viernes, 29 de noviembre de 2013

La gran travesía del cerdito pirrónico

A todo navegante le llega la hora de enfrentarse a una tormenta de esas, con enormes olas, viento, lluvia, rayos y truenos. Es entonces cuando nos entra el miedo. ¿A quién no?

Pues lo que sorprendió a los tripulantes del Acatalepsia, fue encontrarse con que uno de ellos no parecía asustado en absoluto en medio de aquella galerna. Al contrario, el tipo aparentaba de lo más calmado. Y cuando le preguntaron por su actitud, éste les recordó un episodio protagonizado por Pirrón de Elis (360-270 a.C.) en la Antigüedad.

También su barco se vio atrapado en medio de una terrible tempestad. Pero mientras sus acompañantes temblaban de miedo, él se mantenía sereno observando cómo un cerdito seguía comportándose totalmente ajeno a lo que estaba pasando. A su manera de ver, el sabio ha de mantenerse imperturbable en cualquier circunstancia.
«¿De qué sirve el conocimiento de las cosas, si nos hace perder el descanso y la serenidad y si nos vuelve peores que el cochinillo de Pirrón?», se preguntaría Michel de Montaigne (1533-1592) en sus 'Ensayos' (libro i capítulo xiv), muchos siglos después.
El Acatalepsia es un barco gemelo al nuestro. Con él nos cruzamos de vez en cuando, pero siempre en sentido contrario. Es la nave de los escépticos. En griego, Acatalepsia es “lo que no puede ser comprendido”. Los escépticos más radicales, los pirrónicos, dudan de todo aquello que afirmamos conocer de una manera objetiva. La palabra skeptikoi sirve para designar a quien duda e investiga. Y cuando se duda de todo, resulta imposible emitir un juicio objetivo. Es por eso que Pirrón llegó a proponer:
«Suspender el juicio».
Tal actitud, según él, lleva a la paz del alma porque, al no creer en nada, no se entra en conflicto con nadie y no es preciso defender las opiniones puesto que no existen verdades objetivas. (Luego veremos que en este punto, la posición de los pirrónicos contrasta con la que adoptan los escépticos actuales).

¿Comprendes ahora por qué dije que el Acatalepsia y el Aletheia se cruzan pero siempre en sentido contrario? Nosotros nos hemos embarcado en un viaje que ha de llevarnos a desvelar la verdad que se nos oculta, mientras que ellos sostienen la imposibilidad de que dicha verdad pueda ser comprendida.

¿Quiere decir eso que quienes viajamos a bordo del Aletheia no somos escépticos? ¿Acaso somos dogmáticos?

No, nada de eso. Una buena dosis de escepticismo resulta de lo más saludable, pues como dice Gregorio Luri (1955) en El café de Ocata:
«La duda nos desliga del fanatismo y nos vacuna contra el dogmatismo».
Podemos dudar de la homeopatía, de los milagros, de que Dios exista, pero no podemos dudar del teorema de Pitágoras. Porque está demostrado. Tampoco podemos admitir, ni siquiera como una hipótesis, que dos más dos sean cinco. Sería absurdo.

Optar por la duda radical es, para entendernos, como meterse una sobredosis de escepticismo. Más o menos esa es la denuncia que Ignacio Sánchez-Cuenca hace al pirronismo actual, al que califica como el estadio superior del cretinismo:
«El pirronismo ha devenido sinónimo de espesura mental, falta de reflejos intelectuales, obcecación, impermeabilidad a los hechos, estado genérico de alelamiento, necedad, mala fe e incluso sinvergonzonería».
Quizás exagera.

A pesar de todo, el escepticismo es algo que a día de hoy muchos practican y los hay que se lo toman muy en serio. Tanto como para instituir el Círculo Escéptico. Ésta organización funciona como un grupo de presión que pretende erradicar las creencias basadas en el dogmatismo o la superstición. Ésto es lo que dicen:
«Somos escépticos y fomentamos la práctica del escepticismo, entendiendo por éste el pensamiento crítico y racional, luchamos contra las pseudociencias y las pseudomedicinas, cuestionamos los fundamentos espurios de la astrología, la homeopatía, las mancias y videncias, el tarot y el espiritismo, exponemos a los mercaderes de lo paranormal y promovemos el sentido crítico y la divulgación científica como herramientas indispensables para la comprensión del mundo y la toma de decisiones en la vida diaria ¡Házte socio!».
No dicen «¡házte socia!» pero supongo que no pondrán impedimentos a la entrada de mujeres. ¿O haríamos bien en dudarlo? (Hoy estoy un poco más pirrónico que de costumbre, como ves).

Si aceptas hacerte socio, o socia, te obligas a pagar una cuota anual de 25 euros, si es que vas a conformarte con ser un mero colaborador. Si pretendes ser socio, o socia, de número o de pleno derecho, la cuota se eleva a 60 euros.

No obstante sus buenos propósitos, no deja de resultar paradójico que quienes denuncian a los mercaderes de lo paranormal y las pseudociencias, acaben por reclamar un sitio en el mercado: ¿podemos decir que son los mercaderes de lo escéptico?

De hecho, puestos a ser coherentes, ¿no tendríamos que ser escépticos con los escépticos?

Dudo que esta vez sea el cerdito pirrónico quien nos ofrezca una respuesta.

2 comentarios:

  1. Si no se puede encontrar la verdad, no sepuede afirmar nada de nada, los conocimientos que parten de los sentidos no son reales, lo que se vé no es real, lo que conocemos lo conocemos por azar o por costumbre ademas no podemos acceder al mundo y permanecer indiferentes.
    " No me creo capaz de comportarme como una escéptica "

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  2. Hola, Isabel,

    Has elegido salir a cubierta justo en medio de la peor tormenta. Eso es de valientes (o de pirrónicos), ¿verdad?
    Una cosa: al releer esta entrada me he dado cuenta de que no he insistido en cómo el escepticismo está relacionado con el relativismo. Esto es, que todas las opiniones o creencias tienen el mismo valor epistémico. Más adelante ya hablaré del relativismo, pero me ha parecido oportuno meterlo aquí a modo de inciso.

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