domingo, 12 de enero de 2014

Allá donde Maquiavelo nos espera

El inicio de esta entrada parte de dos finales: el de la entrada anterior, donde las llamas calcinaban el cuerpo de Savoranola, aquella que lleva por título 'Donde queman libros, quemarán personas'; y otra que titulamos como 'De Heródoto a Maquiavelo', cuyo final nos dejaba en camino hacia el encuentro con éste último.

Y es que donde Maquiavelo nos espera es precisamente donde Savoranola nos deja, en la Piazza della Signoria, en Florencia.

Señalemos desde ya, que la palabra “maquiavélico” ha quedado como sinónimo de cinismo, inmoralidad y crueldad. Sus contrarios se referían a él como “Lucifer” o “Satán”. Para los jesuítas, el filósofo florentino era «socio del Demonio en el delito». Y no te rías, pero de ellos, de los jesuítas, lo protestantes decían que eran “maquiavélicos”.

Maquiavelo ha sido admirado por gente tan dispar como el empirista Francis Bacon (1561-1626) o el fascista Benito Mussolini (1883-1945). Y aunque Henri Kissinger (1923) negara ser “maquiavélico”, toda su gestión al frente de los asuntos exteriores de los Estados Unidos es un ejemplo muy recurrente de lo que este término significa.

¿Qué hizo Maquiavelo pues para generar tanto odio en su contra? La respuesta está en 'El Príncipe', su obra más conocida. Su pecado, dicen, consistió en desligar la política del dominio de la moral y la religión cristiana. Pero:
«En rigor, es más exacto decir -como señaló Isaiah Berlin (1909-1997)- que su obra provocó rechazo no porque fuese amoral o inmoral, sino porque se basaba en una moralidad totalmente distinta o contraria: la del paganismo clásico, con su énfasis en el mundo más que en el alma, y en este mundo más que en el otro». (Curry, 2006; 77)
Contrasta ésto con lo que apuntamos en esta misma bitácora, que «las gentes del medievo andaban mucho más pendientes de las recompensas o castigos que les reservaba el más allá que en preocuparse por la vida que les había tocado pasar aquí». (En 'La metáfora del túnel')

Vayamos por partes.

Además de escritor y filósofo, Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (1469-1527) fue diplomático de la República de Florencia, en el período inmediatamente posterior al final de Savonarola. En calidad de canciller, visitaría a los otros reinos y repúblicas, lo que le daría una perspectiva global para analizar las diferentes políticas de su época.

Una de sus propuestas como político en activo fue la de reclutar un ejército de milicianos en lugar de recurrir a los mercenarios como era tradición en Florencia. Y obtuvo el éxito esperado en Pisa: allí donde antes fracasaron los mercenarios, el ejército de los milicianos salió victorioso.

Pero el confaloniero Piero Soderini (1450-1522), primer ministro de la Signoria, no hizo caso a su canciller cuando éste le advirtió que debía cambiar sus alianzas estratégicas y prefirió mantenerse fiel a su política pro-francesa. Como resultado, las fuerzas del papa Julio II (1443-1513), aliadas a las del rey de Aragón sitiaron la ciudad y la conquistaron, tal como predijo Maquiavelo.

En 1513, las fuerzas invasoras impusieron un nuevo gobierno de los Médici, poniendo fin a la república. Además de perder su puesto como canciller, Maquiavelo fue torturado, unos meses más tarde, como sospechoso de estar conspirando contra los Médici. La muerte del papa y el nombramiento de Juan de Médici como su sucesor en la Santa Sede, le valió recuperar la libertad gracias a una amnistía general.

Fue en el exilio campesino, en su granja de Sant'Andrea, cuando Maquiavelo se dedicó a escribir. Aparte de una obra de teatro, 'La mandrágora', el grueso de su obra tratará de ciencia política o politología.

Podemos decir que Maquiavelo fue un politólogo, el primer politólogo de la historia.

Cierto es que antes que él hubo otros, como Platón, Aristóteles o Cicerón, que escribieron sobre filosofía política. Y que también los habría después de él, como ocurriría con Hobbes, Locke, Rousseau, etcétera. Pero más que filosofía política lo que Maquiavelo hace es ciencia política en sentido estricto. Para analizar las relaciones de poder que se dan en una sociedad, el florentino recurre a la observación y descripción de las actitudes tanto de políticos como de ciudadanos. Es decir, su método es un método empírico.

Su realismo, o su falta de sentimentalismo, las justificaba él mismo aduciendo que lo que le interesaba era examinar las cosas como son y no como se imaginan idealmente o como se quiere que sean. (Curry, 2006; 65)

En mi opinión, a Maquiavelo se le ha malinterpretado en buena medida. Puede que intencionadamente. Pero eso lo iremos viendo en próximas entradas.

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