domingo, 5 de enero de 2014

Retorno a la oscura Edad Media


La historiografía tradicional nos ha presentado la Edad Media como un período de oscuridad intelectual comprendido entre dos etapas históricas que brillaron precisamente por todo lo contrario: el Mundo Clásico y el Renacimiento. De hecho, algunos denuncian que los estudiantes de historia pasan hoy de puntillas sobre dicho período, como si se tratara de un paréntesis del que poco o nada es preciso aprender.

No obstante, si hacemos una búsqueda por la red encontremos un sin fin de entradas cuyo propósito manifiesto es el de revertir esta tendencia y demostrar que el Medievo no fue una época tan oscura como se nos dijo, sino más bien una etapa brillante en la historia de la humanidad.

De los promotores del oscurantismo medieval se nos dice ahora que o bien fueron unos ignorantes, o bien unos “modernos ilustrados” que actuaron bajo un sesgo anticlerical provocado por el hecho de que el elemento común a todos esos siglos fuera su cristiandad.

Entre quienes defienden el “resplandor” medieval encontramos frases de este tipo:
«No es correcto referirse a estos siglos como el oscurantismo. Fue un tiempo de fe, en el que los hombres buscaban constantemente a Dios y la verdad a través de Él. Surge la escolástica, importante corriente teológico-filosófica, que buscaba armonizar la fe con la razón, y que por esto mismo originó un fuerte proceso de razonamiento. Se buscaron explicaciones para los más diversos ámbitos de la vida humana. No fue como se cree, una era de retroceso intelectual, sino más bien un avance a través de un enfoque distinto al utilizado hasta entonces». (MacarenaTG: 'Edad Media, Época Oscura'. clubensayos.com 12/09/201212)
La construcción de catedrales y el surgimiento de las universidades serán los argumentos recurrentes para acabar con esa mala imagen de oscurantismo, ignorancia y superstición que solemos asociar con la época medieval.

La Edad Media, no obstante, es una etapa muy larga que suele dividirse en dos partes, tal como vimos en una de nuestras entradas, la que lleva por título 'De Heródoto a Maquiavelo'.

Según Peter Watson (1943), la verdadera edad oscura comprendería los primeros trescientos años, aquellos que van desde la mitad del siglo vi hasta la mitad del ix. En dicho período ya no se estudian los clásicos, según nos dice el autor de 'Ideas' (2006). A partir del siglo vi, «ningún estudioso occidental era capaz de entender griego». Para Watson, el aislamiento progresivo de los mundos griego y latino fue un acontecimiento crucial. De hecho, no hay pensadores de relieve que escriban durante esos tres siglos, como pude comprobar yo mismo mientras reunía información para elaborar esas líneas de tiempo que puedes encontrar en esta bitácora. (Tanto es así que me replanteé la forma en que iba a representarlas gráficamente, pues la correspondiente a estos años tendría que dejarla en blanco).

Pero, ¿y si nos vamos al cine?

En varias ocasiones mencioné 'El nombre de la rosa' (1980) como una película que nos permite hacernos una idea sobre la forma de pensar de los hombres y mujeres que vivieron incluso bastante después de aquellos años a los que Watson se refiere como “la edad oscura”. En 1300, hacía ya mucho tiempo que los hombres pisaban el paraninfo. Faltaba poco, en cambio, para que la gran crisis bajomedieval, y la peste negra, diezmaran la población europea.

Otra película que has de ver (si es que quieres) es 'Ágora' (2009), dirigida por Alejandro Amenábar (1972). En ella se nos muestra como los cristianos primitivos arrasaron la biblioteca de Alejandría y asesinaron y descuartizaron a Hipatia de Alejandría (355-416). Sólo unos años más tarde, en 529, el emperador Justiniano mandaría cerrar la Academia de Atenas, la que fundara Platón, consumando así el apagón intelectual para todo el mundo donde reinara el cristianismo.

Ambas películas enmarcan la época oscura. Las dos muestran escenas donde las bibliotecas son pasto de las llamas. Entre la una y la otra, la mente occidental quedó cerrada. O vacía, tal como pedía san Juan Crisóstomo (347-407), considerado por la Iglesia católica como uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia del Imperio de Oriente:
«Domina tu propia razón, vacía tu mente de conocimientos seculares, para así proporcionar el terreno limpio para la recepción de las palabras divinas». (Watson, 2009; 391)
Suena como si el tal Juan anduviera por la ruta del zen, ¿recuerdas? El zen despreciaba el conocimiento intelectual por ser un impedimento para la verdadera comprensión y sugería que quemásemos nuestras bibliotecas. Y yo entonces te preguntaba: «¿lo harías?».

Los cristianos antiguos sí lo hicieron, movidos por el terror a ser quemados ellos también. Tras el resplandor de las hogueras, los libros, como dice Watson, dejaron de circular y el estudio se convirtió en un dominio exclusivamente eclesiástico. Un dominio que quedó encerrado tras los oscuros muros de las iglesias y los monasterios.

Así lo lamentaba Basilio de Cesarea (330-379):
«Ya no celebramos reuniones ni debates ni encuentros de hombres sabios en el ágora, ya no tenemos nada de lo que en otro tiempo hizo a nuestra ciudad famosa». (Watson, 2009; 392)
Su sinceridad quedó de algún modo oscurecida pues con el paso del tiempo acabaría, él también, brillando como uno de los santos y doctores de la Iglesia.


NOTA: La danza macabra fue un tema muy recurrente durante la crisis de la Baja Edad Media. La imagen de la viñeta muestra una secuencia de 'The Skeleton Dance' (1929), un corto de dibujos animados de Walt Disney. La fecha coincide con la gran crisis económica que hubo en el año 29. Probablemente, la crisis actual será recordada por la historia como más relevante todavía. ¿Es posible que retornemos a la oscuridad de la Edad Media?

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