miércoles, 11 de diciembre de 2013

Inmersos en un mar de Midas

 
Alguna vez habrás oído hablar de un tal Midas, aquel rey que todo lo que tocaba se convertía en oro. Del rey, y esto es menos sabido, al que le crecieron orejas de burro.

¿Por dónde empezamos? ¿Por las orejas o por el oro?

Seguiré los pasos de Mary Shelley (1797-1851) que empezó a escribir su obra para teatro 'Midas' (1820) explicando de donde procedían aquellas orejas.

La escritora británica nos transporta a la mitología griega, la de Hesíodo, y nos cuenta que hubo un concurso musical entre la lira de Apolo, un dios del Olimpo, y la flauta de Pan, un semidios muy venerado por los pastores de la Arcadia. El juez dio como ganador al primero, pero el perdedor recurrió al buen gusto de Midas quien, finalmente, expresó sus preferencias por el sonido de la flauta.

La intromisión de Midas en los asuntos de los dioses fue castigada por Apolo haciéndole crecer orejas de burro. Orejas que Midas logró ocultar durante algún tiempo modificando el diseño de su corona.

Más tarde, el dios Dionisio quiso premiar la hospitalidad de Midas concediéndole aquello que él más deseara. El rey pudo escoger recuperar sus orejas, pero prefirió que todo aquello que él tocara se convirtiera en oro.

Deseo que le fue concedido.

Poco tardó Midas en darse cuenta de su error. Los alimentos que se llevaba a la boca no podía comerlos ya que éstos se convertían en el preciado metal.

Así que solicitó a Dionisio que le vistiera con harapos y que le dejara comer al menos algunos mendrugos de pan si con ello desaparecía la pesadilla de ver convertido en oro todo lo que tocaba.

El dios le dijo que bastaba con que se bañase en el río, cosa que hizo, pero de aquí que algunos empezaran a sospechar que algo se escondía bajo su corona ya que ni siquiera esta vez se la quitó para entrar en el agua. Pero no voy a contarte el final de esa historia.

Dejemos la mitología de Hesíodo y el teatro de Shelley y vayamos a la filosofía económica de Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.)

Según una conocida paradoja expuesta por el filósofo de Estagira, el hierro es mucho más útil que el oro pero el precio de éste es mucho mayor. Ello es debido a que los bienes escasos, (y el oro lo es), tienen un mayor precio, aunque su valor intrínseco pueda ser menor.

La ciencia económica asume que los bienes son escasos y las necesidades ilimitadas.

Para Aristóteles, la riqueza (ploutos) y la acumulación de bienes (chrémata) son dos cosas que conviene diferenciar: no es lo mismo tener que disfrutar. Precisamente, la paradoja del rey Midas le sirve como ejemplo.

El dinero era visto por Aristóteles como algo útil, ya que facilitaba el intercambio de bienes. En el trueque, el intercambio se realiza sin recurrir al dinero, lo que puede resultar bastante incómodo cuando se trata de cambiar ovejas por zapatos.

Los economistas neoliberales de nuestros días suelen insistir en presentarnos a Aristóteles como un defensor de la propiedad privada y a su maestro Platón como un “pseudo-comunista” por negársela a las clases dirigentes y los guardianes de su 'República'.

Olvidan explicarnos, no obstante, que Aristóteles consideraba antinatural prestar dinero con interés. El dinero es estéril, decía, pues no se puede crear dinero a partir de dinero. Al pretenderlo incurrimos en una ganancia ilegítima.
De hecho, hasta el siglo xix, la Iglesia Católica rechazó el préstamo de dinero con interés. Aquellos eran los tiempos de la escolástica instaurada por Tomás de Aquino (1224-1274), con una clara inspiración aristotélica.

De alguna manera, hoy estamos inmersos en un mar de Midas. Vivimos las consecuencias, me temo, de que unos pocos conviertan en oro todo lo que tocan, acumulando para sí gran cantidad de bienes, a costa de dejar a los demás con poco o nada.

Ante estas quejas oirás decir a más de uno:
«Es la economía, estúpido».
Y no. No estoy de acuerdo.

Conviene recordar que la economía, para Aristóteles, se define como la ciencia que se ocupa de administrar los recursos existentes con el fin de satisfacer las necesidades que tienen las personas y los grupos humanos. No se ocupa de satisfacer los apetitos de unos individuos en concreto, ni los privilegios de una clase determinada. Eso no es la economía. Eso será otra cosa.

Dejemos de soñar con convertirnos en Midas e imaginemos, por el contrario, que un mundo mejor es posible. Para todos.

2 comentarios:

  1. un plaer llegir-te, tot i que no hauries de generalitzar amb el que pensen els neo-lliberals ;)

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  2. Hola, ReBoot !
    Supongo que habrá quienes no se sientan identificados en las descripciones que hago de los neoliberales, pero, entonces, ¿siguen siendo neoliberales?
    No veo compatible el credo neoliberal con una preocupación por cómo le vaya al resto de la sociedad. Y eso es lo que vengo a decir.
    Un abrazo.
    P

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