lunes, 27 de abril de 2015

El dinero de Locke

En la entrada anterior, la que titulamos como 'El enriquecimiento ilimitado e individual', vimos como John Locke (1632-1704) justificaba la apropiación ilimitada de la tierra a través de la aparición del dinero según la teoría del individualismo posesivo enunciada por Crawford Brough Macpherson (1911-1987) en 1975.

En 2012, durante una conferencia que llevaba por título 'Capitalismo y modernidad', Antoni Domènech (1952) expuso una visión del pensamiento lockeano desde una perspectiva muy contraria a la del filósofo canadiense.

Sin llegar a mencionarle, Domènech explica que la mayor parte de las falsificaciones del pensamiento moderno se produjeron durante el siglo xix, pero que a la teoría de Locke le llegó el turno en el siglo xx. Contra «una idea muy extendida» [la de Macpherson], Domènech opone la suya, según la cual:
«Locke acepta la noción anticapitalista de libertad de la Escuela de Salamanca, la inalienabilidad de la libertad (contra la que polemizó Hobbes), así como, una concepción de la propiedad privada explícitamente autoexcluyente y, por lo mismo, nada capitalista. Pero a diferencia de la Escuela de Salamanca, Locke tiene una concepción rara y errónea, “capitalista” si me permitís la broma, del dinero como institución social».
Así que Locke era capaz de ser “anticapitalista” y “capitalista” a la vez, por seguir con la broma iniciada por el filósofo catalán.

Antes de explicar cómo es que la interpretación del dinero por parte de Locke resulta ingenua, Domènech nos introduce en la concepción de la propiedad según la Escuela de Salamanca de aquella época, basada en el conocimiento del derecho romano. Así, el ager publicus quiere decir que toda la tierra es propiedad de la República de Roma. Una parte del ager publicus se destina a usos comunales y otra se destina a uso privado. Por ejemplo, las tierras comunales en Castilla eran propiedad del rey. Esto es, eran públicas. De haber sido Castilla una república, –sigue Domènech– serían propiedad del pueblo y no del monarca. La propiedad, privada o pública, se cede como fideicomiso. Y si se hace mal uso de ella, el soberano puede expropiarla, da lo mismo que el soberano sea un monarca o una república.

Para aclararnos, un fideicomiso (del latín, fideicommissum, mezcla de los conceptos “fe” y “comisión”) es la disposición por la cual un fiduciario deja su propiedad o parte de ella encomendada a la buena fe de alguien, la de un fideicomisario, para que, en caso y tiempo determinados, la transmita a otra persona, al fiduciante, o la invierta del modo que se le señala. 

De entenderlo así, la concepción de la propiedad que se desprende de la teoría de Locke sería muy progresista pues abriría la puerta a que el Estado expropie a quienes no hacen un buen uso de la propiedad, o no hacen uso alguno de la misma. Piensa, por un momento, en las enormes cantidades de tierra que acumulan algunas familias de la aristocracia española o el gran número de viviendas que permanecen sin ser habitadas en manos de los bancos que, paradójicamente, echan a la gente de sus casas mediante los deshaucios.

Los macphersonianos dudamos que esa fuera la idea que inspiraba a Locke teniendo en cuenta que no era un demócrata, punto este en el que coincidimos con nuestros colegas domenechianos [1]: «Robespierre era un demócrata; Locke no», reconoce el propio Domènech.

Es con el dinero de Locke con lo que ya no estamos tan de acuerdo. Para Domènech, el filósofo inglés no entendió o no leyó a los teóricos españoles cuando se pronunciaron sobre este tema:
«El dinero no es una mercancía y por lo tanto no es una tecnología neutra».
El dinero no es un activo, sino un pasivo. Es más, el dinero es una creación del Estado y no una convención anterior a éste, como sugiere Locke. La deuda pública es fundamental para entender la creación del dinero por parte del Estado, sostiene el profesor catalán.

Como dice Domènech, «en los mercados precapitalistas, la gente que concurre a ellos lleva bienes de uso que no han sido producidos para ser vendidos en el mercado, sino que son excedentes. En cambio, en los mercados propiamente capitalistas, donde la división del trabajo es muy especializada, se producen mercancías para ser vendidas en los mercados. Es difícil de entender cómo alguien podría intercambiar bienes antes de que se echen a perder en mercados que sólo intercambian excedentes», que son el tipo de mercados en los que Locke estaba pensando.

Observa que Domènech nos dice por un lado que Locke interpretó perfectamente a los eruditos de la Escuela de Salamanca en lo que se refiere a la propiedad vista como un fideicomiso y, sin embargo, luego nos dice que no entendió para nada el significado del dinero que se impartía en esta misma escuela. Volvemos a la broma de antes, donde la ambigüedad con la que Locke se maneja en términos económicos da para verlo como “capitalista” y “anticapitalista”.

O como un «auténtico bolchevique», en palabras de Domènech.


[1] La distinción entre macphersonianos y domenechianos es una invención del autor de este blog. Dudo mucho que existan tales categorías en el mundo académico.

domingo, 26 de abril de 2015

Del enriquecimiento ilimitado e individual

Puede que te sorprenda o puede que no, pero al preguntar a la gente si están de acuerdo con enriquecerse ilimitadamente me responden, en una gran mayoría, que sí, que están de acuerdo. Pocos advierten el peligro que se deriva de aceptarlo como bueno. El enriquecimiento ilimitado individual es una consecuencia –en mi opinión– de la teoría del individualismo posesivo. Dicha teoría la introdujimos en 'El buen gobierno según Locke'.

