miércoles, 5 de febrero de 2014

Atrapados entre dos paraísos

El discurso religioso judeocristiano es que vivimos atrapados entre dos paraísos: el paraíso primigenio, de donde salieron nuestros presuntos primeros padres Adán y Eva; y el paraíso prometido, donde disfrutaremos eternamente. Entre medio, nuestra vida trascurre por un valle de lágrimas, condenados al sufrimiento y encadenados al miedo constante de ser víctimas del dolor o la muerte sin haber hecho méritos suficientes para obtener el salvoconducto que nos envíe para allá.

Una de las oraciones cristianas más populares, la 'Salve', dice así:
«A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. / A ti suspiramos gimiendo y llorando / en este valle de lágrimas».
Desterrados. Naufragados. Caídos. Perdidos. Doloridos. Aterrorizados.

Nuestra misión se limitaría, pues, a caminar, o navegar, de un paraíso a otro. Desafiando incendios, terremotos o maremotos. Padeciendo guerras, torturas o violaciones. Afrontando humillaciones, robos o engaños. Soportando crisis, tiranías, o corrupción.

Lo que se nos pide desde la religión, y desde el poder, es conformismo. Que aceptemos el orden establecido, e inevitable, según el cual unos hacen el viaje en primera mientras los demás ocupan el lugar que Dios quiera.
«El que expulsó de la Historia a la felicidad, hubo de hacer rentable para esa misma Historia el sufrimiento. Quien viene dando sentido al sufrimiento se hace marcadamente sospechoso de traer por secreto cometido el de impedir que el sufriente se rebele. Los hombres están siempre dispuestos a creer a muchos que les dicen “vuestro dolor será fecundo”, cuando, por el contrario, deberían confiar en quien les dice “vuestro dolor es absolutamente inútil, gratuito, irreparable”». (Ruescas Juárez, Juan Antonio: «Religión e historia en los ensayos de Rafael Sánchez Ferlosio». Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política. N. 47, julio-diciembre, 2012, 541-558)
El párrafo citado es de Rafael Sánchez Ferlosio (1927) y no tiene desperdicio. Este pensador nos invita a invertir el orden en el que las ideas sobre el sufrimiento y la divinidad se han instalado en nuestras mentes, al señalar que:
«En el principio no fueron, ciertamente, los dioses de los cielos los que impusieron sacrificios a los hombres en la tierra, sino los sacrificios de los hombres de la tierra los que pusieron dioses en el cielo».
En su ensayo, Ruescas Juárez destaca la idea ferlosiana de que la esencia de la religiosidad no reside tanto en la promesa de otra vida en el más allá, sino en mantener una actitud caracterizada, según el autor, por.
  1. El desacato al principio de realidad (u “obstinación contra la facticidad”);
  2. Tener una representación positiva del bien (solo una representación, no un programa instrumental o una voluntad de realización histórica);
  3. La universalidad (entendida, bien como “mantenimiento de una idea de bondad desvinculada de toda relatividad de pertenencia”, bien como voluntad de “vivir entre los hombres”).
Algún día volveré sobre estas ideas de Sánchez-Ferlosio.

El mensaje que las religiones nos transmiten es claro: este espacio entre paraísos que es nuestro mundo es el que es, y mejorarlo es imposible.

Aunque leyendo a Jorge Luis Borges (1899-1986) no parece algo tan difícil de alcanzar:
«Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso».
Pensar en hacer de este mundo un lugar más cercano al paraíso es construir una utopía.

Pero date cuenta que los paraísos, ya sea el terrestre o el celestial, también son utopías, por mucho que nos las presenten como reales. Algunos eruditos de la 'Biblia' han querido ver el río Gihón, el que surca el Paraíso terrenal, unas veces como el Éufrates, otras como el Nilo.

Mucho más precisos intentarían ser James Ussher (1581-1656) por un lado, y John Ligthfoot (1602-1675) por el otro, al proponerse datar el primer día de la Creación. Para el arzobispo de Armagh, ésto ocurrió en la víspera del 23 de octubre del año 4004 antes de Cristo, a las 9 horas de la mañana. Mientras que el vicerector de la Universidad de Cambridge lo situó algo más cerca de nosotros, en el otoño del año 3929 a.C.

Vivimos atrapados entre dos utopías. Dos utopías fantásticas que nos impiden pensar en una utopía real: la de que otro mundo es posible, aquí y ahora.

¿Te lo imaginas?

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