jueves, 23 de enero de 2014

Algo más que contarnos batallitas

 
Hablar de la guerra con Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es algo más que contarnos batallitas. Como sabes, el florentino escribió 'Dell'arte della guerra' (Del arte de la guerra) en 1520. Además de dar sus recomendaciones en cuanto a cómo prepararse para hacer la guerra y de cuándo es mejor hacerla y cuando evitarla, este libro nos explica por qué las guerras serán justas siempre y cuando éstas sean necesarias. Que lleguen a ser necesarias o no, es el soberano quien lo decide, por lo que la guerra, para Maquiavelo, será siempre una cuestión de estado. Lo que no hace es definirla.

¿Qué es una guerra?

Quizás la definición más acertada sea la que da Gaston Bouthoul (1896-1980), el fundador de la polemología, esto es, la ciencia que estudia la guerra.
«La guerra es la lucha armada y sangrienta entre dos grupos organizados».
Bouthoul parece coincidir con Maquiavelo en asociar la lógica de las armas como algo consustancial al género humano. El florentino decía que:
«Es ilógico suponer que un hombre armado obedecerá a uno inerme, o que uno inerme puede permanecer seguro si sus siervos están armados». (Curry, 2006; 64)
Considerar a los demás como enemigos potenciales parece harto prudente desde el momento en que constatamos que las guerras existen.

A nuestro alrededor vemos monumentos, estatuas, o pinturas, que representan a los héroes o las hazañas bélicas. Oímos marchas militares e himnos nacionales que las invocan. Nombramos las avenidas o plazas con los nombres de nuestros generales o nuestras victorias. Gran cantidad de películas, libros, cómics, etc. versan sobre la violencia y la guerra. Los niños recrean la guerra y sus papás les regalan pistolas, espadas, o videojuegos donde pueden matar o ser matados una y otra vez.

Pero, ¿las guerras han existido siempre?

En un artículo de la revista 'Historia' de la National Geographic, Manuel Molina escribía lo siguiente:
«Hace 4.500 años, las ciudades sumerias de Lagash y Umma se enfrentaron en una guerra que duró más de un siglo, la primera de la que tenemos testimonios escritos». (Molina, Manuel: 'Sumer, la primera guerra de la historia'. CSIC, Historia National Geographic nº103, julio de 2012)
El desarrollo de las armas parece estar muy relacionado con el mismo origen de la guerra. Se nos dice que allá por el año 12000 a.C. es cuando aparecen el arco, la maza y la honda. El hecho de poder lanzar un ataque a cierta distancia supondría una ventaja sobre la incertidumbre que se asocia al combate cuerpo a cuerpo. Apenas se han encontrado restos humanos de esta época que presenten huellas de haber sido heridos como consecuencia de un enfrentamiento armado. Se habla pues de que las guerras comienzan a aparecer hacia el año 4000 a.C., no antes.

El asombro viene ahora: los homo sapiens existen como especie desde hace 260.000 años. Y si consideramos los homo sapiens arcaicos, nos vamos a los 600.000 años de antigüedad. En otras palabras, los humanos habríamos estado en el planeta durante más de doscientos mil años sin conocer la guerra. ¿Es posible eso?

El antropólogo estadounidense, Lawrence H. Keeley se opone a esta idea denunciando que la tendencia que existe en la academia a creer lo que él llama “el mito del salvaje pacífico”. En su libro 'War before civilization' (Guerra antes de la civilización) defiende que hubo guerras en la prehistoria. El dato que aporta, no obstante, es de hace 5.000 años, por lo que apenas contradice mi argumento anterior.

Aún así, persiste la duda: ¿hemos nacido para matarnos o estamos diseñados para colaborar los unos con los otros? Más adelante retomaremos esta cuestión cuando enfrentemos la teoría de Thomas Hobbes (1588-1679) con la de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Y desarrollaremos también los argumentos de Keeley.

Pero ahora lo que me interesa es resaltar el papel que la historiografía ha tenido en la construcción del conocimiento que tenemos sobre la guerra. Reparemos en que desde que los humanos escriben su historia, son las batallas, las guerras, los guerreros, los héroes, los jefes y los reyes que acaparan toda la atención. Sólo recientemente, los historiadores comenzaron a ocuparse de la vida cotidiana de los humanos. ¿Qué hacían cuando no guerreaban? ¿Qué comían? ¿Cómo se vestían? ¿A qué se dedicaban? ¿En qué creían? ¿Qué pensaban? ¿Qué temían? ¿De qué se reían? ¿Cómo se organizaban? ¿Qué leían? ¿Qué sabían? Las historias de la ciencia, del arte, de la familia, de los medios de producción, del transporte, de la cultura, del pensamiento, etcétera, nos hablan de las cosas a las que los humanos nos hemos dedicado sin necesidad de recurrir a la violencia.

Ante este giro historiógrafico, algunos historiadores militares, como Victor Davis Hanson (1953), reivindican su lugar en la universidad. Los griegos clásicos, según él, no sólo filosofaban, sino que hacían la guerra. Algunos incluso empuñaron las armas. En las citas que preceden al texto de su libro 'Guerra. El origen de todo' (2011) nos da pistas de sus motivaciones a la hora de escribirlo. La primera es de Heráclito (535-484 a.C.), el oscuro de Éfeso, y dice así:
«La guerra es la madre de todo, la reina de todo».
La segunda es una dedicatoria suya:
«A los soldados del ejército estadounidense, por todo lo que hacen».
¿Por “todo” lo que hacen?

Veo que Maquiavelo se lleva las manos a la cabeza. Él decía que más valía ser temido que amado, pero que había que evitar a toda costa llegar a ser odiado. Justificar todos los abusos que cometen los soldados imperiales es muy irresponsable.

Y peligroso.


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