miércoles, 27 de noviembre de 2013

La paradoja de Teseo, a día de hoy

Alguna vez he apuntado en esta bitácora que los barcos funcionan muy bien como metáforas para entender ciertos problemas epistemológicos. Es por eso que nos hallamos a bordo del Aletheia. La epistemología, ya sabes, es la teoría del conocimiento, esto es, el conocimiento del conocimiento.

A lo mejor ya te has dado cuenta: el diseño del Aletheia se corresponde con el del Santa Eulalia, un barco perteneciente al Museu Marítim de Barcelona (mmb.cat). Si te decides a visitarlo, está amarrado en el Moll de Fusta. Observarás en su interior una serie de cuadros que narran su peculiar historia a lo largo de casi cien años, los que han transcurrido desde su botadura en 1918.

Este paquebote fue construido en Torrevieja por encargo del armador Pascual Flores que lo bautizó como el Carmen Flores en honor a su hija. Pronto zarpó hacia Cuba, y resultó tan rentable el transporte que el beneficio superó el coste del barco, cifrado en unas 200.000 de las antiguas pesetas.

A partir de 1928 se había convertido en un motovelero de sólo dos mástiles.

En 1931 lo rebautizaron como Puerto de Palma y se dedicó al contrabando entre las islas Baleares y la península hasta que fue decomisado.

Lo adquirió la Naviera Mallorquina en 1936. Sin variar mucho de aspecto, había pasado a ser el Cala San Vicenç, y se le podía ver surcando las aguas de la costa mediterránea transportando cargas diversas. Ya se aprecia, no obstante, una cabina algo más grande en la popa.

Desde 1975 hasta 1997 llevó el nombre de Sayremar Uno. Pocos hubieran reconocido en el Sayremar el modelo original, pues sólo conservaba un mástil y una cabina trasera de un tamaño muy desproporcionado en relación a la silueta del barco. Su función era la de realizar trabajos auxiliares de submarinismo en el puerto de Barcelona.

En 1997, el barco fue adquirido por el Consorci de les Drassanes para ser restaurado. Aunque conservó el motor, volvieron los tres mástiles y con ello, el Santa Eulalia recuperaba el aspecto original del Carmen Flores.

Pero, ¿era el mismo barco? ¿O no lo era?

Según Roger Marcet:
«La mayoría de piezas han sido producidas artesanalmente. Alguna de ellas por especialistas que son únicos en su especialidad en todo el mundo». (Vidal, Jaume. «El Santa Eulalia vuelve al mar». El País. 23/05/2000)
Según me dijeron sus tripulantes, pocas piezas quedan del primer barco. Quizás ninguna. Y, sin embargo, esta última versión parece mucho más auténtica que las anteriores.

La historia del Santa Eulalia es un claro ejemplo de la paradoja de Teseo.

De Teseo encontrarás muchas historias, pero la que ahora nos importa es la que se refiere al barco. Así es como la recoge Mestrio Plutarco (50-120) en el epígrafe xxiii de sus 'Vidas paralelas':
«La nave de treinta remos en que con los mancebos navegó Teseo, y volvió salvo, la conservaron los Atenienses hasta la edad de Demetrio Falereo, quitando la madera gastada y poniendo y entretejiendo madera nueva; de manera que esto dio materia a los filósofos para el argumento que llaman aumentativo, y que sirve para los dos extremos, tomando por ejemplo esta nave, y probando unos que era la misma, y otros que no lo era».
El argumento aumentativo. ¿Cuántas piezas podemos cambiar de un barco sin que deje de ser el mismo barco? ¿Cuántas células pueden cambiar en nuestro cuerpo sin que dejemos de ser nosotros mismos? Si, como dicen, hemos cambiado todas nuestras células durante un periodo de siete años, ¿significa eso que nuestra identidad también ha cambiado?

Teniendo ésto en cuenta, volvamos a nuestro barco, al Aletheia, para encontrarnos con Aristóteles que pasea por cubierta esperando poder conversar sobre uno de sus temas favoritos. Para el filósofo de Estagira hay cuatro causas que describen una cosa:
  1. La causa formal es el diseño de la cosa. Se puede decir que el barco de Teseo sería el mismo barco ya que su diseño no hay cambiado. ¿Ha cambiado el diseño del Santa Eulalia? Recuerda que una vez fue el Sayremar y que apenas se le parecía;
  2. La causa material, es la materia de la que está hecho la cosa. Podemos decir que el Santa Eulalia sigue fiel a su causa material ya que siempre ha estado formado por madera, y velas, aunque ni son las mismas maderas, ni las mismas velas;
  3. La causa final, viene a ser el propósito previsto de una cosa. Transportar mercancías o seres humanos sería la causa final en la mayoría de los casos que nos ocupan, sin excluir el contrabando, pero durante un tiempo nuestro barco estuvo destinado al submarinismo y hoy es un símbolo del museo marítimo a la vez que un reclamo turístico;
  4. La causa eficiente, tiene que ver con el cómo y por quién se fabrica una cosa. No es lo mismo que el barco lo restaure un artesano o que esté resuelto mediante procesos industriales. Podemos afirmar que el Santa Eulalia sí cumple con esta causa eficiente.
Pero seguimos en las mismas. Unos dirán que básicamente el barco es el mismo a pesar de los avatares del tiempo, mientras que otros se mantendrán firmes en que el barco cambió a medida que le reemplazaron las piezas o le modificaron los usos.

La paradoja no queda limitada a los barcos. Por ejemplo, ¿cuantos granos hemos de quitar a un motón de arena para que deje de ser un montón de arena? Si sólo quitamos uno o dos, el montón sigue ahí. Y aunque quitemos mil o dos mil. Y mirándolo al revés, ¿cuántos granos de arena hacen un montón de arena? Es evidente que no bastan ni quince ni tan solo mil: necesitamos más.

Todo ésto nos lleva a considerar la importancia que tiene el lenguaje cuando se trata de definir algo que conocemos. Y también a considerar la importancia que tiene la cuestión de la identidad respecto a nosotros mismos: ¿qué es lo que nos define como españoles o europeos? ¿O como catalanes o valencianos?

El problema es tan complicado que me entra ahora otra duda: ¿el Aletheia es el mismo barco que el Santa Eulalia? ¿O es otro? ¿Porque le hemos cambiado el nombre?

¿O acaso piensas que el Aletheia ni siquiera es un barco? ¿Por qué? ¿Porque es un dibujo?

¿Es sólo un dibujo? ¿Estás seguro? ¿Estás segura?

La verdad está aún por ser desvelada.

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