La obra de Locke –dice Macpherson– parece contener cuanto un demócrata liberal de nuestros días pudiera desear:
  1. El gobierno por consenso; 
  2. El dominio de la mayoría; 
  3. Los derechos de las minorías; 
  4. La supremacía moral del individuo; 
  5. El carácter sagrado de la propiedad individual. (Macpherson, 2005; 193)
Por poner un ejemplo ilustrativo, te diré que fue en 1974 cuando Robert Nozick (1909-2002) publicó su 'Anarchy, State, and Utopia' (Anarquía, estado y utopía) consiguiendo que, a partir de entonces, la filosofía política libertaria quedara consagrada por el mundo académico. Inspirada en Locke, esta obra pretendía ser una justificación del liberalismo clásico y del estado mínimo. Para Nozick, no hay nada que distribuir pues la creación y distribución de un bien tiene una “historia”: una historia que siempre está ligada a alguien. Los bienes no caen como maná del cielo, –dice Nozick– por lo que no será justo arrebatárselos a ese alguien para distribuirlos entre los demás.

Las historias a las que se refiere el filósofo neoyorquino hunden sus raíces en el estado de naturaleza enunciado por Locke, en 1689, al comienzo de su Segundo tratado sobre el gobierno civil: (en PDF): 
«Para entender el poder político correctamente, y para deducirlo de lo que fue su origen, hemos de considerar cuál es el estado en que los hombres se hallan por naturaleza. Y es éste un estado de perfecta libertad para que cada uno ordene sus acciones y disponga de posesiones y [de sus] personas como juzgue oportuno, dentro de los límites de la ley de naturaleza, sin pedir permiso ni depender de la voluntad de ningún otro hombre». (S.T. sec. 4)   
El propio Locke señalaba que los límites del derecho natural exigen de los hombres que «siendo todos iguales e independientes, ninguno debe dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones». (S.T. sec. 6)  

De mantenerse en tales límites, la teoría lockeana habría sidoun alegato a la propiedad privada limitada, pero en vez de eso acabó siendo un alegato en favor del derecho natural ilimitado de apropiación. Y es que la asombrosa hazaña de Locke –nos cuenta Macpherson– consistió en fundamentar el derecho de propiedad en el derecho natural y en la ley natural, y en eliminar luego todos los límites del derecho natural para el derecho de propiedad. (Macpherson, 2005; 198) 

Es en la sección 36 del Segundo tratado sobre el gobierno civil, donde por primera vez Locke hace la transición del derecho limitado al derecho ilimitado a la apropiación:
«Mas, sea como fuere, [...] esa misma regla de la propiedad, a saber, que cada hombre sólo debe posesionarse de aquello que le es posible usar, puede seguir aplicándose en el mundo sin perjuicio para nadie, pues hay en el mundo tierra suficiente para abastecer al doble de sus habitantes, si la invención del dinero y el tácito consentimiento de asignarle a la tierra un valor no hubiese dado lugar al hecho de posesionarse de extensiones de tierra más grande de lo necesario, y a tener derecho a ellas». (S.T. sec. 36)
Siguiendo con la explicación de Macpherson, será la introducción del dinero lo que permitirá a Locke salvar la limitación de apropiarse de la tierra sólo en la medida en que sea posible obtenerla sin dañar a nadie, es decir, la de no impedir que otro obtenga tierras tan buenas, tan extensas y en la misma cantidad. En palabras de Macpherson, el dinero «ha invalidado la norma natural según la cual todo el mundo puede poseer sólo cuanto es capaz de usar». (Macpherson, 2005; 202)

Al comenzar estas líneas nos sorprendíamos, o no, de que haya quienes aprueban el enriquecimiento ilimitado de un individuo. No reparan en que si ese individuo tuviera éxito en enriquecerse ilimitadamente, dejaría a los demás sin nada.

Quizás sueñan con ser el individuo en cuestión.


Bibliografía utilizada:
  • Locke, John: 'Second Treatise of Government'. Some Texts from Early Modern Philosophy. Jonathan Bennett (ed.). Oxford. http://www.earlymoderntexts.com/
  • Locke, John: 'Segundo tratado sobre el gobierno civil'. Alianza Editorial. Carlos Mellizo (ed.). Madrid, 2000 
  • Macpherson, Crawford Brough: 'La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke'. Trotta. Madrid, 2005

miércoles, 15 de abril de 2015

El buen gobierno según Locke

Además de filósofo y médico, John Locke destacó como político. O como politólogo, si lo prefieres. Es el autor de los 'Two Treatises of Government' (Dos tratados del gobierno civil). Lo que Locke propone es que la soberanía emana de los individuos cuyos derechos naturales, tales como la propiedad, la vida, la libertad y la felicidad, son anteriores a la constitución de la sociedad que surge a partir de un contrato social. Por ese contrato, los individuos ceden parte de su libertad al gobierno a fin de que les proteja sus derechos y libertades individuales. El poder reside en el parlamento, no en el rey. El poder absoluto que los reyes disfrutaron hasta entonces, se acabó con Locke.

