lunes, 25 de noviembre de 2013

Volver a Platón rodeando las pirámides

Rodeando las pirámides

Hace unos 4.000 años que los antiguos egipcios construyeron sus pirámides utilizando el triángulo sagrado, un triángulo rectángulo de proporciones 3, 4, 5, para sus respectivos lados. En otras palabras, ellos ya utilizaban el llamado teorema de Pitágoras. Tales conocimientos se consideraban sagrados y eran mantenidos en secreto por una casta de sacerdotes. Este secretismo fue una práctica que continuaron los miembros de la hermandad pitagórica, muchos siglos después.

¿Por qué relacionamos las pirámides con Pitágoras siendo que éste nació en el año 580 a.C., o sea, casi dos mil años después de que se construyeran?

La respuesta es que él, o los pitagóricos, demostraron de un modo absoluto lo que los antiguos egipcios ya sabían: que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.

c2 = a2 + b2

Saber no es lo mismo que demostrar.

Los egipcios tenían un conocimiento que, a nivel práctico, les sirvió para levantar construcciones que ni siquiera hoy, con toda nuestra tecnología, parece probable que podamos igualar. Tenían el conocimiento, pero no lo demostraron.
«La verosimilitud del Teorema de Pitágoras no depende de un dibujo bien ilustrado sino que obedece por completo a un ejercicio intelectual puro alejado de lo sensorial –la deducción lógica–». (González Urbaneja, 2008)
De aquí su importancia. Llegamos a una verdad absoluta utilizando la razón de un modo exclusivo. No es algo que percibimos con los sentidos. Tampoco se precisa de la magia ni de una intervención divina. Simplemente, utilizamos nuestra mente. Inventamos las matemáticas puras.

Por su parte, el matemático Elisha Scott Loomis (1852-1940) resaltó que:
«Este teorema con la multitud de demostraciones del mismo ilustra de forma sorprendente el hecho de que hay muchas formas de alcanzar la misma verdad». (González Urbaneja, 2008)

Volver a Platón

En su libro 'El gran asombro', cuya primera edición data de 1981, Jeanne Hersch (1910-2000) sugería la necesidad de reivindicar el pensamiento pitagórico, o más exactamente el de Platón. La filósofa ginebrina entiende que nos hemos alejado mucho del uso de lo racional, de la certeza que nos dan las demostraciones matemáticas y de la belleza que experimentamos con la geometría.
«A sus ojos, [a los de Platón] el procedimiento de la prueba matemática era una acción purificadora». (Hersch, 2010; 33)
Volver a Platón significa, según ella:
  1. Esforzarnos en pensar con rigor;
  2. Estar dispuestos a abandonar una opinión precedente porque se ha demostrado que es falsa o incompleta.
En definitiva, someterse desde el principio a la verdad y mostrarse abierto al pensamiento ajeno. Pues, como dice Hersch:
«La búsqueda de la verdad es más importante que el éxito de una teoría, aunque sea la nuestra».
Desde entonces, me temo, aún nos hemos alejado más del camino sugerido por la pensadora suiza.

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