sábado, 23 de mayo de 2015

El hombre de la mano invisible

Estoy seguro de que más de una vez te hablaron de la mano invisible. De no ser así, me gustaría que me lo dijeras en los comentarios, más abajo.

En realidad, la mano invisible no existe: no es más que una metáfora para referirse a la capacidad de autorregulación que, según dicen, posee el mercado libre. Insisto, no hay nadie que tenga una mano invisible, pero sí hay alguien que la tuvo en su cabeza. El hombre de la mano invisible era un escocés: Adam Smith.

Fue en 1759, cuando Adam Smith (1723-1790) escribió sobre ella por primera vez. Lo hizo en su 'Teoría de los sentimientos morales' primero y, años más tarde, la retomó en 'Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones' (1776). Esta obra hizo que el filósofo de Kirkcaldy pasara a la historia como uno de los fundadores de la economía clásica. Los otros dos son británicos como él: David Ricardo (1772-1823) y Thomas Malthus (1766-1834). Sobre ellos profundizaremos en otra ocasión.

Según Adam Smith, la riqueza de las naciones procede del trabajo. Su obra magna fue el primer estudio completo y sistemático del proceso de creación y acumulación de la riqueza. Es cierto que tanto los mercantilistas como los fisiócratas habían abordado antes este tema, pero sin alcanzar el carácter científico presente en la obra de Smith. De hecho, ya era muy conocida y utilizada la expresión laissez-faire que popularizó el fisiócrata francés Vincent de Gournay (1712-1759), hacia 1750.

La frase completa de Gournay era:
«Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même». (Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo). 
Conviene recordar que los fisiócratas franceses del siglo xviii deseaban una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención de los gobiernos. ¿Liberalismo avant la lettre? Lo cierto es que estaban en contra del intervencionismo del gobierno en la economía, además de abogar por la despolitización del Estado, para asegurar la libertad política y social.

El hombre de la mano invisible se oponía a la visión hobbesiana al sostener –en contra de Hobbes–  que no es el egoísmo lo único que mueve a los humanos, sino que la empatía también forma parte del proceso psicológico. Los humanos somos capaces –decía Smith– de ponernos en el lugar del otro sin esperar obtener un beneficio a cambio. Según Smith, dicha empatía, sumada al egoísmo racional enunciado por Thomas Hobbes (1588-1679), llevaría a los humanos a disfrutar de un bienestar general movidos por la mano invisible del mercado.

Más tarde profundizaría en el importante papel que la competencia juega en el proceso del mercado libre. La tesis central de 'La riqueza de las naciones', afirma que la clave del bienestar social está en el crecimiento económico, al que llegamos a través de la división del trabajo y la libre competencia.

La división del trabajo aumenta a medida que se amplía la extensión de los mercados. Los mercados extensos permiten la especialización que a su vez incrementa la cantidad producida y optimiza el tiempo de producción.

El filósofo escocés decía que el egoísmo revierte en el bien general de la sociedad contribuyendo a que la oferta y la demanda se equilibren mutuamente en beneficio de los precios y el mercado. El egoísmo al que apelaba Adam Smith era esencial para lograr el bienestar. Aparentemente, sin embargo, Smith incurría en contradicción con su defensa de la empatía, en su 'Teoría de los sentimientos morales'. ¿Egoísmo o empatía? De hecho, ¿cuántas veces hemos debatido los del Aletheia sobre si es el altruismo o el individualismo lo que caracteriza el comportamiento de los humanos?

En palabras de Smith:
«El hombre necesita casi constantemente la ayuda de sus semejantes y es inútil pensar que lo atenderían solamente por benevolencia. No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, la que nos lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses. Nosotros no nos dirigimos a su humanidad, sino a su egoísmo; y no les hablamos de nuestras necesidades, siempre de su provecho. La mayor parte de estas necesidades por el momento se satisfacen, como las de los otros hombres, por trato, por intercambio y por compra». («La división del trabajo». IS-LM. Blog de economía y finanzas. 07/02/2014)
La mano invisible, se convirtió en una de las reglas de oro de nuestro sistema económico sobre la que existe un consenso mayoritario. Para Luis Fernando López Silva, tal consenso se forjó, todo hay que decirlo, «a base de mucha propaganda interesada por los sectores económicos dominantes».