En efecto, la soberanía popular se expresa ahora en el parlamento, donde se hacen las leyes que todo individuo ha de cumplir, incluido el rey. Para Locke, la separación de poderes queda repartida entre el poder legislativo (el parlamento) y el poder ejecutivo (el gobierno). Veremos cómo dicho binomio pasó a ser una terna cuando años más tarde Montesquieu (1689-1755) le añadió el poder judicial.

Según Locke hay diferentes caminos individuales para buscar la felicidad y por ello los conflictos son inevitables. Vimos en el 'Conocimiento lockeano' cómo cada individuo debe escribir en su propia tabula rasa el conocimiento que adquiere como resultado de la experiencia. Empirismo y liberalismo son dos conceptos que van muy ligados.

Los contractualistas, como Locke, imaginan un estado de naturaleza anterior al contrato social. La visión que Locke tiene de ese estado de naturaleza es que los hombres (hoy diríamos los seres humanos) viven en una situación de paz donde rigen leyes naturales que surgen de la razón. Una visión muy distinta a la que tenía Thomas Hobbes (1588-1679) cuyo estado de naturaleza era el de 'La guerra de todos contra todos'. Sin embargo, Locke admite que los hombres abandonan ese estado de naturaleza, pacífico en su caso, porque no existe allí una justicia imparcial que asegure los derechos naturales, esos que hemos citado antes. A través del contrato, los hombres ingresan en la sociedad civil. Si los que son elegidos para ejercer el poder violasen el contrato, entonces se volvería al estado de naturaleza.

El sistema lockeano supuso el primer paso para acabar con el Antiguo Régimen y sustituirlo por una democracia liberal. No es de extrañar que liberales y neoliberales tengan a John Locke como un héroe. Por ejemplo, Andrés Mejía Vergnaud, que durante un tiempo dirigió el Instituto Libertad y Progreso (ILP), en Bogotá, nos cuenta su punto de vista:
«En la versión de Locke, los hombres se ven llevados a instituir por consenso común un gobierno. Pero este gobierno, y aquí yace el elemento más importante, no tiene más fin que el de proteger y defender los derechos de los individuos, por excelencia el de la propiedad. Locke da vida así a la formulación clásica del liberalismo político: el Estado existe solo como instrumento de protección de los derechos individuales. Por tanto, no tiene más facultades que las necesarias para ejercer esa protección, y será ilegítima cualquier expansión del gobierno que exceda esas líneas. Vendrán tres siglos de teoría liberal que discurrirán sobre estas bases». (Mejía Vergnaud, Andrés: «Segundo tratado sobre el gobierno civil, de John Locke». En ambitojuridico.com. Legis. Bogotá)
Por otra parte, entre los marxistas existe cierta controversia. No son pocos los académicos marxistas que reivindican a Locke como uno de los suyos, mientras que otros critican tanto a Locke como a Hobbes por haber logrado instaurar el concepto que equipara la sociedad con un "mercado posesivo". Uno de los más significativos críticos de Locke fue el canadiense Crawford Brough Macpherson (1911-1987), autor de 'La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke'. El autor de estas líneas comparte la perspectiva macphersoniana. Por otra parte, el filósofo catalán Antoni Domènech (1952) es muy crítico con la explicación de Macpherson. Y nuevamente, sobre la cubierta del Aletheia no tardan en florecer dos bandos: macphersonianos y domenechianos. De cómo resulte este debate daremos cuenta en próximas entradas.

La justificación de la propiedad privada individual es un punto clave en la teoría lockeana. En su Segundo tratado sobre el gobierno civil, Locke sitúa la propiedad privada como un derecho natural, esto es, anterior al contrato social. Y no sólo eso, sino que justifica que la propiedad individual sea desigual. En palabras del propio Locke:
«Ahora bien, como el oro y la plata, al ser poco útiles para la vida de un hombre en comparación con la utilidad del alimento, del vestido y de los medios de transporte, adquieren su valor, únicamente, por el consentimiento de los hombres, siendo el trabajo lo que, en gran parte, constituye la medida de dicho valor, es claro que los hombres han acordado que la posesión de la tierra sea desproporcionada y desigual. Pues, mediante tácito y voluntario consentimiento, han descubierto el modo en que un hombre puede poseer más tierra de la que es capaz de usar, recibiendo oro y plata a cambio de la tierra sobrante; oro y plata pueden ser acumulados sin causar daño a nadie, al ser metales que no se estropean ni se corrompen aunque permanezcan mucho tiempo en manos de su propietario. Esta distribución de las cosas según la cual las posesiones privadas son desiguales, ha sido posible al margen de las reglas de la sociedad y sin contrato alguno; y ello se ha logrado, simplemente, asignando un valor al oro y la plata, y acordando tácitamente la puesta en uso del dinero; pues, en los gobiernos, las leyes regulan el derecho de propiedad, y la posesión de la tierra es determinada por constituciones positivas». (Locke, John: 'Segundo tratado sobre el gobierno civil'. Alianza editorial. Madrid. Descargar en PDF)
Recuerda que, según Locke, el contrato está para defender los derechos naturales y que él ya ha situado la propiedad privada entre ellos, justificando además que ésta se halle desigualmente repartida. Por eso mismo, la misión del gobierno no debe consistir en encontrar el modo de reducir las desigualdades, sino en asegurar a los propietarios que sigan como tales.

