martes, 31 de marzo de 2015

De abolir la prostitución

¿Es posible abolir la prostitución?
En Suecia, desde 1999, existe una ley que criminaliza al cliente pero no a quien se prostituye. Los legisladores suecos interpretan que la prostitución es una perpetuación del patriarcado, una faceta más del machismo y, por lo tanto, de la opresión del hombre sobre la mujer. Rechazan la existencia de una prostitución consentida entre iguales y que ésta haya podido existir antes del patriarcado, y tampoco después.

De clara inspiración feminista, este giro legal se apoya en las estadísticas que nos indican que mayoritariamente el hombre es el cliente y la mujer la prostituta. Para Bea Uvoir, que se dice partidaria de abolir la prostitución, «la relación prostituta-cliente es un ejemplo extremo de las desigualdades de género». (Uvoir, Bea: «Sevilla abolicionista». En el blog ¡Hasta la igualdad de género siempre! 29/01/2011) 

En el modelo nórdico, prostitución equivale a explotación sexual. Para los abolicionistas, la definición que da la DRAE, según la cual prostitución es intercambio de sexo por dinero, ya no les vale.
«La compra de servicios sexuales se ve como una práctica contraria a los derechos humanos y una llamada al tráfico de seres humanos». (Nogueira, Charo: «Suecia acorrala a los clientes de la prostitución». El País, 02/10/2011)
Atentar contra los derechos humanos, o ser cómplice de quienes trafican con personas, no es poca cosa. Es por ello que la ley sueca sanciona con multas severas y amenaza con la cárcel a quienes delinquen comprando sexo. Al mismo tiempo, Suecia considera que las personas que venden sexo son víctimas de explotación y les ofrece ayuda para sacarlas del atolladero. Como resultado, las calles de Estocolmo aparecen limpias de la oferta sexual que, a decir de sus críticos, ha pasado a ofrecerse a través de la Internet.

Me pregunto si era éste el objetivo: hacer que la prostitución se vuelva invisible. Sin embargo, que no se vea no quiere decir que no exista. Si el objetivo final consistiera realmente en abolir la prostitución, ¿por qué no continuar la persecución a través de la Red? ¿Lo hacen? ¿Lo van a hacer?

Lo dudo. De seguir por ese camino, la ley sueca conseguiría idénticos resultados a los que se obtienen cuando se aplica una “ley seca”, como la que prohibe el alcohol. Los legisladores suecos no pueden ignorar que de no dar respuesta a la demanda existente, estarían favoreciendo la emergencia de un mercado negro y de las mafias dispuestas a hacerse con su control. En tales condiciones, las personas que se prostituyen, o las que son prostituidas, son las que se llevan la peor parte. Es peor el remedio que la enfermedad, pienso.

Ponerle trabas a la demanda sexual nunca ha dado resultado. La gente siguió comprando y vendiendo sexo incluso cuando los riesgos de contraer enfermedades venéreas eran enormes. Ni siquiera la sífilis pudo con la prostitución.

Planteo ahora la siguiente pregunta:
¿Los seres humanos podemos vivir sin recurrir a la prostitución?
Muchos lo hacemos, o creemos que lo hacemos. Uno de los participantes en el debate apuntaba que tras muchas relaciones sexuales, de esas que solemos catalogar como consentidas, subyace algún tipo de beneficio económico. El matrimonio, desde luego, no escapa a esta categoría. Si no te lo crees, observa el tipo de conflictos que emergen durante un proceso de divorcio. Al fin y al cabo, un matrimonio no deja de ser un contrato. Quizás pienses que es exagerado verlo desde este punto de vista, pero recuerda que hasta hace bien poco los matrimonios eran concertados por terceros que no tenían en cuenta cuestiones románticas, sino estrictamente las de su convenencia. En muchos lugares esta práctica persiste.

Por otra parte, la prostitución sirve para democratizar el sexo. Lo hace asequible a esas personas, hombres o mujeres, a las que rara vez, o nunca, alguien les acepta una relación sexual consentida. Ni todos somos bellos, ni tampoco todas hermosas. Si no te lo crees, deja de mirarte en el espejo y piensa en la cantidad de personas que conoces que no te enamoran. Es posible que esa gente pueda atraer a otros u otras, pero también es muy probable que no enamoren a nadie en toda su vida. Podrás decirme que eso no es culpa tuya. Que es una faceta más del darwinismo social. Pero no me lo digas a mí, díselo a ellos o a ellas.

Los legalizacionistas pensamos que regularizar la prostitución es la mejor manera de proteger a quienes se dedican a ofrecer servicios sexuales.

Pero intercambiar sexo por dinero u otra cosa, entra en contradicción con nuestra cultura actual, con esa idea virtuosa o romántica que nos hemos ido fabricando a través de la literatura y el cine, la que relaciona la actividad sexual con el amor o el enamoramiento. Paralelamente, la prostitución ofende a quienes sólo ven virtud si el contacto sexual queda restringido a la procreación dentro del matrimonio, un punto de vista muy religioso como sabes. Por eso, he dicho en alguna ocasión que la ley sueca me parece bastante “puritana”. De nuevo recurro al DRAE, para explicar que puritano, o puritana, es la persona que «real o afectadamente profesa con rigor las virtudes públicas o privadas y hace alarde de ello». El intercambio económico de servicios sexuales no está contemplado como una virtud, ni pública ni privada, sino todo lo contrario. Casi nadie hace alarde de ello.

Sostengo que la prostitución, entendida como intercambio sexual por dinero, es algo que los seres humanos practican desde siempre y que no podrá ser abolida, aunque se intente. Que se intentará, tampoco lo dudo.

Otra cosa es combatir la explotación sexual y el tráfico de seres humanos, que es algo en lo que todos coincidimos, salvo los que trafican o explotan, claro. En la próxima entrada te explico cómo lograrlo.


3 comentarios:

  1. Opino que lo que es más antiguo es el comerciar para vivir. Comerciar con lo que sea. Lo que yo preguntaría a las personas que ejercen la prostitución por voluntad propia, si lo hacen realmente pq quieren o pq no han tenido oportunidad de aprender ningún oficio. Me temo que en el tema de la voluntad subyace una desigualdad que se ha convertido en costumbre, de tal forma, que se deja de pensar en ella,situándola en un rango de normalidad inacceptable. Convendría no perderla de vista. En el caso de que realmente la práctica de la prostitución fuera por propia voluntad, no solo por supervivencia, tendría que ejercerse dentro de la legalidad.

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  2. "Convendría no perderla de vista" [la desigualdad].

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  3. Si, la desigualdad. Gracias por la acotación!

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