lunes, 13 de enero de 2014

El príncipe o la república

Hay dos cosas que no pueden darse al mismo tiempo: ser monárquico y ser republicano.

Sin embargo, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es el autor de 'El príncipe' como también lo es de los 'Discursos sobre la primera década de Tito Livio'. La primera obra viene a ser un manual de instrucciones para el buen gobierno de un príncipe o un monarca, mientras que la segunda ofrece los consejos pertinentes para que los ciudadanos puedan gobernar con éxito una república.

Sabemos que Maquiavelo era un republicano auténtico. Lo demuestra el hecho, entre otras cosas, de que lo apresaran y torturaran precisamente porque sospechaban que andaba conspirando contra los Médici tras haber perdido su puesto como canciller de la ex-república.

Fue estando preso, en 1513, cuando empezó a escribir 'El príncipe', con la intención de influir favorablemente sobre Lorenzo II de Médici (1492-1519). De hecho es a él a quien se lo dedica y a quien se lo envía. Pero, al parecer, Lorenzo II nunca llegó a leerlo. Además, el libro no se publicaría en vida del autor..

Tuvieron que pasar otros siete años más, para que Julio de Médici (1478-1534) le encargara escribir la 'Historia de Florencia'. Nuestro historiador acabó el encargo cinco años después, siéndole preciso acudir a Roma para presentarlo pues el tal Julio era ahora, y desde 1523, el papa Clemente VII. (Por cierto que ya te anuncio mi intención de escribir una entrada a la que pondré por título 'Lospapas de la era maquiavélica').

Por todo ello, podemos estar seguros de que su obra más querida no era 'El príncipe', sino los 'Discursos'.

El hecho de observar que, de estas dos obras, la más nombrada sea siempre la primera en detrimento de la segunda, debería hacernos sospechar. Lo que quiero decir es que nuestra atención está siendo dirigida hacia 'El príncipe' y desviada de los 'Discursos', de un modo que probablemente es intencionado. Al demonizar la primera, tendemos a ignorar la segunda.

¿Y ésto por qué? Pues porque Maquiavelo, en 'El príncipe' ofrece consejos a los gobernantes para tener un estado seguro, en tanto que en los 'Discursos' ofrece consejos a los ciudadanos para tener un estado libre. Tienen distintos fines.

Por otra parte, más de una vez habrás oído el siguiente aforismo:
«El fin justifica los medios».
Algunos te dirán que fue él quien lo dijo, y otros que la expresión, cum finis est licitus, etiam media sunt licita (cuando el fin es lícito, también los medios son lícitos) apareció por primera vez en la Medulla theologiae moralis, facili ac perspicua methodo resolvens casus conscientiae (1645), un compendio de las clases de teología que el jesuita Hermann Busenbaum (1600-1668) daba en la universidad de Colonia.

Yo, de todas formas, sí diría que Maquiavelo estaba de acuerdo con que el fin, "cuando éste es bueno", justifica las acciones que sean necesarias para lograrlo. De hecho, el propio Aristóteles planteó una ética orientada hacia fines, es decir, una ética teleológica: télos, en griego, significa “fin” u “objetivo” que perfecciona a quien lo alcanza. La diferencia entre el griego y el florentino es que uno hablaba de objetivos personales, mientras que el otro lo hacía refiriéndose a fines políticos.

¿Y qué es lo que hace “bueno” a un fin?, te preguntarás.

Para Maquiavelo, un fin será bueno cuando su objeto no sea el interés personal egoísta, sino el bienestar de todos los ciudadanos.

En eso consiste la virtud republicana, o el republicanismo cívico. Y eso es lo que realmente molesta de su teoría.

No obstante, la disyuntiva entre 'El príncipe' y los 'Discursos' no se limita a elegir entre monarquía y república, como veremos a continuación.

El principal enemigo de la virtud republicana era, según Maquiavelo, que, o bien un individuo poderoso, o bien pequeñas facciones, sigan su propio curso de acción a expensas del interés colectivo. (Curry, 2006; 94)

Que es justo lo que que nos ocurre hoy en día.

Por otra parte, Maquiavelo advertía que el interés personal trata siempre de presentarse como una actividad técnicamente racional. En rigor, es irracional, tal como señala Patrick Curry (1951), sobre todo porque no está sujeta a ninguna norma ética.

De la lectura del párrafo anterior, podemos interpretar que Maquiavelo nos estaba alertando contra los riesgos del individualismo posesivo justo en el momento que se creaban las bases de un nuevo sistema basado en el capitalismo.

Así que la disyuntiva entre sus dos obras más conocidas quedaría también establecida entre los intereses privados y el interés de lo público, de aquello que afecta a todos los ciudadanos por igual.

Es más, Maquiavelo veía un gran peligro en el hecho de que el criterio para evaluar la reputación de los ciudadanos provenga de sus medios privados, en lugar de basarse en sus servicios públicos.

En su libro sobre Maquiavelo, Patrick Curry apunta a otro gran desafío: el de redefinir el trabajo como una contribución de todos, y no como un asunto puramente vinculado al progreso personal.

De todo ello se concluye que la recompensa por los servicios públicos tiene que ser mayor que la de los servicios privados.

Que es justo lo contrario de lo que ocurre hoy en día.

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