No te sorprenderá que el parlamento lo formaran sólo varones propietarios. Los desposeídos no estaban representados. Las mujeres, tampoco. Y es que a veces perdemos de vista que la democracia no se inventó para el pueblo, sino para los ricos. Para legitimar el poder de los ricos sobre la aristocracia. Y sobre el resto.

Aunque dicho ésto, es posible que diseñar una democracia perfecta fuera pedirle demasiado a alguien que vivió en el siglo xvii. Cierto. Pero tambien es verdad que ese modelo de democracia tan chapucero es, con pocas variantes, es el que tenemos ahora.

Ya te lo advertí: quien escribe ésto es un macphersoniano.

lunes, 13 de abril de 2015

Conocimiento lockeano

A buen seguro que muchos manuales de epistemología (o teoría del conocimiento) empiezan oponiendo empirismo y racionalismo. En 1690 se publicó 'An Essay Concerning Human Understanding'. Su autor, el inglés John Locke (1632-1704) está considerado como uno de los primeros empiristas. El ensayo sobre el entendimiento humano se opone al discurso del método que escribiera el francés René Descartes (1596-1650) bastante antes, cuando el joven Locke apenas contaba con unos cinco años de edad. Lo leyó por primera vez en 1665, es decir siendo ya un treintañero.
 
Ambas obras vieron la luz en tierra extraña, es decir, en el exilio. Y ambos autores optaron por el anonimato. El 'Discours de la méthode pour bien conduire sa raison, et chercher la vérité dans les sciences', apareció en Lieden, Holanda, no en Francia. Mientras que el ensayo de Locke fue publicado por la Bibliothèque Universelle de Genève, en Suiza, no en Inglaterra. Observa, eso sí, que la primera se escribió en francés y la segunda en inglés. Los tiempos del latín como lengua universal quedaban atrás. 
 
El auge de las lenguas vernáculas vino como consecuencia del esfuerzo de humanistasy reformistas. La Reforma que Lutero comenzó en 1517, enfrentó a dos bandos, católicos contra protestantes, en una encarnizada guerra de religión que duró más de treinta años y que acabó con la firma del tratado de paz en Westfalia, en 1648. Descartes vivió exiliado la mayor parte de su vida, mientras que Locke tuvo más suerte y sólo estuvo unos años. Aún así, los acontecimientos políticos de su época tuvieron gran influencia sobre su otra gran obra, los dos tratados sobre el gobierno civil.

En su ensayo sobre el entendimiento humano, el filósofo de Wrington describe la mente humana como una blank slate (una pizarra vacía), más conocido por su expresión latina como tabula rasa. Dicha pizarra vacía se va rellenando con las experiencias que a cada uno nos llegan a través de los sentidos. De esta manera, Locke refuta las ideas innatas, una de las nociones principales en las que se basa el racionalismo cartesiano. Según Locke, no tenemos ideas que no nos vengan dadas a través de la experiencia. Básicamente, en esto consiste el empirismo.

Que los sentidos nos engañan ya lo decía Descartes, y luego lo dirían otros y así hasta nuestros días. No obstante, el método empírico es, posiblemente, el que más nos aproxima al conocimiento verdadero de las cosas y es por eso el más empleado por los científicos.

Aunque ambas teorías, la cartesiana y la lockeana, tienen más puntos en común de los que parece, navegan por rutas filosóficas bien dispares: las ideas innatas sugieren un tipo de conocimiento a priori, común a todos los individuos; mientras que la tabula rasa es un tipo de conocimiento que se adquiere a posteriori, y que, por ello, será distinto para cada individuo. Apunto este dato porque, en mi opinión, el empirismo de Locke es la base para legitimar la corriente individualista que se inició a partir de la Reforma protestante, pero también con 'La lectura silenciosa'.

De una manera que nos recuerda al dualismo cartesiano, el conocimiento lockeano hace distinción entre ser humano (un ser biológico o un cuerpo animal en funcionamiento) y persona (conciencia). Para Locke, una persona debe poseer un conocimiento continuo sobre sí mismo, en el pasado, en el presente y para el futuro. Sobre la identidad personal nos dice:
«[Una persona] es un ser pensante inteligente dotado de razón y de reflexión, y que puede considerarse a sí mismo como el mismo, como una misma cosa pensante en diferentes tiempos y lugares; lo que tan sólo hace en virtud de tener consciencia, que es algo inseparable del pensamiento y que, me parece, le es esencial, ya que es imposible que alguien perciba sin percibir que percibe. Cuando vemos, oímos, olemos, gustamos, sentimos, meditamos o deseamos algo, sabemos que actuamos así. Así sucede siempre con nuestras sensaciones o percepciones actuales, y es precisamente por eso por lo que cada uno es para sí mismo lo que él llama él mismo». (Locke, John: 'Ensayo sobre el entendimiento humano'. Fondo de cultura económica. México, 2005; 318).
Parafraseando al propio Descartes, podríamos decir que “Percibo, luego existo” parece ser la máxima de Locke
 
¿Recuerdas 'La disputa de los universales'? Entonces definimos el nominalismo como una doctrina filosófica según la cual todo lo que existe son particulares. Los empiristas británicos son “nominalistas”, mientras que los racionalistas continentales vienen a ser “realistas”, sus opuestos, los que sostienen la existencia de los universales o las entidades abstractas. Decir que todo lo que existe son particulares es lo mismo que afirmar que sólo existen los individuos pero no la sociedad, pues se trata de una entidad abstracta. 
 
