sábado, 4 de abril de 2015

Prostitución y sus definiciones

Antes de explicar cómo la legalización de la prostitución serviría para resolver bastantes de los problemas derivados de la explotación sexual, me interesa abordar algunas cuestiones semánticas y otras éticas que rodean el marco de la prostitución. De ello hablaremos en esta entrada y de lo otro, en la próxima.

La actual alcaldesa de Madrid lidera, desde hace más de una década, una cruzada contra la prostitución. Dice Ana Botella (1954), que la prostitución va «contra la dignidad de la persona. Pues es una forma de explotación inhumana y degradante, cuya legalización atentaría contra derechos fundamentales». Según ella, «en la Europa del siglo xxi, son muchos los que todavía defienden que se trata de un trabajo más. Una posición fácil cuando se trata de personas desconocidas. Habría que comprobar esta opinión si la “trabajadora” en cuestión fuese un familiar». (Botella, Ana: «Madrid tenía razón».Abc, 19/05/2009)

Como sabes, la Iglesia quemaba brujas en el siglo xvii, y con toda probabilidad hubo un buen número de putas entre ellas. De un modo u otro, criminalizar a las prostitutas ha sido lo habitual hasta el siglo pasado, cuando la elite burguesa se convenció de lo ineficaz de esta medida. Tal vez por eso, la estrategia de Botella ya no es esa, sino que aplica al pie de la letra la línea abolicionista que en 1999 trazaron los suecos. La ley sueca, como recordarás, criminaliza a los clientes pero no a quienes se prostituyen. Curiosamente, las feministas que defienden la ley sueca y se declaran partidarias de abolir la prostitución no admiten esa convergencia con la derecha más reaccionaria y puritana. Si a las feministas-abolicionistas no les gusta que las comparen con Ana Botella, a ésta aún menos que la tilden de feminista.[1]

Quizás esta coincidencia tan inesperada la encontremos en que ambos grupos, abolicionistas y conservadores, cuestionan el sexo sin amor. Pero, ¿es que son moralmente no permisibles [2] las interacciones sexuales fuera del marco conyugal o del enamoramiento? ¿Se puede buscar el sexo sólo por placer o es algo que atenta contra la integridad existencial de las personas?

En este punto, Raymond Belliotti lanza la siguiente pregunta:
 «¿Es la importancia del sexo para la integridad existencial un hecho biológico o meramente una interpretación social de ciertos subgrupos de la sociedad?». (Belliotti, Raymond A.: «La sexualidad». 'Compendio de Ética'. Peter Singer (ed.) Alianza. Madrid, 2010; 438)
Interpretar, he aquí el problema.

Los diccionarios sirven para acotar aquellos conceptos sobre los que se centra un debate. De lo contrario es fácil caer en contradicciones. De hecho, quienes estamos a favor de legalizar la prostitución, también tenemos extraños compañeros de viaje, como Esperanza Aguirre por ejemplo. ¿Legalizacionistas y neoliberales remando juntos en la misma dirección? Pero como avisé más arriba, de la legalización de la prostitución hablaremos en la próxima entrada.

Insinuar que la prostitución es “el oficio más antiguo del mundo” puede ser una interpretación errónea, pues tal vez hubo otros oficios que fueron antes, como la caza o la recolección. Lo que sí es cierto es que se trata de un oficio, pues por oficio entendemos “ocupación habitual”. De que además es muy antiguo no creo que quepa la menor duda, pero eso ya lo hablamos en 'Sobre el origen de la prostitución'. En cualquier caso, es muy dudoso que la prostitución apareciera sólo después que se creara el Patriarcado.

