se resuelven mediante un proceso de síntesis que él denominó Aufhebung (reserva). Lo que se supera también se preserva entro del modelo de la totalidad más grande en una espiral orgánica de acumulación». (Heath, 2006; 71)
Mientras conversamos, observo atentamente los dibujos que se forman sobre la superficie del líquido oscuro que contiene las tres tazas que acabamos de llenar. En cada una aprecio tres círculos. En cada círculo, otros tres. Hegel nos diría que cada estado de desarrollo contiene las semillas de más cuestionamiento y cambio, y por lo tanto es incompleto. Aún así, el espíritu del mundo o Weiltgeist progresa y tiene el potencial de una totalidad, de un fin de la historia. (Heath, 2006; 81)

Y, efectivamente, nuestra historia va llegando a su fin a medida que las tazas se vacían.


[1] Los ideales revolucionarios franceses se expresaban en esta célebre frase: «Liberté, égalité, et fraternité, ou la mort (Libertad, igualdad, y fraternidad, o la muerte)».


2 comentarios:

  1. Una alegría comprobar que estas en plena forma, pero confieso que esta bitácora me va a ser más complicada de seguir. Gracias por compartir conocimiento y felicidades por las viñetas, siempre ayudan a hacer más digeribles según qué temas!

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  2. Ya veo que el olor del buen café resulta irresistible. Bienvenida a bordo, Mercè. Espero que disfrutes de la travesía.

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