sábado, 22 de febrero de 2014

Los huevos de Erasmo

Respecto de humanistas y reformistas, la Iglesia católica lo tenía claro:
«Erasmus posuit ova, Lutherus exclusit pullos» (Erasmo puso los huevos, Lutero los empolló).
Aún no existía la radio pero el clero ya disponía de ingeniosos locutores.

Como ya dijimos, Erasmo de Rotterdam (1466-1536) siempre negó cualquier responsabilidad en el auge del movimiento protestante que lideraba Martin Lutero (1483-1546). Aunque eso no evitó que se viera en serios apuros.

El teólogo holandés había traducido la 'Biblia', al latín, directamente de los textos griegos y hebreos de los que disponía. El resultado ponía en evidencia los errores que aparecían en la 'Vulgata', que era la versión autorizada de la 'Biblia' por la Santa Sede. La 'Vulgata' fue el texto de referencia desde el año 382, en que Jerónimo de Estridón (340-420) la tradujo del hebreo y el griego por encargo del papa Dámaso I (304-384). Tanto Jerónimo como Dámaso fueron posteriormente canonizados.

Con su traducción, Erasmo demostraba hasta qué punto dichos santos habían hecho mal un trabajo tan importante, pues, atención al dato: nadie cuestionó la autenticidad de la 'Vulgata' durante mil años. Casi nada.

Además, Erasmo no se paró ahí, sino que también tradujo los 'Nuevos Testamentos'.

Tales eran “los huevos” que Erasmo puso, según los propagandistas católicos.

Y, siguiendo su argumentación, esos mismos huevos fueron los que Lutero empolló, es decir, que los asimiló, los tradujo al alemán, su lengua vernácula, y los puso a disposición de las imprentas que pronto hicieron que circularan entre la población. Tal escenario era especialmente temido por la Iglesia católica de Roma, pues ahora los textos sagrados quedaban a expensas de la libre interpretación de cada uno y la gente empezaba a poner en duda el papel de intermediario que el clero se asignaba entre Dios y los hombres.

La emergencia de la Reforma pilló a Erasmo en la cúspide de la fama por sus importantes obras literarias. Ni Lutero ni León X acertaban a comprender que para el humanista, ponerse del lado de los unos o los otros le resultara igual de repugnante. El humanista valoraba en mucho su libertad de pensamiento y su independencia individual e intelectual y sabía que ambas se perderían de unirse a cualquiera de los bandos. Así que no tomó partido.

Tuvo, sin embargo, que dar muchas explicaciones por las críticas anteriormente vertidas contra las malas prácticas y los abusos que observaba en la Iglesia. Se vio obligado a manifestar públicamente que sus ataques no se dirigían ni contra la Iglesia como institución ni contra Dios como fuente de inteligencia y justicia, sino sólo contra los malos obispos y frailes que ganaban dinero ya fuera vendiendo el paraíso o practicando otros tipos de simonía, es decir, la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales. ¿Eran pecados o eran delitos?

Católicos y protestantes vieron en la negativa de Erasmo un acto de deslealtad o de cobardía, según el caso.

Al revés de lo que opinaba el holandés, para Lutero, la única manera de poder efectuar una reforma real y completa de la Iglesia pasaba por abandonar los libros y convertirse en el líder espiritual del pueblo. Los protestantes creían en la libertad individual, y decían que no hacía falta una Iglesia para alcanzar la salvación. Esos eran los pollos que Lutero incubó.

Cuando Erasmo dijo que él no esperaba un pollo de esa clase, se refería a que su lucha por cambiar los abusos que los católicos hacían de las ideas cristianas no incluía un cambio en las ideas mismas.

La intransigencia de cristianos católicos y cristianos protestantes pronto desembocó en la locura de una guerra si cuartel que llevó a algunos de sus amigos a manos del verdugo de turno.

En nombre del Dios del amor, uno y otro bando cometerían las peores atrocidades. La violencia reemplazaba a la razón. En cierta manera, las raíces cristianas se empeñaban en abortar toda posibilidad de desarrollar el humanismo.

No sin cierto éxito.

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