En el momento en que voy a explicar la diferencia entre oficio y trabajo asalariado, que es un invento muy reciente, otro participante nos redirige hacia la ética:
«¿Es ético prostituirse? O dicho de otra forma, –añade– ¿es la prostitución algo venal o no venal? Algo no venal es la libertad, por ejemplo. Nadie puede ofrecerse como esclavo a otro, ni nadie puede comprar un ser humano ni siquiera si éste da su conformidad. Como tampoco está permitida la compra-venta de votos».
Alguien discrepa. Una mujer señala que, de todas formas, «el voto cautivo y las redes clientelares son un hecho, y nos afecta a todos. La libertad la vendemos casi todos los días, o al menos en el momento que firmamos una hipoteca. Pero, ¿por qué poner ese límite con el sexo? ¿Lo puedo vender a largo o medio plazo, por seguridad o por mejorar mi posición social, pero no alquilarlo por una cantidad de dinero ahora mismo? ¿Dónde está la diferencia: en los plazos, en el precio, o en el número de clientes?».

Todas las relaciones sexuales tienen un aspecto contractual innegable. En el caso del matrimonio están más que reconocidas socialmente. Fuera de éste, las del tipo que se dan entre amantes o novios, también existe alguna forma de contrato entre las partes, aunque no quede por escrito. Del mismo modo ocurre en la prostitución donde, además, lo primero que se va a pactar es precisamente el precio y la duración del contrato.

Dice Belliotti:
«La base contractual de la interacción sexual resulta ser un acuerdo voluntario fundado en las expectativas de satisfacción de las necesidades y deseos recíprocos. Si bien en ocasiones están en juego importantes sentimientos de intimidad, que distinguen el sexo de las normales transacciones de negocios, y estos sentimientos suscitan una especial vulnerabilidad emocional, esto no prueba que el sexo no sea contractual; más bien muestra que los contratos sexuales son a menudo los acuerdos más importantes que establecemos». (Belliotti, Raymond A.: «La sexualidad». 'Compendio de Ética'. Peter Singer (ed.) Alianza. Madrid, 2010; 446)
El problema de una interacción sexual no está en lo sexual, a pesar de su importancia, sino en las condiciones en las que se contrata dicha interacción; en si hay coacción o no la hay.

A pesar de estar a favor de legalizar la prostitución, creo que ello no será suficiente y que hará falta algo más para que los seres humanos puedan tener relaciones sexuales consentidas sin que en ellas interfieran explotadores, esclavistas, o inquisidores.

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[1] De conocida vinculación con la congregación de los Legionarios de Cristo, Ana Botella representa a ese sector del PP que siempre se ha distinguido por su postura en contra de la legalización del aborto y también por su beligerancia hacia el reconocimiento del matrimonio entre homosexuales.

[2] Afirmar que un acto es moralmente aceptable no implica que sea aconsejable llevarlo a cabo. Según Belliotti: «Un acto puede ser moralmente permisible pero estratégicamente inadecuado y no recomendable porque no sirva al mejor interés a largo plazo de una persona, o porque resulta ofensivo para nuestro gusto, o porque nos aparta de otros empeños que valen más la pena».

3 comentarios:

  1. Pq vender sexo es prostituirse y vender tartas de manzana no? pq el sexo está considerado pecado por el patriarcado.
    La legalización del oficio tendría que ir acompañada de unos conocimientos previos en cuanto a higiene y fiscalidad de la actividad económica y estos conocimientos tendrían que estar impartidos y homologados por el estado. Y no me he vuelto loca...lo pienso realmente así. Tal vez sería la manera de tener en consideración a las personas que ejercen un oficio que mueve mucho dinero y tantos rios de tinta.

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  2. De acuerdo en lo de la educación. De hecho, pienso que la prostitución nos afecta tanto personalmente porque también tiene que ver mucho con la edcucación: la que recibimos y la que transmitimos.

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  3. Está bien filosofar pero aún mejor si se hace desde el conocimiento empírico de la realidad. Tanto Botella como su antecesor (Gallardón) y su predecesora (Carmena) NO PUEDEN regular la prostitución sencillamente por conveniencia política. La sociedad vería bien esa medida... pero hay muchas cosas q la sociedad desconoce...

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