martes, 6 de mayo de 2014

Europa bajo otra bandera

Continuamos dentro del campo de la filosofía política.

Cuando en 2002, Rem Koolhaas (1944) diseñó la bandera de Europa no se inspiró en el 'Apocalipsis', como sí hizo Arsène Heitz (1908-1989) en 1955, sino en las nuevas tecnologías. Fue como si el de Rotterdam pasara un escaner por nuestra geografía y le diera como resultado un código de barras que todos los europeos pudiéramos leer e identificar como nuestra bandera. 

En el diseño de Koolhaas vemos representados los colores de todas y cada una de las enseñas de los países miembros de la Unión Europea. Se trata de una sucesión de bandas verticales que se lee de izquierda a derecha, en un barrido que va desde el país más occidental al más oriental. Repito, como si fuera un código de barras. Tal cual una radiografía multinacional.

El encargo le vino de Romano Prodi (1939) y Guy Verhofstadt (1953), presidente de la Comisión Europea y primer ministro de Bélgica respectivamente. Las conversaciones tuvieron lugar en Bruxelas dentro del marco de un estudio más amplio sobre las necesidades que ha de reunir una capital europea.

El proyecto estaba encaminado a resaltar la diversidad y la unidad”, y Koolhaas propuso un nuevo lenguaje visual que incluía la nueva bandera: la barcode (código de barras).

El diseño propuesto por el arquitecto holandés tiene la ventaja de que se pueden añadir nuevos países sin apenas variar el aspecto general de la misma. Esto ocurrió tan sólo dos años después, y se procedió a un rediseño que incluyera los diez nuevos países que se sumaban a los quince ya existentes en 2002.

Por el contrario, el número de estrellas que aparecen en la actual bandera está limitado a doce. En 1975, Liam Cosgrave (1920), el entonces presidente del Consejo de Europa, hizo la siguiente aclaración:
«El Consejo de Europa será representado en este símbolo bajo la forma de un círculo cerrado de estrellas. Estas estrellas no representan ni países, ni estados, ni razas. Su número será invariable: doce es el símbolo de la perfección y la plenitud, como la unión de los pueblos deberá ser». (Bichet, Robert: 'Le Drapeau de l'Europe'. 1985)
Lo que Cosgrave no nos dijo es que esa docena de estrellas son las mismas que coronan a la virgen en esa visión apocalíptica a la que antes me refería cuando recordaba a Arsène Heitz. No representan ni países, ni estados, ni razas, pero sí a una religión muy concreta. Encontrarás más información en 'Esas raíces cristianas'.

Pocas, muy pocas veces, se ha utilizado la bandera de Koolhaas de modo oficial. Nada más hacerse pública suscitó grandes críticas por parte de los sectores más reaccionarios en el parlamento europeo: leáse populares y cristiano-demócratas. Desde que Prodi dejara la presidencia, la barcode ha quedado en stand-by. O en el olvido, más bien.

La iniciativa de Koolhaas sirvió para que imagináramos Europa bajo otra bandera. ¿Significa eso también que otra Europa sería posible? Es difícil, ¿verdad? Bueno, tal vez puedas hacer algo en las elecciones europeas que se celebran el próximo 25 de mayo. Piensa que aunque pases de la política, la política no pasa de ti. En otras palabras, te estoy diciendo que no te abstengas.

Si te abstienes, dejas el campo libre a los europarlamentarios que se disponen a cerrar el Tratado de Libre Comercio (TTIP) con los Estados Unidos. Como dicen Ortiz y Urtasun, esto representa «un sueño neoliberal y una pesadilla democrática». (Ortiz, Laia; Urtasun, Ernest: «Tratado de Libre Comercio UE-EEUU: un sueño neoliberal, una pesadilla democrática». eldiario.es en 04/05/2014)

No es sólo que la Troika gobierna contra nosotros, los ciudadanos: pronto pasaremos a ser meros súbditos, no ya de Europa sino de los Estados Unidos: estamos ante la americanización de Europa.

Con estas políticas, no es extraño que el número de euro-escépticos crezca escandalosamente. 

Los pactos que conlleva el TTIP se mantienen en la más absoluta clandestinidad. Desde los Estados Unidos nos llega la voz crítica del profesor Joseph Stiglitz (1943) que dice:
«No se entiende tanto secretismo, a no ser que lo que están tramando sea realmente malo». (Ortiz, Laia; Urtasun, Ernest. 04/05/2014)
Te hago notar que el que fuera premio nobel de economía en 2001 suele acertar en sus diagnósticos, al contrario que lo que ocurre con los economistas que ocupan nuestras tertulias radiofónicas y televisivas.

También desde el otro lado del Atlántico pero un poco más al norte, en la Universidad de Toronto, el profesor David Schneiderman sostiene que estamos ante un “Nuevo Constitucionalismo”. Según Schneiderman:
«[El TTIP] garantiza derechos a los inversores por encima de los derechos de los ciudadanos». (Ortiz, Laia; Urtasun, Ernest. 04/05/2014)
Así que poco, o nada, queda de aquél sueño europeo en el que muchos llegamos a creer. Ésta es la Europa de los especuladores. Hoy, populares, socialistas y liberales actúan como títeres que, manejados por los bancos y las grandes corporaciones, se dedican a hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que, además, estamos en una democracia.

¿De verdad piensas que estamos en una democracia real? Pongámosla a prueba. Pensemos una Europa distinta. Una Europa de los pueblos. Una Europa de los ciudadanos. Una Europa bajo otra bandera.

Podemos.


1 comentario:

  1. Vist retrospectivament aquest "podemos" t'ha quedat de conya :)

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