jueves, 9 de enero de 2014

Reir a túnel pasado

Sigo donde lo dejamos en 'La metáfora del túnel'.

Me pregunto qué hubiera sido de Giovanni Boccaccio (1313-1375) si hubiera nacido tan solo unos años antes. Dicho de otro modo, ¿Estaba Boccaccio aún dentro de ese oscuro túnel con el que hemos descrito la Edad Media o ya lo había dejado atrás?

Boccaccio escribió sobre la peste en el momento en que esta diezmaba la población de Florencia. Lo hizo al inicio de 'El Decamerón', describiendo un mundo horrible y oscuro del que sus protagonistas huyen. Huyen hacia otro mundo mucho más bello donde reina el buen humor, las bonitas historias de amor, sensualidad y muerte. Esta última siempre presente, a veces como liberadora.

Dicho viaje, el de sus protagonistas, bien podría ser una alegoría del paso entre un mundo oscuro y aburrido a uno bello y divertido. Un viaje que, al igual que nuestra metáfora del túnel, estaría reflejando el cambio de mentalidad que hubo entre una “triste” Edad Media y un Renacimiento “liberado”, que es la tesis que defendería el historiador ruso Mijaíl Bajtín o Bakhtine (1895-1975), por ejemplo.

En su obra, Boccacio dibujó unos personajes que contradecían el espíritu medieval cuyo ideal había sido el del héroe con características propias de su ser, o sea, la fuerza o la belleza, asociadas siempre a la nobleza o la divinidad.

Por el contrario, Boccacio se adelanta a su época con una concepción profana del hombre, con una burla de lo fantástico o lo mítico y con un texto profundamente humanista.

Sobre su propio sentido del humor, él mismo concluye del siguiente modo:
«Y no dudo que haya quienes digan que las cosas contadas están demasiado llenas de chistes y de bromas, y que no es propio de un hombre grave y de peso haber así escrito. A éstas debo darles las gracias, y se las doy, porque, movidas por bondadoso celo, se preocupan tanto de mi fama. Pero a su objeción voy a responder así: confieso que hombre de peso soy y que muchas veces lo he sido en mi vida; y por ello, hablando a aquellas que no conocen mi peso, afirmo que no soy grave sino que soy tan leve que me sostengo en el agua; y considerando que los sermones echados por los frailes para que los hombres se corrijan de sus culpas, la mayoría llenos de frases ingeniosas y de bromas y de bufonadas se encuentran, juzgué que las mismas no estarían mal en mis novelas, escritas para apartar la melancolía de las mujeres».
De hecho, Bocaccio decía que escribió 'El Decamerón' pensando en agradar a las mujeres pues entendía que los hombres tenían muchas oportunidades de distraer sus mentes, mientras que ellas no tenían tantas:
«Por consiguiente, para que al menos por mi parte se enmiende el pecado de la fortuna que, donde menos obligado era, tal como vemos en las delicadas mujeres, fue más avara de ayuda, en socorro y refugio de las que aman (porque a las otras les es bastante la aguja, el huso y la devanadera) entiendo contar cien novelas, o fábulas o parábolas o historias, como las queramos llamar, narradas en diez días, como manifiestamente aparecerá, por una honrada compañía de siete mujeres y tres jóvenes, en los pestilentes tiempos de la pasada mortandad, y algunas canciones cantadas a su gusto por las dichas señoras. En las cuales novelas se verán casos de amor placenteros y ásperos, así como otros azarosos acontecimientos sucedidos tanto en los modernos tiempos como en los antiguos; de los cuales, las ya dichas mujeres que los lean, a la par podrán tomar solaz en las cosas deleitosas mostradas y útil consejo, por lo que podrán conocer qué ha de ser huido e igualmente qué ha de ser seguido: cosas que sin que se les pase el dolor no creo que puedan suceder».
Aún así, parece que su libro tuvo un gran éxito entre los hombres del clero. No debe extrañarnos habida cuenta que eran éstos quienes sabían leer y tenían además acceso a los libros, lo que no ocurría con la mayoría de la gente, ni siquiera en una ciudad como Florencia.

Con respecto al erotismo, la mujer en Boccaccio es ahora sujeto y no solo objeto. No ocurre ni siquiera como en Dante Aligueri (1265-1321) o en Francesco Petrarca (1304-1374) quienes nos la presentan como una idea sobre la que proyectan su amor platónico. En Boccaccio son seres humanos, lo cual representa un avance radical en la historia de la literatura y del pensamiento.

La Iglesia católica tuvo este libro es su radar y lo controló a través de la Inquisición. Llegó a estar incluido en su 'Index librorum prohibitorum', aunque sus editores parece que acabaron por aceptar las recomendaciones que les hicieron en el sentido de sustituir aquellos personajes que suponían una mofa del clero.

Cuando uno tiene 'El Decamerón' en sus manos, diría que en aquella época los humanos entrábamos en un mundo mucho mejor que lo que fue esa “oscura” Edad Media. Pero en las próximas entradas veremos que no fue todo tan bonito en el Renacimiento.

Pero lo dicho, eso será en las próximas entradas.

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