lunes, 30 de marzo de 2015

Sobre el origen de la prostitución

Recientemente tomamos parte en un debate que giraba en torno a la prostitución y la explotación sexual. Aunque todos estábamos de acuerdo en que hay que combatir la explotación sexual, discrepábamos en el modo de gestionarlo llegando a un punto de difícil conciliación. Se formaron dos bandos antagónicos: los abolicionistas, partidarios de criminalizar a quienes pagan por obtener servicios sexuales pero no a quienes se prostituyen; y los legalizacionistas, que abogamos por dotar de derechos laborales a quienes se dedican al intercambio de sexo por dinero.

Dejo para otra ocasión profundizar sobre este tema, porque lo que hoy me interesa es responder, o tratar de responder, a uno de los dilemas que surgieron a lo largo del debate:
¿Es la prostitución el oficio más antiguo del mundo? 
Antes de responder a esta pregunta hay que definir lo que entendemos por prostitución. En el grupo abolicionista entienden que la prostitución es lo que observamos en la calle: trata de mujeres, machismo, violencia de género, extorsiones, enfermedades venéreas, humillaciones, vejaciones,... En el grupo legalizacionista, en cambio, interpretamos que se trata de un intercambio de relaciones sexuales a cambio de dinero. Aquí entramos en un conflicto semántico con los abolicionistas. Según la definición que nos da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), la prostitución no es otra cosa que la «actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero». Que ese intercambio conlleve violencia o explotación no está implícito en dicha definición.

En otras palabras, para quienes estamos por la legalización, la prostitución sería un oficio, esto es, una ocupación habitual susceptible de ser considerada como una actividad profesional. Por el contrario, para los abolicionistas, la prostitución equivale siempre a explotación y debe ser tipificada como un delito contra los derechos humanos.

El origen de la prostitución, según este grupo, hay que buscarlo en la institución del patriarcado, o sea, hace unos 10.000 años. En aquella época los seres humanos pasábamos gradualmente de formar tribus nómadas de recolectores-cazadores a constituir comunidades sedentarias dedicadas a la agricultura y la ganadería. Es el momento del paso del Paleolítico al Neolítico, que se estudia en Prehistoria. Es también cuando se crean otras instituciones como la familia, la propiedad privada y el estado, tal como nos diría Friedrich Engels (1820-1895) hacia 1884. Por no hablar de la religión organizada, cuyos inicios datan de esa misma época.

Si estamos de acuerdo en definir la prostitución en un sentido amplio, equiparándola con la explotación o la esclavitud sexual, yo diría que los abolicionistas tienen razón en situar el origen de la misma en el Neolítico.

Pero si nos atenemos al sentido que le da la DRAE, tendríamos derecho a pensar que los intercambios sexuales hunden sus raíces en los albores de la humanidad.

O antes.

¿Por qué digo antes?

Pues porque también en el mundo animal observamos comportamientos que significan un intercambio de sexo por algún tipo de bien. Se ha observado que los pingüinos de la Antártida permiten que otras hembras les roben piedras de las que utilizan para levantar sus nidos sobre la nieve, si es que previamente obtienen favores sexuales de ellas: o sea, hablamos de que incluso entre las aves hay prostitución.

Evolutivamente, sin embargo, los seres humanos poco tenemos que ver con las aves, pero sí y mucho con los primates. Es bien sabido que los bonobos intercambian sexo por alimentos. Según Frans de Waal (1948), el comportamiento de estos chimpancés enanos viene a ser lo más parecido al comportamiento humano en un medio natural, es decir, sin la influencia cultural que hemos ido desarrollando precisamente a partir del Neolítico.

No todos están de acuerdo con las tesis del primatólogo holandés. Los restos de los australopithecus encontrados presentan un marcado dimorfismo sexual, esto es, que los machos son de un tamaño mucho mayor que las hembras. Esto situaría a nuestros antiguos antepasados más cerca del chimpancé común (Pan troglodytes) que del bonobo (Pan paniscus).

Al contrario que los bonobos, un grupo de chimpancés está liderado por un macho alfa que, como tal, monopoliza el contacto sexual con las hembras. Siendo así, no hay lugar para la prostitución, entendida como intercambio sexual a cambio de algo. Según ésto, nuestros antepasados más antiguos, los australopithecus, no se prostituían. No se prostituían porque el macho alfa no se lo permitía. Lo que tendríamos entonces es explotación sexual, la ejercida por el macho alfa. Es decir, la explotación sexual pudo haber precedido a la prostitución.

Por lo que en su origen, la prostitución pudo ser una estrategia para democratizar el sexo, para liberarlo del abuso sexual de uno sobre todas y sobre todos.
 

3 comentarios:

  1. Opino que el origen de la prostitución es tan antiguo como el instinto del ser humano por la supervivencia. Me da en la nariz que quien vendía su cuerpo en el neolítico es pq no tenía nada más que vender: ni hierbas, ni tierra para vender productos recolectados, ni carne de caza, tal vez por falta de utensilios para ir cazar. Lo que hizo el patriarcado es permitir esa práctica q saciaba los bajos instintos masculinos y, en cambio, revestía de pecado la actividad que ejercía la mujer. Pq es el patriarcado quien dicta qué es pecado y quien el pecador.

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  2. A pesar de estar de acuerdo, lo que sostengo es que hubo prostitución antes del Neolítico y antes del Patriarcado. Otra cosa es como cambiaron las cosas a partir del Patriarcado. Además, este no vino solo, sino acompañado de la creación del Estado, de la propiedad privada y de las religiones.

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  3. Tanto regulacionistas como abolicionistas parece que tienen muy claro su punto de partida. Pero... ¿y si tratamos de conocer en primer lugar la prostitución, y luego ya si eso opinamos? Porque quizá nuestro punto de vista podría cambiar si viésemos toda la película...

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