lunes, 17 de febrero de 2014

Disfraces de Satanás

Algunos teólogos de la vieja escuela, como José Antonio Sayés (1944), reclaman la creencia en el demonio de un modo insistente. Según constata Sayés, lo de «creer en la existencia del diablo va contra los postulados del talante secularizador de nuestro tiempo, que no acepta otro criterio de verdad que el de la verificación empírica».

¿Qué sabemos de ese a quien, o de esos a quienes, denominamos como el demonio, el diablo, el maligno, Beelzebul, Satán o Satanás?

Tras lamentarse del poco interés que el tema del demonio suscita entre sus colegas, Sayés admite que:
«Sobre la jerarquía, los nombres y el número de demonios, la Iglesia sabe muy poco». (Sayés, 2008; 169)
Por no decir nada.

Y pese a ignorarlo todo, del demonio se ha escrito mucho. Lo cual no deja de ser asombroso.

Los que saben de estas cosas nunca explican cómo es que lo saben. Como mucho te dirán la manida frase: «está escrito». Pero, ¿escrito por quién?

Pongamos que hablamos del 'Génesis'. Allí se nos habla de lo acontecido cuando Dios creó el mundo. Y de un primer hombre y una primera mujer que habitaban el paraíso terrenal. Y del pecado original por ellos cometido, donde el demonio aparece por primera vez en la historia sagrada de tradición judeocristiana, sólo para tentarles. Y todo esto, ¿es real, o se trata de una fábula? Para Sayés el relato no es un mito:
«Podemos contestar diciendo que es una historia narrada con elementos imaginativos procedentes del ambiente cultural del entorno». (Sayés, 2008; 23)
Lo cual sirve perfectamente para definir lo que es un relato de ficción, o una fantasía.

El relato del 'Génesis' tiene una «clara intencionalidad histórica», insiste el teólogo de Peralta.

Pero con la intención no basta, añado yo.

En todo caso, nuestro teólogo señala algo interesante: apenas hay demonios en el 'Antiguo Testamento'. En él encontramos muchos ángeles, pero pocos demonios. Quien actúa, para bien o para mal, es Dios en persona.

En cambio, los demonios abundan en el 'Nuevo Testamento', como veremos en otro momento.

Del origen de los demonios

He comprobado que algunos piensan, y yo también, que el demonio “habita dentro de nosotros”, de “todos” y cada uno de los seres humanos. Es la forma en que denominamos nuestra capacidad para hacer el mal. Enlaza ésto con el ying y el yang del taoísmo. Y también nos lleva al dualismo.

Los cristianos "que saben", que saben lo que san Agustín o san Pablo establecieron como dogma, han atacado desde siempre el dualismo, o sus versiones posteriores como el maniqueísmo, el catarismo, o el priscilianismo.

¿Por qué?

Pues porque esta gente planteaba que el Bien y el Mal se oponían en igualdad de fuerzas. Y de ahí, a afirmar que el diablo fue malo desde el principio y no creado por Dios, hay poco trecho. Tal cosa sucedió con el obispo Prisciliano de Ávila (340-385) y fue por ello el primer sentenciado a muerte acusado de herejía, ejecutado en nombre de la Iglesia Católica.

Decir que el diablo es principio y causa del mal es anatema. Y, en cualquier caso, puede resultar muy peligroso.

En su libro sobre el demonio, Sayés nos insiste, por activa y por pasiva, que éste es una criatura de Dios. Según ésto, los demonios serían ángeles creados buenos que se rebelaron. Los motivos de tal rebelión no quedan nada claros. Todo son especulaciones, pero en teología éstas se admiten a trámite siempre que procedan de gente afín. A modo de ejemplo te diré que todos los que Sayés cita en dicho libro son personas que pertenecen a la iglesia, muchos de ellos jesuitas.

Cuando se refiere a algo que dijo Nietzsche o Marx, ni los nombra. Quizás porque el primero afirmó «la muerte de Dios» y el segundo desveló que «la religión es el opio del pueblo». Aunque lo que parece preocupar de verdad al teólogo navarro es que el demonio esté definitivamente muerto y que ya no asuste a nadie.

El pecado que supuestamente pudieron cometer los ángeles rebeldes estaría motivado por:
  1. La lujuria, pecado cometido con las hijas de los hombres. Este argumento tuvo éxito entre los primeros doctores de la Iglesia hasta que alguien se dio cuenta de la contradicción que esto suponía al ser los demonios anteriores a Adán y Eva, nuestros supuestos primeros padres;
  2. La envidia del hombre, pues rehusaron reconocer y reverenciar en él la imagen de Dios. Envidia que también se dirige contra el Hijo de Dios, o sea Jesucristo;
  3. La soberbia, al querer igualarse a Dios en la complacencia desordenada de su propia perfección.
Volveremos a retomar este tema del demonio o los demonios, que la cosa está que arde. Mientras tanto, te hago una pregunta:

¿Por qué querrían resucitar a Satanás?

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