sábado, 11 de enero de 2014

Donde queman libros, quemarán personas

Te propongo continuar con el viaje que iniciamos en 'La metáfora del túnel' y que continuamos en 'Reír a túnel pasado'. El trayecto trascurre ahora a plena luz del día, a la luz del Renacimiento. Nuestro tren dejó atrás la oscuridad de ese largo túnel medieval en la historia intelectual de la humanidad. Las estaciones por las que pasamos llevan los nombres de Brunelleschi (1377-1446), Masaccio (1401-1428), Alberti (1404-1472), della Francesca (1415-1492), Ficino (1433-1499), Bramante (1444-1512), Botticelli (1445-1510), Lorenzo de Médici (1449-1492), da Vinci (1452-1519), y Savonarola (1452-1498).

En esta última, nos obligan a bajar del tren. Afuera, de nuevo todo está oscuro.

En la Piazza della Signoria encienden un gran fuego. Nos dicen que se trata de “la hoguera de las vanidades”. En ella se consumen joyas, espejos, ropas, pinturas, libros. Queman las obras de Dante, Petrarca y Boccaccio. Algún cuadro de Botticelli. ¿Qué está pasando?

Ocurre que la llegada del Renacimiento no fue del gusto de todos. El fraile dominico Girolamo Maria Francesco Matteo Savonarola (1452-1498) se había hecho con el poder en Florencia, al ofrecer su apoyo al rey de Francia que había invadido con sus tropas el país, en 1494. Este predicador fundamentalista tuvo éxito en su misión gracias a su fogosidad y palabra convincente que mezclaba con la moral y la religión. Sus sermones eran apocalípticos. Predicaba y practicaba una austeridad extrema. Fue todo un populista:
«Cuando consiguió llegar al poder espiritual de Florencia, una vez expulsados los Medici, elaboró una Constitución de fuertes tintes religiosos, reformó la justicia, persiguió los vicios, suprimió la usura y proclamó la amnistía general de los condenados por la anterior familia reinante». Royo, Alberto: '¿Santo o rebelde agitador?'.11/03/2010
Para Girolamo Savonarola, el Renacimiento había traído el lujo, la depravación, y la sodomía. Estaba convencido que Florencia sería el punto de partida para la regeneración tanto de Italia como de la Iglesia.
Fray Girolamo estaba «convencido de que Dios le había enviado para ayudar a la reforma interior del pueblo italiano, impulsó la regeneración de la Iglesia en una serie de jeremiadas, en las que advertía de los terribles males que desencadenarían si no se producía si no se producía un reforma íntima, inmediata y total». (Watson, 2009; 1181)
Sin embargo, me queda la duda de contra quién estaba realmente el tal Savoranola. ¿Contra el humanismo renacentista o contra la corrupción de la Iglesia? ¿Acaso lo sabía él mismo?

Quien sí parece saberlo es Alfonso Bailly-Bailliere, miembro del Opus Dei y profesor de Comunicación Institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma para quien Savonarola podría acabar proclamado como santo:
«Su desobediencia al Papa es censurable. A su favor está la atenuante de haber querido reaccionar contra el nuevo paganismo de la época». Bailly-Bailliere, Alfonso: 'Girolamo Savonarola: un fraile incómodo para su época'. Revista Palabra. Septiembre de 1997
¿Quizás fue demasiado “imprudente” al enfrentarse al papa? Me lo pregunto no sólo por el enorme poder que entonces tenían los vicarios de Cristo, sino porque Alejandro VI era un papa bastante peculiar. El setabense Rodrigo de Borja (1431-1503) pasaría a la historia por ser uno de los políticos más intrigantes y falto de escrúpulos de la historia. Sus hijos (ilegítimos), Juan, César, Lucrecia y Jofre, también participaron en sus maquinaciones políticas.

El papa dictó la excomunión para Savoranola y éste reaccionó aumentando sus críticas contra él.

Pero el azar lo cambia todo. O Dios, si es que prefieres llamarlo así. El 7 de abril de 1498 falleció Carlos VIII (1470-1498), el rey de Francia que había sido hasta entonces valedor de Savonarola.

Al día siguiente, una parte del ejército del papa entraba en Florencia. Los ciudadanos se muestran muy dispuestos a entregar al fraile. Junto a sus partidarios, éste intentó esconderse, pero fue descubierto y apresado. Por orden del papa fue torturado durante cuarenta y dos días. Finalmente firmó su arrepentimiento con el brazo derecho. Los torturadores ya se preocupaban de no dañar este miembro para que el reo pudiese firmar.

No tardaron mucho en llevarlos a él y a algunos de sus seguidores hasta el cadalso donde fueron estrangulados y sus cuerpos quemados. Justo donde las hogueras de las vanidades tuvieron lugar, en la Piazza della Signoria, en el centro de Florencia. Donde queman libros, quemarán personas, dicen.

El intento de este fraile dominico por retroceder la mentalidad renacentista hasta la de los tiempos de la Edad Media nos muestra (creo que a todas luces) hasta qué punto ésta fue una etapa oscura en la historia del pensamiento.

Aunque, por otra parte, la forma de proceder del papa Alejandro VI nos da pistas de la crueldad y decadencia con la que el cristianismo enfrentaría la era del Renacimiento.

En cierto modo, Savonarola fue un precedente de Martin Lutero (1483-1546) que en 1517 iniciaría la Reforma protestante al clavar en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis.

Seguimos en la Piazza donde las llamas se prolongarán durante varias horas. El papa Alejandro VI había ordenado que no quedase ni un resto del fraile susceptible de convertirse en reliquia. No pudo evitar, sin embargo, que una placa conmemorativa señale hoy a los turistas el lugar exacto de la ejecución. O del crimen.

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