sábado, 25 de enero de 2014

El discurso de la Boétie

 
Los jóvenes del Movimiento 15-M, y los no tan jóvenes, podrían muy bien inspirarse, y de hecho creo que ya lo hacen, en el 'Discours de la servitude volontaire ou le Contr'un' (Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra uno), que se publicó en 1576, trece años después de la muerte de su autor.

El discurso de la servidumbre voluntaria lo escribió Étienne de La Boétie (1530-1563) cuando apenas contaba 18 años de edad. De sus obras poco más sabemos. Se ve que tampoco le dio tiempo a escribir muchas más cosas ya que murió joven, al cumplir los 33, como consecuencia de la peste.

Desde 1553 trabajó como consejero del parlamento de Burdeos. Sus tres últimos años de vida los dedicó a intentar la paz entre católicos y protestantes, acompañando al veterano político Michel de l'Hôpital (1505-1573). Tales esfuerzos sin duda hacían falta como lo demuestra el hecho de que lo peor estaba aún por llegar. Me refiero a la matanza de hugonotes ocurrida en 1572, y a la que ya nos referimos al hablar de 'los papas de la era maquiavélica'.

En su 'Discurso', es bastante evidente que la Boétie ataca el poder absoluto del rey, que desde 1536 era Enrique II de Francia (1519-1559). Como vimos, este monarca contraería matrimonio con Catalina de Médici (1519-1589) quien, finalmente, sería la protagonista de la matanza de la Noche de San Bartolomé, a la que nos referíamos en el párrafo anterior.

Dice la Boétie:
«Por el momento, querría solamente comprender cómo puede ser que tantos hombres, burgos, ciudades y naciones soporten a veces a un único tirano que no tiene más poder que el que ellos le dan, que sólo puede perjudicarles porque ellos lo aguantan, que no podría hacerles ningún mal si no prefiriesen sufrirle a contradecirle». (Las negritas son mías).
Después de nuestra conversación con Maquiavelo (1469-1527) en 'Algo más que contarnos batallitas', el bordelés, nacido apenas tres años después de la muerte del florentino, nos sorprenderá al rechazar la violencia como medio para alcanzar el fin de que el pueblo se libere de su tirano.

Lo que la Boétie propone es algo totalmente distinto:
«No obstante, a tal tirano único no es preciso combatirle ni abatirle. Se descompondría por sí mismo, a condición de que el país no consienta en servirle. No se trata de quitarle nada, sino de no darle nada. No sería necesario que el país haga nada por sí mismo, a condición de no hacer nada en su propia contra. Son pues los pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen maltratar, ya que para librarse de ello bastaría con que dejasen de servir».
¿Utópico o maquiavélico? En mi opinión, la Boétie es más maquiavélico que utópico en el sentido de que habla de un mundo real y no de un mundo deseado. Tampoco se limita a analizar lo que ocurre, sino que nos dice cuál es la manera de actuar para mejorar esa situación.
«Y, sin embargo, ese amo sólo tiene dos ojos, dos manos, un cuerpo, nada que no tenga el último de los habitantes de nuestras ciudades. Él sólo tiene de más aquello que vosotros le dais para que os destruya.¿De dónde saca todos esos ojos que os espían, sino de vosotros mismos? ¿Cómo tendría todas esas manos que os golpean, si no os las tomase en préstamo? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿no son vuestros? ¿Qué poder tiene sobre vosotros, salvo a vosotros mismos? ¿Cómo se atrevería a agrediros si no fuese porque lo hace de acuerdo con vosotros? ¿Qué mal podría haceros si no fuéseis los encubridores del ladrón que os roba, los cómplices del asesino que os mata, los traidores de vosotros mismos?».
Del discurso de la Boétie se ha dicho que viene a ser como un precedente del anarquismo:
«Tomad la resolución de no servir y seréis libres. No os pido que le empujéis y le hagáis tambalear, sino sólo que no le sostengáis. Entonces veríais como un gran coloso, al que se le ha roto su base, se derrumba por su propio peso y se destruye».
También puede interpretarse que está anticipando el liberalismo, dado que el tirano se identifica aquí con el estado y lo que se ensalza es la libertad por encima de todo. Sin embargo, en el párrafo que sigue verás cómo insiste en que todos somos iguales, o hermanos. Es decir, que la Boétie se adelanta también a los lemas de la Revolución de 1789: liberté, egalité, fraternité:
«Lo que es claro y evidente, de manera que nadie puede ignorarlo, es que la naturaleza, ministro de Dios, gobernante de los hombres, en cierto modo nos ha creado y vertido en el mismo molde, para mostrarnos que todos somos iguales o, mejor dicho, hermanos. Y si en la distribución que ha hecho de sus dones ha otorgado ciertas ventajas corporales o espirituales a algunos, no por ello ha querido colocarnos en este mundo como si nos encontrásemos en un campo de batalla, ni ha enviado aquí a los más fuertes o diestros para que actúen como bandoleros armados ocultos en un bosque para maltratar a los más débiles».
¿Y qué nos pasa hoy? ¿Al glorificar la libre competencia, no estamos diseñando un campo de batalla? ¿Acaso el mercado libre no maltrata a los ciudadanos, especialmente a los más débiles? ¿No es cierto que las grandes empresas actúan como bandoleros gracias a la complicidad de los gobiernos liberales?

En cuanto a la anarquía, ya sabes que tiene muy mala prensa en nuestra sociedad dominada por las grandes fortunas. Los medios de comunicación a su servicio identifican la anarquía con el caos.

Repara, no obstante, en esta frase que aparece en la novela gráfica de 'V de Vendetta':
«Anarquía significa “sin líderes”, no “sin orden”». (Moore, Alan; Lloyd, David: 'V de Vendetta'. Libro 3: «La Tierra de Haz Lo Que Quieras» Capítulo II: «Vervirrung». Entre 1981 y 1988)
En 'Rumbo a Utopia' vimos que Tomás Moro (1478-1535) nos dibujaba un mundo pacífico e ideal (y católico) donde no existía la propiedad privada y funcionaba el voto popular. Pero el inglés no ofrecía una hoja de ruta para llegar hasta él. Por otra parte, las preferencias de Maquiavelo se resolvían a favor de la república, según lo que vimos en 'El príncipe o la república'. El florentino estaba a favor de la propiedad privada, pero en un sistema que privilegiara el servicio público sobre los medios privados. Finalmente, la Boétie propone una sociedad sin líderes, regida por los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

¿Utópico o maquiavélico?

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