El conocimiento lockeano va deslizando nuestra nave hacia el terreno de la política. Al fin y al cabo, al propio Locke se le considera también como el iniciador del liberalismo político. De su repercusión política ya hablaremos en otra entrada, pero te adelanto que existen dudas sobre la conexión entre el individualismo liberal y el neoliberal. No obstante, en 1987, Margaret Thatcher (1925-2013) dijo lo siguiente:
«Creo que hemos entrado a un periodo donde muchos niños y gente han crecido con la idea de “¡Tengo un problema, es el trabajo del gobierno lidiar con ello!” o “¡Tengo un problema, iré y conseguiré una concesión para lidiar con ello!”, “¡No tengo casa, el gobierno debe darme una!” y así le están arrojando a la sociedad sus problemas, pero ¿quién es la sociedad? ¡No existe tal cosa! Hay hombres y mujeres independientes y hay familias y ningún gobierno puede hacer algo, excepto a través de la gente, y la gente primero tiene que luchar por sí misma». (http://www.margaretthatcher.org/speeches/displaydocument.asp?docid=106689)
Con toda probabilidad el gusano que se come una manzana sólo piensa en devorarla. Es un individuo que lucha por sí mismo. No por los demás. Y, sin embargo, la propia Thatcher envió a un montón de individuos a una guerra a miles de kilómetros de su patria para luchar por un pedazo de tierra donde no crece un solo manzano. Para luchar, ¿por sí mismos? ¿O por esa sociedad que ella afirmaba que “no existe”?

jueves, 9 de abril de 2015

Puertas giratorias

Puede que no todos los que filosofamos sepamos lo que significan las “puertas giratorias”, pero apostaría a que no hay político o política que no lo sepa.

En sentido metafórico, la puerta giratoria explica esa costumbre, tan extendida entre quienes ostentan un cargo público, según la cual al cesar en el mismo pasan a ser contratados por una empresa privada que se benefició, de algún modo, por la gestión que ejercieron mientras estuvieron en política. La puerta giratoria funciona también en sentido inverso, esto es, que ejecutivos de las empresas privadas pasan a ocupar cargos públicos desde dónde podrán legislar o tomar decisiones que beneficien al sector del que provienen, cuando no a su propia empresa.

Hacer girar tales puertas giratorias va en perjuicio del interés público, es decir de todos los ciudadanos, incluidos tú y yo. Porque aumenta la deuda pública, y porque no se les ocurrirá otra que aplicar medidas de austeridad, es decir recortes en los servicios públicos que antes disfrutabas, sobre todo en la Seguridad Social, la Sanidad o la Educación.

Por contra, el hecho de que las puertas giratorias giren y giren va en beneficio de unos cuantos políticos que mejoran notablemente sus ingresos y de unas pocas empresas que se llevan nuestro dinero de miles en miles. De miles en miles de millones de euros.

Los españoles nos hemos escandalizado con el uso que los ejecutivos de Bankia dieron a sus tarjetas black, sin reparar en que la cifra total apenas rebasa los 15 millones de euros. Es dinero, sí, pero poco si lo comparamos a otros casos de corrupción recientes como el de Bárcenas, los ERE de Andalucía, la red Gürtel o el que afecta a la mismísima Casa Real.

A la opinión pública española, hábilmente manipulada por los grandes medios de comunicación al servicio, precisamente, de quienes manejan dichas puertas giratorias, se le oculta, de alguna manera, por dónde se escapa la mayor parte del dinero público.

