sábado, 12 de abril de 2014

La alianza con Noé

Quién sabe si la abundancia de metáforas marineras tiene o no que ver con el mito del arca de Noé. La película 'Noé' (2014), recién estrenada, me sirve de excusa para abordar este tema. Te advierto desde ya que no haré una crítica de la misma, porque no la he visto. Y hasta puede que decida no verla. Lo que sí te propongo es que reflexionemos juntos sobre lo que puede haber de verdad o de mentira en el relato que nos hace la Biblia a propósito del diluvio universal y del rumbo que a partir de ahí tomó nuestra cultura occidental.

Dicho estreno, el de 'Noé', nos llega, no por casualidad, en vísperas de la Semana Santa.

Los españoles que fuimos educados bajo el nacional-catolicismo aún recordamos que, en aquellos días, tanto la televisión como el cine nos castigaban a ver películas cuyos argumentos se basaran exclusivamente en la Biblia o los Evangelios.

Quizás, el director Darren Aronofsky (1969) pretende recuperar aquel tiempo perdido. La suya viene a ser una superproducción cinematográfica que, además de contar con un gran elenco de actores y abundancia de efectos especiales, ha costado entre 130.000.000 y 140.000.000 dólares. O sea, algo más de cien millones de euros, mientras que el presupuesto de 'Ocho apellidos vascos' , también estrenada este año, no llega a tres millones, según The Huffington Post.

Desde uno de los blogs de Libertad Digital se sugiere que lo más sorprendente de esta película es su «mera existencia». Su autor sostiene que se trata de una obra fallida, si bien admite no saber determinar dónde está el fallo. Y aún así, apunta lo siguiente:
«'Noé' pertenece a una categoría de películas que merece la pena proteger». (González, Juan Manuel. «'Noé', con Russell Crowe». En el blog, 'Confesionesde un cinépata')
Merece la pena proteger, dice.

Hago un inciso para resaltar que los neoliberales suelen atacar, puede que de boquilla, todo intento de proteccionismo en defensa del fundamentalismo del mercado libre y la libre competencia. En lo que respecta al cine, 'Noé' entra dentro de sus excepciones y se puede proteger. Un producto estadounidense, caro, y de contenido religioso-conservador. De “proteger” el cine patrio, ni hablar. El patriotismo de nuestros cinépatas neoliberales es como muy hollywoodiense, me temo.

El caso es que el relato original que aparece en el 'Génesis' aparece también en otras tradiciones religiosas. Este “libro sagrado” viene a ser un remake (un refrito) del poema babilónico 'Enûma Elish' (669 a.C.-627 a.C.). Y, concretamente, el episodio del diluvio se encontraba narrado de manera muy similar en el 'Poema de Gilgamesh'.

De cualquier forma, la historia del diluvio universal rebosa incongruencias. Muy resumidamente, todo empieza el día en que Dios se percata de que su obra va a la deriva y decide exterminar “toda carne que se arrastre sobre la tierra”, incluidos los pájaros. De los que habitan las aguas, peces, moluscos, crustáceos y mamíferos acuáticos, no dice nada. Para llevar a cabo dicho genocidio se servirá de un diluvio que será universal. Pero antes, encargará a su amigo Noé que construya un arca siguiendo unas instrucciones muy precisas en cuanto a las medidas y el diseño que ha de tener. La familia de Noé ha de embarcar llevando consigo un número de parejas muy determinado de cada especie de los animales que habitan sobre la tierra.

Y Noé encuentra fuerzas para ello pese a su avanzada edad: tenía 600 años, según se lee en el 'Génesis'.

A pesar de su brevedad, el relato abunda en detalles. No explica, sin embargo, cómo se las apañó Noé y sus tres hijos para hacerse con una pareja de osos polares, u otras de jaguares, tapires, koalas, canguros u ornitorrincos. En aquella época, tales animales no eran conocidos pero ya existían, eso sí, en lugares muy distantes ¿Cómo es que se salvaron del diluvio siendo que éste fue universal?

Por otra parte, ya te habrás dado cuenta de que el mito del diluvio universal lleva implícito la aceptación por parte del mismísimo Dios de haber cometido una chapuza al crear el mundo. Su omnipotencia queda en entredicho cuando se reconoce impotente para arreglarlo a su gusto. Lejos de introducir mejoras, lo único que se le ocurre es destruirlo. Pero luego cambia de opinión y decide resetearlo (o reiniciarlo), reconvirtiendo a Noé en el patriarca de referencia de la especie humana.

Pasado el diluvio, Dios sellará una alianza con Noé y los suyos. Un pacto en el que los humanos no pronuncian palabra:
«Ved aquí la señal del pacto que establezco entre yo [Dios] y vosotros, y cuantos vivientes están con vosotros, por generaciones sempiternas: Pongo mi arco [iris] en las nubes para señal de mi pacto con la tierra, y cuando cubriere yo de nubes la tierra, aparecerá el arco».
E insiste una y otra vez en lo siguiente:
«Estará el arco en las nubes, y yo lo veré, para acordarme de mi pacto eterno entre Dios y toda alma viviente y toda carne que hay sobre la tierra». (Crumb, Robert: 'Génesis'. La Cúpula. Barcelona, 2009)
No deja de resultar sorprendente que el símbolo del arco iris sea utilizado hoy por las parejas homosexuales mientras que el arca de Noé sea el referente por excelencia de las parejas heterosexuales.

Finalmente, de poco sirvió resetear el mundo. El Creador incurrió, de nuevo, en una chapuza. Basta ver cómo los seres humanos nos las hemos arreglado para inventarnos guerras, torturas, miserias y calamidades, que la religión no ha querido atajar, sino más bien fomentar.

Por otra parte, también es cierto que los humanos hemos avanzado en el arte de fabricar naves: échale un vistazo a nuestro Aletheia. Poco tiene que envidiar al arca de Noé, ¿o no?

De la verdad conocemos ahora más cosas que las que el propio Noé supo. Por no saber, o por no querer saber, ni siquiera alzó la voz para preguntar de qué iba todo ésto. Piénsalo: si tuvieras a Dios en línea directa ¿no le cuestionarías por sus motivos para crearnos, destruirnos, o mortificarnos?

A Noé no se le ocurrió.

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