jueves, 26 de diciembre de 2013

De Heródoto a Maquiavelo


Hace unos días introdujimos la figura del historiador y hablamos de cómo emergió la historiografía entre los antiguos griegos. Siempre a bordo de nuestro Aletheia navegamos por la historia recalando en aquellos temas que nos parecen de interés filosófico o epistemológico.

Para orientarnos mejor en estas aguas turbulentas, te propongo hacer un recorrido entre dos ciudades: Halicarnaso (actual Bodrum) y Florencia. En la primera, muy cercana a Mileto, dejamos a nuestro amigo Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.) y en la segunda nos recibirá Nicolás Maquiavelo (1469-1527), al que encontraremos escribiendo la que sería su mejor obra: 'Discursos sobre la Primera década de Tito Livio', un trabajo de historia política y filosófica que sería publicado unos años después de su muerte. Entre ambos personajes y entre ambas ciudades, son mil años que pasan. 

¿Podremos navegar a través de esos mil años de historia escribiendo tan solo un folio y poco más en nuestra bitácora? Apuesto a que sí.

Recordemos que los antiguos griegos se organizaron en polis, pequeñas ciudades-estado que se regían bajo diversos regímenes políticos, siendo la democracia uno de ellos. Las polis se extendieron por todo el mar Mediterráneo afianzando el poder económico y cultural de Grecia en aquella época.

Después llegó Roma, primero con la república y luego con el imperio. Por cierto, que si Platón (427-347 a.C.) escribió su 'República', también de una república, la romana, trata el libro que escribe Maquiavelo.

Después de la república, el imperio romano llegó a dominar política y militarmente el mundo hasta entonces conocido, que abarcaba las costas mediterráneas, Egipto, Asia menor, y una gran parte de Europa. Fue en aquellos días cuando apareció la figura de Jesús de Nazaret (0-33) en Palestina. Aunque su existencia real ha sido puesta en duda, lo cierto es que la repercusión del cristianismo en nuestra historia es incuestionable. Tanto es así que dividimos los años en antes y después de Cristo, y marcamos como cero el año en que supuestamente él nació.

El cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio a partir de 380, por orden de Teodosio (347-395).

En 395, a la muerte de Teodosio, el imperio se divide en dos: el de Oriente, con capital en Constantinopla, y el de Occidente, con capital en Roma. Ambos imperios tendrán un recorrido histórico muy diferente. El imperio de Occidente sucumbe ante las invasiones bárbaras en el año 476. El de Oriente, llamado también imperio bizantino, duró hasta 1453. La caída de Constantinopla se produce, de hecho, apenas una década antes de que naciera el personaje con el que hoy cerraremos nuestro viaje.

Los historiadores denominan como Edad Media al periodo histórico comprendido entre 476 y 1453, fechas que coinciden con las caídas de Roma y de Cosntantinopla, respectivamente. Aunque algunos prolongan este periodo hasta 1492, que es el año del descubrimiento del Nuevo Mundo por el navegante Cristóbal Colón (1436-1506).

Cuando hablamos del Medievo conviene distinguir dos periodos:
  • La Alta Edad Media, que se corresponde con la época que va desde el año de la caída del Imperio romano de Occidente, en 476, hasta el año 1000. Una figura muy influyente del pensamiento altomedieval fue Agustín de Hipona (354-430), al que le dedicamos una entrada que titulamos 'El hijo de las lágrimas de su madre', que tuvo su secuela en al menos dos entradas más;
  • La Baja Edad Media continúa desde el año 1000 hasta 1492, fecha del descubrimiento de América, aunque también se la hace coincidir con la invención de la imprenta por Johannes Gutemberg (1398-1468), con la caída del Imperio de Occidente (Bizancio) y con el final de la guerra de los Cien Años, ocurridas unos años antes. Del periodo bajomedival cabe destacar a Tomás de Aquino (1224-1274), otro gran pensador del cristianismo medieval, al que también le hemos dedicado al menos una entrada, cuando dimos 'Un paseo desde la peripatética hasta la escolástica'.
El comienzo de la Edad Media supuso una transición los siguientes ámbitos.
  1. En lo económico hay que resaltar el cambio de modelo de producción: pasamos de la esclavitud a la servidumbre feudal;
  2. En el ámbito social, desapareció el concepto de ciudadanía romana y se establecieron los tres estamentos medievales: nobleza, clero, y plebe. En este modelo tripartito, sólo el pueblo llano estaba sujeto a impuestos. La pertenencia a uno u otro estamento venía determinada por el nacimiento, no por la fortuna;
  3. En lo político, se pasó del centralismo imperial romano a la dispersión del poder en cada ciudad. En cierto modo, era como volver al modelo de las polis griegas;
  4. En lo ideológico, la cultura clásica quedaba relegada por los teocentrismos, ya sea el cristiano o el musulmán, según sus zonas de influencia. El centro del conocimiento ya no se encontraba en el espacio abierto del ágora, sino que quedaba al reguardo de los muros de los monasterios.
La gente vivía sobre todo en el medio rural, como campesinos o granjeros, pero dentro de las ciudades emergían los gremios de artesanos, el comercio y una cierta actividad bancaria. Es en este marco donde emergerán las universidades medievales, en torno al año 1080, que tendrán un capítulo a parte en esta bitácora.

Escapando del férreo control ideológico que imponían tanto la Iglesia como la Nobleza, surgió de sus aulas una nueva forma de pensar, el humanismo, que significaba una nueva concepción del hombre y del mundo. Dicha corriente artística e intelectual recuperaría el conocimiento de los clásicos. Era como un “renacer” de la cultura antigua y precisamente por eso se lo acabó conociendo como el Renacimiento.

Pero este resumen va llegando a su fin. Entramos en el puerto de Livorno. Desde allí aún nos queda un buen trecho hasta llegar a Florencia, donde Maquiavelo nos espera.

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