¿Quieres saberlo? Te pondré algunos ejemplos:
  1. Las radiales de Madrid, autopistas de pago que se realizaron durante los gobiernos de José María Aznar y Esperanza Aguirre. Como los madrileños no las usan, han resultado ser una ruina. Lo hubiera sido para las empresas que las financiaron o construyeron si realmente fuésemos liberales. Pero no lo somos. Aquí, privatizamos beneficios y socializamos deudas. Las autopistas las pagaremos entre todos: unos 2.400 millones de euros. El día que sean rentables, ya veremos qué pasa;
  2. El exceso cobrado por las eléctricas como costes de transición a la competencia asciende a 3.400 millones de euros, aproximadamente. Los gobiernos de turno, el PSOE primero y el PP ahora, no lo reclamaron como era su obligación en defensa del interés público. Y Endesa, Gas Natural e Iberdrola se salen de rositas. ¿Puertas giratorias? Fíjate en que José María Aznar ha estado cobrando de la primera y Felipe González de la segunda. Cantidades que rondaban los 300.000 euros anuales, durante los últimos años. Y no han sido los únicos. Otros ministros también encontraron “empleo” en dichas empresas;
  3. El Castor fue un desastre. Provocaba terremotos frente a la costa castellonense y catalana. Cualquier empresa tendría que asumirlo, pero no una como ACS, la que dirige Florentino Pérez. Empresas así pueden imponer al gobierno de turno e imponen que figure una cláusula RPA (Responsabilidad Patrimonial de la Administración) por la que se les indemnice en caso de lucro cesante, independientemente de si son ellos los culpables de negligencia o mala gestión. En otras palabras, el gobierno del PP ya le ha pagado 1.350 millones de euros, pero al final podría costarnos cerca de 4.000. Los brillantes gestores del PSOE ya hace tiempo que cruzaron la puerta giratoria. Los de la etapa del PP, con el ministro José Manuel Soria a la cabeza, no tardarán en hacerlo;
  4. ¿Vas sumando? La misma ACS también está involucrada en otro fiasco: el del AVE que nos conecta con Francia. Reclamaron sobrecostes por 360 millones de euros, pero no se salieron con la suya. Luego argumentaron, otra vez, lucro cesante, para explicar su negativa a pagar los 428 millones de los que se hará cargo, adivina quién. Es cierto que hay una cláusula de RPA, pero la pregunta es: ¿por qué se firmó esa cláusula? La respuesta: ¿puertas giratorias?;
  5. Con Pedro Morenés y álvarez de Eulate como ministro de Defensa el gasto efectivo ha engordado una media de 1.800 millones de euros en cada uno de los tres últimos años por encima del presupuesto aprobado, según La Marea. Su carrera ha sido una puerta giratoria perpetua, pasando del ministerio de Defensa a las empresas de armamento, como Instalaza, fabricante de las terribles bombas de racimo;
  6. El rescate de los bancos españoles ha pasado de “ni un euro” a costarnos más de 200.000 millones de euros, algo más del triple que lo que admite el gobierno del PP. ¿Puertas giratorias? Bueno, el actual ministro de Economía, Luis de Guindos, viene de Lehman Brothers, empresa que estuvo en el epicentro de la crisis. ¿Dónde crees que irá luego de haber gestionado el rescate? Ya lo veremos.
Me dejo muchos, muchos otros casos. Pero supongo que ahora ya comprendes esa frase que se oía en el 15M reclamando una democracia de verdad.Las puertas giratorias demuestran que son las empresas, las muy grandes, y los bancos, las eléctricas, las petroleras, las farmacéuticas o las constructoras del tipo ACS, quienes realmente mandan sobre los políticos que presuntamente nos han estado gobernando desde la Transición hasta ahora, siempre con la complicidad de la Casa Real.

Es hora de que dejemos atrás ese engaño que nos vendieron como una “Real Democracia” y pasar a una Democracia Real, donde las puertas giratorias dejen de  ser la práctica habitual y quienes nos representen, representen los intereses auténticos de los ciudadanos y no los de una elite corrompida.

domingo, 5 de abril de 2015

De abolir la explotación sexual

Observa el título de esta entrada. Habla de abolir la explotación sexual. No dice nada de abolir la prostitución. No son la misma cosa, aunque si leíste mis anteriores entradas te habrás dado cuenta de que para mucha gente sí lo son. No toda la prostitución, entendida como intercambio de sexo por dinero, acaba en explotación. Ni toda explotación es explotación sexual.

La gran diferencia entre la alcaldesa saliente de la capital del reino y quien presuntamente tomará su relevo está en cómo ambas abordan la prostitución. Vimos que Ana Botella, de perfil conservador y puritano, apostaba fuerte por el modelo abolicionista que implica criminalizar a los clientes, o “puteros”, bajo el argumento de que si se acaba con la demanda se acaba también con la prostitución.[1]

Mientras que su colega de partido, Esperanza Aguirre es contraria a tomar medidas inquisitoriales y defiende que la legalización es la mejor opción. Aguirre se define a sí misma como liberal, aunque quizás le sienta mejor la etiqueta neoliberal. De hecho, la “lideresa”, para muchos de sus seguidores y también de sus detractores, es algo así como la Margaret Thatcher española.

Puede sorprender que, siendo ambas del Partido Popular, defiendan políticas tan dispares. Pero es que la derecha española no es tan monolítica: en ella caben tradicionalistas, falangistas, liberales, neoliberales, franquistas, monárquicos, y dentro de poco hasta socialdemócratas. Y puede que te sorprenda también que ambas posturas encuentren su respaldo entre diferentes grupos feministas. Pero así es.

Para sus socios neoliberales, legalizar la prostitución tiene evidentes ventajas. Les interesa, sobre todo, la libertad de empresa. No me extrañaría que lo que llevan en mente sea crear sus propios burdeles, o macroburdeles. Eso sedesprende de las palabras de Juan Morillo, del Instituto Juan de Mariana:
«Hay que derogar el artículo 188 del Código Penal, que prohíbe el proxenetismo, es decir, el dedicarse a la prostitución como empresario». (Morillo, Juan: 'Las diez consecuencias de ilegalizar la prostitución'. IJM, 22/05/2008)
Llevan razón las abolicionistas cuando nos advierten que al legalizar la prostitución podemos estar dotando de una pátina de legitimidad, cuando no de honorabilidad, a quienes se lucran explotando a las personas que se prostituyen bajo sus órdenes.

