martes, 12 de noviembre de 2013

Hegel impone su ritmo ternario

De Hegel, ya nos decía Jeanne Hersch que es él quien construye el tercer sistema monumental, después de los de Aristóteles, en la Antigüedad, y Tomás de Aquino, en la Edad Media.

El filósofo de Stuttgart dividió su filosofía en tres grandes partes. Cada una consta de tres obras y cada obra de tres libros. A su vez, cada libro está dividido en tres partes, y en cada una de ellas hay tres capítulos. El número tres continúa apareciendo de un modo invariable en cada una de sus argumentaciones. Curiosamente, hasta su apellido suele venir precedido por sus tres nombres de pila: Georg Wilhelm Fiedrich Hegel (1770-1831), lo que no resulta habitual cuando se trata de otros filósofos.

De haber sido futbolista en vez de filósofo, apuesto a que hubiera acabado jugando en tres equipos diferentes, eso sí, llevando siempre el dorsal 3 a la espalda.

Y ya que me he permitido la licencia de pisar el césped permíteme que me la juegue a que tales equipos serían el VfB Stuttgart, el FC Carl Zeiss Jena y, digamos, la Deutscher Fußball-Bund (la selección alemana de fútbol). El primero por ser el de la ciudad donde nació, la capital del ducado de Wurtenberg; el segundo, como negación del anterior, pues es el equipo de la ciudad en cuya universidad ejerció como profesor y que le supuso cambiar de estado, pues Jena pertenece a Turingia; y el tercero, que sería el del equipo que afirma su pertenencia a una entidad superior, la del estado prusiano, con capital en Berlín, y que vendría a ser la síntesis de los anteriores, o una negación de la negación.

Demasiadas licencias:
  1. Me dirás que en tiempos de Hegel, ni se jugaba la Bundesliga y ni siquiera existía Alemania como tal.[1] Y que aunque Hegel muriera en la capital de Prusia, esta nación no puede ser confundida con Alemania. Tienes razón;
  2. Me reprocharás que mezcle el pensamiento de un tipo cuya vida trascurrió entre finales del siglo xviii y principios del xix, con el de un Aquino (1224-1274) que le es anterior en unos quinientos años, o el de un Aristóteles (384-322 a.C.) que vivió hace más de dos mil años. Aquí, no estoy tan de acuerdo, pero se admite la protesta;
  3. Me objetarás que se puede ser futbolista y filósofo a la vez. Sí, hasta eso es posible. O al menos así lo pensaban los de Monty Phyton.[2]
Pero no dejemos que lo absurdo de las metáforas nos rompa el ritmo ternario con el habíamos comenzado nuestro juego.

Supongo que ya sabes que tesis, antítesis y síntesis constituyen las tres partes de las que consta el método dialéctico de Hegel. Decimos que su sistema es ternario porque siempre está formado por ternas de este tipo. Un sistema que Hersch cataloga como panlógico (donde pan significa “todo”), es decir, que está todo él basado en la lógica, en lo racional. La máxima hegeliana decía así:
«Todo lo real es racional y todo lo racional es real». (Hersch, 2010; 234)
Todo ésto es tan panlógico que nos suena a Parménides, ¿a que sí?

Sin embargo, la escena de la viñeta que precede a estas líneas representa algo absurdo, fuera de toda lógica. Que yo sepa, nunca se ha jugado un partido de fútbol que enfrentara a tres equipos distintos a la vez. La dibujé a propósito porque quería resaltar que Hegel coloca la contradicción en el centro mismo de su sistema.

Y ¿quién era ese otro presocrático que decía que el logos nace de la lucha de los contrarios? En efecto, era el Oscuro de Éfeso. La filosofía de Hegel está mucho más cerca de Heráclito de Éfeso (535-484 a.C.) que de Parménides de Elea (530-515 a.C.), como veremos a continuación.

Según el filósofo de Elea, no se puede afirmar “el ser es” y “el no-ser es” al mismo tiempo. La contradicción no se admite en la escuela eleática. Para ellos, nada cambia, todo permanece.

Pues bien, precisamente Hegel comienza su primera terna proponiendo como tesis que “el ser es”.

A continuación, con la antítesis se produce la negación de la tesis: “el no-ser es”. Según las reglas de la lógica de Aristóteles el partido se acabaría aquí, con el resultado de empate.

Pero jugamos según la dialéctica hegeliana y así llegamos a la prórroga, momento en el que se va a producir la antítesis: el devenir.

El devenir es al mismo tiempo “ser” y “no ser” pues, de hecho, significa pasar del “ser” al “no-ser”, o viceversa. Algo cambia. Todo fluye.

Ha sido Heráclito el autor del gol. Bajo las redes, es Parménides quien recoge el balón, el esférico,... su esfera.

Mientras se dirige a los vestuarios seguro que piensa, como tú y como yo, que ésto no se acaba aquí: habrá una revancha.


[1] El estado alemán no se fundaría hasta 1870. Hasta entonces, existían un buen número de pequeños estados independientes como los tres mencionados y otros que también te sonarán como Baviera, Renania, etc.
[2] En 1972, el grupo cómico británico Monty Python rodó una pieza que representa un partido de fútbol entre filósofos alemanes y griegos, con Platón, Sócrates y Aristóteles, en el equipo griego, y Heidegger, Marx y Nietzsche, en el alemán. Los filósofos jugaban pensando (filosofando) describiendo círculos en el rectángulo de juego pero sin tocar bola. No te lo pierdas: http://www.youtube.com/watch?v=n2jT6BBoutc Por cierto, el único futbolista “de verdad” era Franz Beckenbauer, quien no era filósofo. ¿O sí lo era?

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