domingo, 5 de abril de 2015

De abolir la explotación sexual

Observa el título de esta entrada. Habla de abolir la explotación sexual. No dice nada de abolir la prostitución. No son la misma cosa, aunque si leíste mis anteriores entradas te habrás dado cuenta de que para mucha gente sí lo son. No toda la prostitución, entendida como intercambio de sexo por dinero, acaba en explotación. Ni toda explotación es explotación sexual.

La gran diferencia entre la alcaldesa saliente de la capital del reino y quien presuntamente tomará su relevo está en cómo ambas abordan la prostitución. Vimos que Ana Botella, de perfil conservador y puritano, apostaba fuerte por el modelo abolicionista que implica criminalizar a los clientes, o “puteros”, bajo el argumento de que si se acaba con la demanda se acaba también con la prostitución.[1]

Mientras que su colega de partido, Esperanza Aguirre es contraria a tomar medidas inquisitoriales y defiende que la legalización es la mejor opción. Aguirre se define a sí misma como liberal, aunque quizás le sienta mejor la etiqueta neoliberal. De hecho, la “lideresa”, para muchos de sus seguidores y también de sus detractores, es algo así como la Margaret Thatcher española.

Puede sorprender que, siendo ambas del Partido Popular, defiendan políticas tan dispares. Pero es que la derecha española no es tan monolítica: en ella caben tradicionalistas, falangistas, liberales, neoliberales, franquistas, monárquicos, y dentro de poco hasta socialdemócratas. Y puede que te sorprenda también que ambas posturas encuentren su respaldo entre diferentes grupos feministas. Pero así es.

Para sus socios neoliberales, legalizar la prostitución tiene evidentes ventajas. Les interesa, sobre todo, la libertad de empresa. No me extrañaría que lo que llevan en mente sea crear sus propios burdeles, o macroburdeles. Eso sedesprende de las palabras de Juan Morillo, del Instituto Juan de Mariana:
«Hay que derogar el artículo 188 del Código Penal, que prohíbe el proxenetismo, es decir, el dedicarse a la prostitución como empresario». (Morillo, Juan: 'Las diez consecuencias de ilegalizar la prostitución'. IJM, 22/05/2008)
Llevan razón las abolicionistas cuando nos advierten que al legalizar la prostitución podemos estar dotando de una pátina de legitimidad, cuando no de honorabilidad, a quienes se lucran explotando a las personas que se prostituyen bajo sus órdenes.

Por eso, en mi anterior entrada, 'Prostitución y sus definiciones', decía que no basta con legalizar, sino que hará falta algo más. Luego te explico.

Si escuchamos a Irantzu Varela, presentadora de El Tornillo, el microespacio feminista de La Tuerka, nos dirá que las cosas cambiaron en algún momento de la historia de la prostitución. Según ella:
«Ahora, la prostitución ya no va de sexo. Va de patriarcado y capitalismo. Ahora, la prostitución es una megaindustria global. De hecho, es la segunda industria a nivel mundial después del tráfico de drogas. E implica a más de cuarenta millones de mujeres en todo el mundo». (https://www.youtube.com/watch?v=5BNO0QG9FrQ)
Efectivamente, es esta explotación sexual la que hay que cambiar. Pero criminalizar a los “machunos”, como les llama ella, no es otra cosa que aplicar una nueva inquisición cuyo efecto inmediato será el de crear un mercado negro controlado por las mafias de turno, en el que prostitutas y prostitutos verán empeorar sus condiciones de vida.

Al hablar de prostitución o de explotación sexual, todos coincidimos en que ambas tienen un trasfondo económico. Podemos admitir que no todas las personas que se prostituyen lo hacen por evitar la pobreza, pero creo que estarás de acuerdo conmigo en que si ésta no existiera, mucha gente no se prostituiría.

¿La solución?

Una renta básica garantizada. Si toda persona, por el mero hecho de serlo, tuviera una renta con la que cubrir sus necesidades básicas, no se vería en posición de ser coaccionada para aceptar trabajos denigrantes, algunos de los cuales incluyen ser explotados sexualmente.

Con una renta básica garantizada, los neoliberales que se disponen a hacer negocio con la prostitución encontrarían poca gente dispuesta a dejarse explotar. Y aún lo tendrían peor si propugnáramos leyes que no sólo castiguen la explotación sexual, sino la explotación. Cualquier tipo de explotación.

Efectivamente, acabar con la explotación debería ser nuestro objetivo. De nada sirve intentar acabar con la explotación que se da en torno a la prostitución, si permitimos que exista un sistema basado en que unos pocos sigan explotando al resto. Sería como poner un parche que apenas dudaría. Pronto emergería algún tipo de abuso basado en esa explotación que no quisimos abolir.

Me dirás que si abolimos la explotación, haremos imposible que el capitalismo funcione. Cierto. O visto al revés: mientras el capitalismo funcione, habrá explotación sexual.

Ya lo he dicho otras veces: prostitución habrá siempre, incluso sin capitalismo y sin patriarcado, porque forma parte de nuestra libertad de elección. Y aunque seamos muchos quienes la rechazamos para nosotros mismos, ello no nos da derecho a reprobar a quienes optan por ella.

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[1] Puede que estés pensando que Botella poco pudo hacer ya que estaba limitada a un ayuntamiento. Pero se trataba del ayuntamiento de Madrid, que por sí solo ya representa la tercera parte de los habitantes de Suecia. Vamos, que no es Colmenar Viejo. Ella misma es un personaje relevante con gran influencia en su partido a través de su marido, José María Aznar. Fue alcalde por rebote, es verdad, pero quien la puso ahí fue Alberto Ruiz-Gallardón, quien pasó de alcalde a ministro de Justicia, desde donde promovió la ilegalización del aborto y también la abolición de la prostitución a nivel nacional. Otra cosa es que éste acabara dimitiendo en 2013 cuando se impuso el sector más liberal. Si quieres comprobar de qué iba el plan de Botella, aquí puedes bajarte un PDF: www.madrid.es/UnidadesDescentralizadas/IgualdadDeOportunidades/ContGenericos/ficheros/PLAN_CESAP_2013.pdf

3 comentarios:

  1. Pues no estoy de acuerdo. Sí al subsidio sin fecha de caducidad para los que no pueden trabajar, sea por enfermedad o por falta de trabajo.

    Yo propondría una "formación universal" con acceso a estudios superiores para que tod@s tengamos las mismas oportunidades laborales.

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  2. Estamos inmersos en "la ética del trabajo" calvinista. Tal vez nos convenga reflexionar para qué trabajamos realmente.
    http://www.lamarea.com/2013/12/09/crisis-del-paro-al-ocio/

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  3. Si entiendo bien, la explotación sexual sería lo que defiende el del Juan de Mariana, es decir, obtener lucro de la prostitución. Ganar dinero de esta actividad lo mismo q se puede beneficiar uno de contratar a una camarera, peluquera, o dependienta. Pues... no sé, lo cierto es q parece un poco bestia meter a la gente en la cárcel por crear empleo, no? Ya sé q a nuestros gobernantes les gustan tanto los pobres q no paran de crearlos, pero hasta el punto de convertir en delito el emprendimiento... Vaya q a este paso mejor q nos regalen el dinero pq no van a dejar ganárnoslo.

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