Por eso, en mi anterior entrada, 'Prostitución y sus definiciones', decía que no basta con legalizar, sino que hará falta algo más. Luego te explico.

Si escuchamos a Irantzu Varela, presentadora de El Tornillo, el microespacio feminista de La Tuerka, nos dirá que las cosas cambiaron en algún momento de la historia de la prostitución. Según ella:
«Ahora, la prostitución ya no va de sexo. Va de patriarcado y capitalismo. Ahora, la prostitución es una megaindustria global. De hecho, es la segunda industria a nivel mundial después del tráfico de drogas. E implica a más de cuarenta millones de mujeres en todo el mundo». (https://www.youtube.com/watch?v=5BNO0QG9FrQ)
Efectivamente, es esta explotación sexual la que hay que cambiar. Pero criminalizar a los “machunos”, como les llama ella, no es otra cosa que aplicar una nueva inquisición cuyo efecto inmediato será el de crear un mercado negro controlado por las mafias de turno, en el que prostitutas y prostitutos verán empeorar sus condiciones de vida.

Al hablar de prostitución o de explotación sexual, todos coincidimos en que ambas tienen un trasfondo económico. Podemos admitir que no todas las personas que se prostituyen lo hacen por evitar la pobreza, pero creo que estarás de acuerdo conmigo en que si ésta no existiera, mucha gente no se prostituiría.

¿La solución?

Una renta básica garantizada. Si toda persona, por el mero hecho de serlo, tuviera una renta con la que cubrir sus necesidades básicas, no se vería en posición de ser coaccionada para aceptar trabajos denigrantes, algunos de los cuales incluyen ser explotados sexualmente.

Con una renta básica garantizada, los neoliberales que se disponen a hacer negocio con la prostitución encontrarían poca gente dispuesta a dejarse explotar. Y aún lo tendrían peor si propugnáramos leyes que no sólo castiguen la explotación sexual, sino la explotación. Cualquier tipo de explotación.

Efectivamente, acabar con la explotación debería ser nuestro objetivo. De nada sirve intentar acabar con la explotación que se da en torno a la prostitución, si permitimos que exista un sistema basado en que unos pocos sigan explotando al resto. Sería como poner un parche que apenas dudaría. Pronto emergería algún tipo de abuso basado en esa explotación que no quisimos abolir.

Me dirás que si abolimos la explotación, haremos imposible que el capitalismo funcione. Cierto. O visto al revés: mientras el capitalismo funcione, habrá explotación sexual.

Ya lo he dicho otras veces: prostitución habrá siempre, incluso sin capitalismo y sin patriarcado, porque forma parte de nuestra libertad de elección. Y aunque seamos muchos quienes la rechazamos para nosotros mismos, ello no nos da derecho a reprobar a quienes optan por ella.

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[1] Puede que estés pensando que Botella poco pudo hacer ya que estaba limitada a un ayuntamiento. Pero se trataba del ayuntamiento de Madrid, que por sí solo ya representa la tercera parte de los habitantes de Suecia. Vamos, que no es Colmenar Viejo. Ella misma es un personaje relevante con gran influencia en su partido a través de su marido, José María Aznar. Fue alcalde por rebote, es verdad, pero quien la puso ahí fue Alberto Ruiz-Gallardón, quien pasó de alcalde a ministro de Justicia, desde donde promovió la ilegalización del aborto y también la abolición de la prostitución a nivel nacional. Otra cosa es que éste acabara dimitiendo en 2013 cuando se impuso el sector más liberal. Si quieres comprobar de qué iba el plan de Botella, aquí puedes bajarte un PDF: www.madrid.es/UnidadesDescentralizadas/IgualdadDeOportunidades/ContGenericos/ficheros/PLAN_CESAP_2013.pdf

sábado, 4 de abril de 2015

Prostitución y sus definiciones

Antes de explicar cómo la legalización de la prostitución serviría para resolver bastantes de los problemas derivados de la explotación sexual, me interesa abordar algunas cuestiones semánticas y otras éticas que rodean el marco de la prostitución. De ello hablaremos en esta entrada y de lo otro, en la próxima.

La actual alcaldesa de Madrid lidera, desde hace más de una década, una cruzada contra la prostitución. Dice Ana Botella (1954), que la prostitución va «contra la dignidad de la persona. Pues es una forma de explotación inhumana y degradante, cuya legalización atentaría contra derechos fundamentales». Según ella, «en la Europa del siglo xxi, son muchos los que todavía defienden que se trata de un trabajo más. Una posición fácil cuando se trata de personas desconocidas. Habría que comprobar esta opinión si la “trabajadora” en cuestión fuese un familiar». (Botella, Ana: «Madrid tenía razón».Abc, 19/05/2009)

Como sabes, la Iglesia quemaba brujas en el siglo xvii, y con toda probabilidad hubo un buen número de putas entre ellas. De un modo u otro, criminalizar a las prostitutas ha sido lo habitual hasta el siglo pasado, cuando la elite burguesa se convenció de lo ineficaz de esta medida. Tal vez por eso, la estrategia de Botella ya no es esa, sino que aplica al pie de la letra la línea abolicionista que en 1999 trazaron los suecos. La ley sueca, como recordarás, criminaliza a los clientes pero no a quienes se prostituyen. Curiosamente, las feministas que defienden la ley sueca y se declaran partidarias de abolir la prostitución no admiten esa convergencia con la derecha más reaccionaria y puritana. Si a las feministas-abolicionistas no les gusta que las comparen con Ana Botella, a ésta aún menos que la tilden de feminista.[1]

Quizás esta coincidencia tan inesperada la encontremos en que ambos grupos, abolicionistas y conservadores, cuestionan el sexo sin amor. Pero, ¿es que son moralmente no permisibles [2] las interacciones sexuales fuera del marco conyugal o del enamoramiento? ¿Se puede buscar el sexo sólo por placer o es algo que atenta contra la integridad existencial de las personas?

