viernes, 19 de septiembre de 2014

Educación y democracia (1ª parte)

Con Wert aferrado al timón del Aletheia nos aproximamos a la costa del Perú. Nunca habíamos llegado tan lejos, geográficamente hablando. Sin embargo, durante toda la travesía no hemos dejado de hablar sobre educación, política y democracia. A regañadientes, el ministro que no quería ser filósofo acaba de admitir que en 2013 redujo las becas para los estudiantes en 75 millones de euros. Hasta hace poco lo negaba. Afirmaba más bien lo contrario:
«Ningún gobierno de España ha dedicado tanto dinero a becas en la historia como éste». (El Diario, 15/09/2014)
No era cierto, tal como suponíamos. El modelo Wert es el de una educación sólo accesible para las élites. No es un modelo democrático. Es el modelo del sálvese quien pueda.

Pero dejemos a Wert enredando con sus cosas y echemos una mirada hacia la costa.

Hace unos años, en Perú, Hilaria Supa (1957), se convirtió en una de las dos primeras mujeres de origen andino elegidas para el congreso. Tres años más tarde, en 2009, Supa sería objeto de una burla promovida por el Correo. Este diario publicó una foto en portada, en el más puro estilo de La Razón, donde se apreciaban los apuntes que ella tomaba durante una sesión del congreso: «¡Qué nivel!» decía el titular de la noticia. En tales anotaciones aparecían faltas ortográficas y gramaticales.

Decía el entonces director del Correo, Aldo Mariátegui (1964), estar muy preocupado porque «el bajo nivel intelectual del congreso dañe tanto a nuestra democracia».[1] Y añadía:
«[...] no se puede pagar más de S/. 20 mil al mes [algo más de 5.000 euros] y darle tanto poder y responsabilidades a quienes no están mínimamente iluminados por las luces de la cultura. Pues aquí lo que se pone realmente en debate es si es sano para el país que pueda acceder al Congreso alguien con un nivel cultural tan bajo, cuya ortografía y gramática revelan serias carencias y sin aparente ánimo de enmienda, porque no me digan que no es evidente que Supa rara vez agarra un libro, ya que está probado que la gente que lee poco es la que peor escribe al estar menos familiarizada con las reglas más elementales de redacción. Nadie pide que cada congresista sea una Martha Hildebrandt, pero, por Dios, tampoco pueden escribir peor que un niño de ocho años.».
Más de una vez hemos oído la queja de que los representantes políticos no están lo suficientemente preparados. Por ejemplo, pocos o ninguno de los últimos presidentes que tuvo el gobierno español pueden presumir de hablar idiomas: Suárez y González creo que nada; Zapatero, Aznar y su señora (ya como alcaldesa) balbucearon el inglés con muy poca fortuna; y Rajoy se lo toma con calma.

Sobre la cubierta del Aletheia no faltan voces que exigen titulaciones o hacer pasar por algún tipo de examen a nuestros representantes políticos. Alguna de ellas insinúa que también a los votantes. ¿Estás de acuerdo?

Los congresistas peruanos reaccionaron en defensa de Hilaria Supa, una mujer que, en efecto, no tuvo oportunidades de ir a la escuela y cuya lengua materna fue el quechua y no el castellano. Si hubiera tenido que pasar un examen o le hubieran exigido la presentación de un título, sus votantes habrían perdido a una de sus representantes, ya que sólo María Sumire (1951) podía exhibir su título de abogada.

¿Recuerdas la oposición que durante siglos mostraron los conservadores españoles a que en España se hable algo distinto del español? 

Pues María Sumire fue autora del proyecto de ley para la preservación y uso de las lenguas originarias del Perú. Allí también los derechistas, antiguos partidarios del polémico expresidente Alberto Fujimori (1938), se opusieron con furia a la aprobación de la citada ley. La oposición la lideró la ya citada Martha Hildebrandt (1925) desde el mismo momento en que Huma y Sumire tomaron posesión del cargo utilizando la lengua quechua. Esto ocurrió en agosto de 2006. Entonces, Hildebrandt pidió a la mesa del congreso que solamente se utilizase el español durante las sesiones del Pleno Parlamentario.

Otra vez: 'Inmersión, ¿o sumersión?' ¿Las lenguas han de servir para unir a los pueblos o para discriminarlos?

Personalmente simpatizo con las razones de las dos mujeres andinas y no entiendo ni apruebo la postura intransigente y elitista de Hildebrant, que decía:
«Yo soy lingüista y por eso respeto todas las lenguas. Pero, desde el punto de vista social, vale más la lengua que tiene muchos millones de hablantes que la lengua que se está extinguiendo». (Hildebrandt Pérez-Treviño, Martha: 'Diario de Debates del Congreso', 06/09/2007; 280-284)
Al leer el currículo de la fujimorista me quedo abrumado. Resumiendo: es lingüista, catedrática, y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua desde hace cuarenta años. Ha escrito y publicado al menos seis libros. A eso hay que añadir haber sido presidenta del congreso en los meses previos a la caída de Fujimori en 2000, y haber desempeñado algún cargo en la UNESCO.

No obstante, sus posiciones en defensa del prescriptivismo lingüístico y del buen uso del idioma son denunciadas como acientíficas y discriminadoras por sus colegas en la academia.

Finalmente, Hildebrandt no pudo evitar que la ley se aprobara en 2011 y que fueran los criterios de Sumire los que se tuvieran en cuenta para crear el Instituto de Lenguas Indígenas del Perú.

¿Sigues pensando que el ejercicio de la democracia debe condicionarse al grado de educación de la gente que vota o que es elegida como representante?

Pues, esta entrada no ha sido más que una introducción a las teorías de Mill, John Stuart Mill (1806-1973) de las que hablaremos próximamente. Quedas advertida. O advertido.



[1] En 2013, el periodista Mariátegui, fue objeto de burlas en las redes sociales al cometer, él también, una clamorosa falta de ortografía: escribió “supervizar” en su programa televisivo 'La Escuelita de Mariátegui'. Pero a diferencia de Hilaria Supa, Aldo Mariátegui sí es hispanohablante. (https://redaccion.lamula.pe/2013/02/11/la-ezcuelita-de-mariategui/paolososa/)

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