domingo, 26 de abril de 2015

Del enriquecimiento ilimitado e individual

Puede que te sorprenda o puede que no, pero al preguntar a la gente si están de acuerdo con enriquecerse ilimitadamente me responden, en una gran mayoría, que sí, que están de acuerdo. Pocos advierten el peligro que se deriva de aceptarlo como bueno. El enriquecimiento ilimitado individual es una consecuencia –en mi opinión– de la teoría del individualismo posesivo. Dicha teoría la introdujimos en 'El buen gobierno según Locke'.

La obra de Locke –dice Macpherson– parece contener cuanto un demócrata liberal de nuestros días pudiera desear:
  1. El gobierno por consenso; 
  2. El dominio de la mayoría; 
  3. Los derechos de las minorías; 
  4. La supremacía moral del individuo; 
  5. El carácter sagrado de la propiedad individual. (Macpherson, 2005; 193)
Por poner un ejemplo ilustrativo, te diré que fue en 1974 cuando Robert Nozick (1909-2002) publicó su 'Anarchy, State, and Utopia' (Anarquía, estado y utopía) consiguiendo que, a partir de entonces, la filosofía política libertaria quedara consagrada por el mundo académico. Inspirada en Locke, esta obra pretendía ser una justificación del liberalismo clásico y del estado mínimo. Para Nozick, no hay nada que distribuir pues la creación y distribución de un bien tiene una “historia”: una historia que siempre está ligada a alguien. Los bienes no caen como maná del cielo, –dice Nozick– por lo que no será justo arrebatárselos a ese alguien para distribuirlos entre los demás.

Las historias a las que se refiere el filósofo neoyorquino hunden sus raíces en el estado de naturaleza enunciado por Locke, en 1689, al comienzo de su Segundo tratado sobre el gobierno civil: (en PDF): 
«Para entender el poder político correctamente, y para deducirlo de lo que fue su origen, hemos de considerar cuál es el estado en que los hombres se hallan por naturaleza. Y es éste un estado de perfecta libertad para que cada uno ordene sus acciones y disponga de posesiones y [de sus] personas como juzgue oportuno, dentro de los límites de la ley de naturaleza, sin pedir permiso ni depender de la voluntad de ningún otro hombre». (S.T. sec. 4)   
El propio Locke señalaba que los límites del derecho natural exigen de los hombres que «siendo todos iguales e independientes, ninguno debe dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones». (S.T. sec. 6)  

De mantenerse en tales límites, la teoría lockeana habría sidoun alegato a la propiedad privada limitada, pero en vez de eso acabó siendo un alegato en favor del derecho natural ilimitado de apropiación. Y es que la asombrosa hazaña de Locke –nos cuenta Macpherson– consistió en fundamentar el derecho de propiedad en el derecho natural y en la ley natural, y en eliminar luego todos los límites del derecho natural para el derecho de propiedad. (Macpherson, 2005; 198) 

Es en la sección 36 del Segundo tratado sobre el gobierno civil, donde por primera vez Locke hace la transición del derecho limitado al derecho ilimitado a la apropiación:
«Mas, sea como fuere, [...] esa misma regla de la propiedad, a saber, que cada hombre sólo debe posesionarse de aquello que le es posible usar, puede seguir aplicándose en el mundo sin perjuicio para nadie, pues hay en el mundo tierra suficiente para abastecer al doble de sus habitantes, si la invención del dinero y el tácito consentimiento de asignarle a la tierra un valor no hubiese dado lugar al hecho de posesionarse de extensiones de tierra más grande de lo necesario, y a tener derecho a ellas». (S.T. sec. 36)
Siguiendo con la explicación de Macpherson, será la introducción del dinero lo que permitirá a Locke salvar la limitación de apropiarse de la tierra sólo en la medida en que sea posible obtenerla sin dañar a nadie, es decir, la de no impedir que otro obtenga tierras tan buenas, tan extensas y en la misma cantidad. En palabras de Macpherson, el dinero «ha invalidado la norma natural según la cual todo el mundo puede poseer sólo cuanto es capaz de usar». (Macpherson, 2005; 202)

Al comenzar estas líneas nos sorprendíamos, o no, de que haya quienes aprueban el enriquecimiento ilimitado de un individuo. No reparan en que si ese individuo tuviera éxito en enriquecerse ilimitadamente, dejaría a los demás sin nada.

Quizás sueñan con ser el individuo en cuestión.


Bibliografía utilizada:
  • Locke, John: 'Second Treatise of Government'. Some Texts from Early Modern Philosophy. Jonathan Bennett (ed.). Oxford. http://www.earlymoderntexts.com/
  • Locke, John: 'Segundo tratado sobre el gobierno civil'. Alianza Editorial. Carlos Mellizo (ed.). Madrid, 2000 
  • Macpherson, Crawford Brough: 'La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke'. Trotta. Madrid, 2005

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