En este punto, Raymond Belliotti lanza la siguiente pregunta:
 «¿Es la importancia del sexo para la integridad existencial un hecho biológico o meramente una interpretación social de ciertos subgrupos de la sociedad?». (Belliotti, Raymond A.: «La sexualidad». 'Compendio de Ética'. Peter Singer (ed.) Alianza. Madrid, 2010; 438)
Interpretar, he aquí el problema.

Los diccionarios sirven para acotar aquellos conceptos sobre los que se centra un debate. De lo contrario es fácil caer en contradicciones. De hecho, quienes estamos a favor de legalizar la prostitución, también tenemos extraños compañeros de viaje, como Esperanza Aguirre por ejemplo. ¿Legalizacionistas y neoliberales remando juntos en la misma dirección? Pero como avisé más arriba, de la legalización de la prostitución hablaremos en la próxima entrada.

Insinuar que la prostitución es “el oficio más antiguo del mundo” puede ser una interpretación errónea, pues tal vez hubo otros oficios que fueron antes, como la caza o la recolección. Lo que sí es cierto es que se trata de un oficio, pues por oficio entendemos “ocupación habitual”. De que además es muy antiguo no creo que quepa la menor duda, pero eso ya lo hablamos en 'Sobre el origen de la prostitución'. En cualquier caso, es muy dudoso que la prostitución apareciera sólo después que se creara el Patriarcado.

En el momento en que voy a explicar la diferencia entre oficio y trabajo asalariado, que es un invento muy reciente, otro participante nos redirige hacia la ética:
«¿Es ético prostituirse? O dicho de otra forma, –añade– ¿es la prostitución algo venal o no venal? Algo no venal es la libertad, por ejemplo. Nadie puede ofrecerse como esclavo a otro, ni nadie puede comprar un ser humano ni siquiera si éste da su conformidad. Como tampoco está permitida la compra-venta de votos».
Alguien discrepa. Una mujer señala que, de todas formas, «el voto cautivo y las redes clientelares son un hecho, y nos afecta a todos. La libertad la vendemos casi todos los días, o al menos en el momento que firmamos una hipoteca. Pero, ¿por qué poner ese límite con el sexo? ¿Lo puedo vender a largo o medio plazo, por seguridad o por mejorar mi posición social, pero no alquilarlo por una cantidad de dinero ahora mismo? ¿Dónde está la diferencia: en los plazos, en el precio, o en el número de clientes?».

Todas las relaciones sexuales tienen un aspecto contractual innegable. En el caso del matrimonio están más que reconocidas socialmente. Fuera de éste, las del tipo que se dan entre amantes o novios, también existe alguna forma de contrato entre las partes, aunque no quede por escrito. Del mismo modo ocurre en la prostitución donde, además, lo primero que se va a pactar es precisamente el precio y la duración del contrato.

Dice Belliotti:
«La base contractual de la interacción sexual resulta ser un acuerdo voluntario fundado en las expectativas de satisfacción de las necesidades y deseos recíprocos. Si bien en ocasiones están en juego importantes sentimientos de intimidad, que distinguen el sexo de las normales transacciones de negocios, y estos sentimientos suscitan una especial vulnerabilidad emocional, esto no prueba que el sexo no sea contractual; más bien muestra que los contratos sexuales son a menudo los acuerdos más importantes que establecemos». (Belliotti, Raymond A.: «La sexualidad». 'Compendio de Ética'. Peter Singer (ed.) Alianza. Madrid, 2010; 446)
El problema de una interacción sexual no está en lo sexual, a pesar de su importancia, sino en las condiciones en las que se contrata dicha interacción; en si hay coacción o no la hay.

A pesar de estar a favor de legalizar la prostitución, creo que ello no será suficiente y que hará falta algo más para que los seres humanos puedan tener relaciones sexuales consentidas sin que en ellas interfieran explotadores, esclavistas, o inquisidores.

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[1] De conocida vinculación con la congregación de los Legionarios de Cristo, Ana Botella representa a ese sector del PP que siempre se ha distinguido por su postura en contra de la legalización del aborto y también por su beligerancia hacia el reconocimiento del matrimonio entre homosexuales.

[2] Afirmar que un acto es moralmente aceptable no implica que sea aconsejable llevarlo a cabo. Según Belliotti: «Un acto puede ser moralmente permisible pero estratégicamente inadecuado y no recomendable porque no sirva al mejor interés a largo plazo de una persona, o porque resulta ofensivo para nuestro gusto, o porque nos aparta de otros empeños que valen más la pena».