lunes, 4 de noviembre de 2013

Un golpe de timón

Giramos a babor y nos quedamos, por un momento, con la proa apuntando al Este. Te propongo que tratemos ahora de ver, de pensar, un poco como los de allá, pues Oriente también existe. ¿Lo hacían los griegos, escuchaban a los que venían de Oriente? Posiblemente, sí.

Un filósofo presocrático, nacido muy cerca de Éfeso y Mileto, fue Anaxágoras de Clazómenes (500-482 a.C.), el primer extranjero que se instaló en Atenas. Allí tuvo por alumnos nada menos que al gobernante Pericles, a Arquelao, a Protágoras de Abdera, a Tucídides, al dramaturgo griego Eurípides, y hasta puede que a Demócrito y a Sócrates. Algunos de estos nombres te sonarán pues ya hemos hablado de ellos en esta bitácora.

Tres décadas más tarde, nuestro filósofo tuvo que abandonar la ciudad tras ser acusado de impío por sugerir que el Sol era una masa de hierro candente y que la Luna era una roca, desprendida de la Tierra, que reflejaba la luz del Sol. La acusación de impiedad equivalía a ser acusado de ateo y ello era motivo suficiente para condenar a alguien al exilio, o a la muerte. Recuerda lo que pasó con Sócrates.

Solemos considerar el ateísmo como algo moderno sin reparar en el riesgo que corrían ya desde la Antigüedad y hasta nuestros días quienes pensaban de esa manera.

Dice Peter Watson que Anaxágoras es el primer ateo de la historia intelectual de la humanidad, del que tengamos noticia. Pero lo relaciona con “la tradición alternativa”, una idea introducida por James Thrower en su libro 'Western Atheism' (1999). Dicho autor vincula las ideas de Oriente con las de Occidente, y en especial las de pensadores indios y chinos con las de los griegos jónicos del siglo v antes de Cristo. Thrower denuncia lo siguiente:
«El acercamiento al mundo natural que prescinde de las fuerzas sobrenaturales constituye una cadena de pensamiento a la que los historiadores no han prestado suficiente atención». (Watson, 2009; 815)
Lo que Thrower sugiere es que los casos de ateísmo no eran tan aislados e individualizados, sino que había una corriente de pensamiento en este sentido que estaría contradiciendo el discurso mítico antes incluso de la llegada del discurso lógico (logos) de los griegos.

Para ilustrarlo con un ejemplo, nos habla de Purana Kassapa, un filósofo oriental del siglo v o iv a.C., que sostenía lo siguiente:
«No existe el más allá y la moral es un fenómeno natural cuyo único propósito es el de ayudar a la vida aquí en la tierra». (Watson, 2009; 814)
Pero volviendo a Anaxágoras habrá que decir de él que era un pluralista y, por lo tanto, no un monista. Los monistas, como sus vecinos de Mileto, buscaban una sola sustancia. La explicación que daba Anaxágoras de que todas las cosas estarían formadas por partículas semejantes recuerda mucho a la idea que luego desarrollarían los atomistas, con Demócrito al frente. A esas partículas, el filósofo de Clazómenes las llamó spermata (semillas) y, más tarde, Aristóteles de Estagira se referiría a ellas como homeomerías (partes semejantes).

Buen conocedor de las enseñanzas de Heráclito, para quien «todo fluye», Anaxágoras introdujo la noción de nous (mente o pensamiento) como elemento fundamental de su cosmología. Según él, el nous es un “fluido” tan sutil que se filtra por entre los recovecos de la materia, a la que anima con su movimiento. Un fluido que penetra unas cosas sí y otras no, dando lugar a objetos animados o inertes, según el caso.

A Platón, el filósofo de las Ideas, le gustó la idea (valga la redundancia) de que el nous fuera la causa de todo y que condujera al orden y la armonía, pero no estaba nada de acuerdo con la visión materialista de Anaxágoras. Algo parecido ocurrió con Aristóteles quien también criticó la visión que tenía éste respecto del origen materialista del nous. Si para el de Clazómenes, el ser humano pudo hacerse inteligente gracias a que tenía manos, para el de Estagira éstas las recibió debido a que tenía inteligencia.

Dicho ésto, ¿no te estarás preguntando, como yo, sobre la razón por la cuál Platón y Aristóteles son tan conocidos en la cultura occidental, mientras que el pensamiento de Anaxágoras y el de los epicúreos queda silenciado? ¿No tendrá algo que ver con la denuncia que Thrower hacía unas líneas más arriba en el sentido de que no se ha prestado la debida atención a una corriente de pensamiento materialista anterior incluso al logos de los griegos?

Hummm... Con este golpe de timón, el viento dominante se nos ha puesto en contra, me temo.

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