jueves, 2 de enero de 2014

Las tribulaciones del 'Doctor Sutil'

 
A los primeros en pisar el paraninfo, esto es, a los hombres que accedían a las recién creadas universidades, les preocupaban una serie de cuestiones que dejarían perplejo a más de un universitario de nuestros días.

Consideremos el caso del franciscano Juan Duns Scoto (1266-1308), tenido por una de las mentes más lúcidas de su tiempo junto al también franciscano Guillermo de Ockham (1280-1349), de quien hablaremos en otra ocasión. Apuntemos aquí, no obstante, que ambos personajes son claves para comprender el final de la escolástica y el comienzo a una nueva manera de pensar.

Siendo muy joven, Duns Scoto ingresó en la orden y, ya como franciscano, cursó estudios de teología en las universidades de Cambridge, Oxford y París. Luego sería profesor en estas dos últimas.

No tardaría en ganarse el apodo de Doctor Sutil en referencia a la sutileza de la que hacía gala en sus análisis.

Intervino en la disputa de los universales afirmando que el entendimiento capta de un modo abstracto lo universal y directa e intuitivamente lo individual.

En otro de sus análisis, el teólogo escocés diría que Dios, como Primer Principio (Primun Mobile), como Causa Incausada, que es infinito por su propia naturaleza, está dotado no sólo de inteligencia sino también de voluntad. En consecuencia, la Creación no es un acto de necesidad metafísica, sino que responde a la plena libertad divina.

La esencia de la voluntad, según Duns Scoto, es la libertad. Por el hecho de ser libre, la voluntad no tiende necesariamente al bien como postulaba Tomás de Aquino (1224-1274). Para el Doctor Sutil, la voluntad es superior al entendimiento, ya que éste no es libre para asentir o disentir de las verdades que capta: el entendimiento es una potencia natural, pero la voluntad no lo es.

Con Duns Scoto dio comienzo el voluntarismo, que dejaría atrás tanto el intelectualismo agustiniano como el tomista. Por voluntarismo entendemos la doctrina filosófica que sitúa la voluntad como la primera de las potencias espirituales del hombre frente a la razón.

Según él, sólo conoceremos de Dios la “voluntas ordinata”, tal como nos lo recordaría Benedicto XVI durante su discurso en la universidad de Ratisbona, pronunciado en 2006:
«Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual habría podido crear y hacer incluso lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho». (Benedicto XVI: 'Fe,razón y universidad. Recuerdos y reflexiones'. Vatican.va.12/09/2006)
Hagamos un inciso para recordar que las universidades medievales nacen en el marco de una teocracia cristiana, y es por ello que las cuestiones que les atañen quedan más cerca de lo divino que de lo humano. Las cosas han cambiado hasta tal punto que el propio papa Benedicto XVI desistió de su proyectada visita, en 2008, a la Sapienza, la universidad de Roma, cuando los estudiantes anunciaron su voluntad de manifestarse durante la misma.

Una de las primeras tribulaciones de Duns Scoto fue, precisamente, motivada por su posicionamiento en defensa del papa, que por aquel entonces era Bonifacio VIII, que estaba enfrentado al rey Felipe IV de Francia, porque éste no se plegaba a la autoridad papal. Debido a ello, el escocés abandonó su cátedra en la universidad de París.
«Esta actitud de Escoto no puede sorprender a nadie que haya leído mínimamente sus escritos, en los que nunca propone, ni como probable, una opinión suya si es contraria a la autoridad de la Sagrada Escritura o de la Iglesia». (Pijoán, José: 'Vida del beato Juan Duns Scoto'. La Hormiga de Oro. Barcelona, 1993. En Franciscanos.org)
Con el cambio de papa, el Doctor Sutil pudo volver a su cátedra en París, pero pronto comenzó su segunda tribulación, esta vez motivada por su posicionamiento en favor de la Inmaculada Concepción. ¿Fue María concebida con o sin “la mancha” (la mácula) del pecado original?
«Algunos escritores de aquel tiempo sostenían la idea fantástica de que antes de la caída de Adán, Dios reservó una porción de su carne y la transmitió de generación en generación, y que de esta carne fue formado el cuerpo de María». (Jiménez, José Demetrio: 'Inmaculada Concepción'. Enciclopedia Católica Online (ECWiki))
Algunas fiestas populares que celebraban la inmaculadidad fueron criticadas por los doctores de la Iglesia, en concreto desde la universidad de París, donde Duns Scoto ejercía como catedrático de teología. Su inclinación por el voluntarismo le llevó a proclamar:
«Potuit, decuit, ergo fecit». (pudo, quiso, lo hizo).
Ante las amenazas de acabar en la hoguera, tuvo que huir de nuevo. Aunque moriría al año siguiente en la ciudad de Colonia.

En aquellos tiempos, la vida universitaria no era fácil, ni siquiera para un cristiano. Imagínate para uno que no lo fuera.

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