Dice López Silva:
«No seré yo quien niegue la mayor y me atreva a señalar que la teoría de la mano invisible sea una bagatela económica, porque sin duda, es una construcción teórica con unos fundamentos sólidos y una experiencia práctica económica que ha propiciado cotas de bienestar como jamás se han alcanzado con otros sistemas económicos. No obstante, el problema de la archiconocida mano invisible es que su excelente funcionamiento requiere, según los expertos y el propio Adam Smith, de tradiciones sociales de alta moralidad y contextos económicos con muy pocas reglas, pero claras y muy vinculantes, es decir, sin resquicios de impunidad y que se cumplan». (López Silva, Luis Fernando: «Sobre la “mano invisible” y la visible». Hoy.es. Badajoz, 04/01/2015) 
Tales requisitos para nada se cumplen en España, que además –sigue López Silva– es un país con fama de pícaros.

A pesar de las evidencias, discrepo con el extremeño por dos razones:
  1. Pícaros los hay en todas partes, también en Nueva York; 
  2. La mano invisible permite la acumulación de la riqueza en muy pocas manos creando enormes desigualdades. Y esto pasa tanto en España, como en países menos regulados como los Estados Unidos o el Reino Unido. 
La mano invisible tenía como misión la de corregir las contradicciones que genera la competencia. Pero, ¿acaso es posible llegar a disfrutar de un bienestar general partiendo de un sistema basado en el egoísmo individual?  

Smith creía que sí. ¿Y tú?

viernes, 15 de mayo de 2015

Sombras sobre magenta

Ayer mismo, cuando en Valencia los termómetros marcaban 44ºC, me crucé con una sonriente Rosa Díez (1952) rodeada de globos de color magenta. Ello a pesar de que, desde hace unos meses, la vida dejó de ser de color de rosa para los de Unión Progreso y Democracia (UPyD).

El partido magenta se estrenó en las elecciones de 2008 con un escaño en el parlamento nacional, el que ocupó ella misma. En 2011 ya eran la tercera fuerza política por número de votos, y todo parecía dispuesto para que fuera UPyD quien tomara el relevo al PP o al PSOE en el momento que cualquiera de éstos empezaran a flaquear.

En 2014, en las elecciones al parlamento europeo ambas fuerzas, PP y PSOE, flaquearon a la vez, pero quien inrrumpió con fuerza fue Podemos, no UPyD. Desde entonces, aumentaron las voces que desde dentro y fuera del partido abogaban por subscribir un pacto con el partido de Albert Rivera (1978), Ciutadans (C's). Hubo algunos coqueteos, pero no se llegó a un acuerdo. 

Los medios de comunicación no tardaron en pintarnos un escenario donde el barco de UPyD hacía agua por todas partes. Estaba claro que a los poderosos les interesaba promocionar la marca naranja y hundir la magenta. Para ellos, no resulta conveniente que los ciudadanos puedan votar indistintamente a uno u otro partido, pues compiten por el mismo nicho electoral y, yendo por separado, se restan votos. 

Así, los medios destacan que fue el egotismo de Díez, y no las exigencias de Rivera, lo que malogró el pacto entre ambas formaciones. También critican a Díez la forma en que maneja el timón de UPyD, expulsando o silenciando a los disidentes. En cambio, disculpan la cobardía o la traición de quienes abandonan el barco, al tiempo que aplauden que Rivera se apreste a hacerles un hueco a bordo del suyo. Si quieres saber más de la operación “Podemos de derechas”, te recomiendo leer 'El agente naranja', en esta misma bitácora.
Sirva como muestra de lo anterior este párrafo de Jorge Bustos publicado en el diario El Mundo:
«Un día estaba Winston Churchill pronunciando un discurso en la cámara de Westminster cuando vio cómo uno de sus diputados, en señal de desacuerdo con lo que estaba oyendo, se levantaba de la bancada tory y se sentaba con la oposición. Entonces el legendario premier interrumpió su perorata y murmuró: “Es la primera vez en mi vida que veo a una rata nadando hacia el barco que se hunde”. El barco de UPyD hace aguas (sic) por todas partes, pero ni Rosa [Díez] es Churchill ni son ratas los militantes que cambian el distintivo magenta por el tono naranja ante la derrota –en su doble acepción– impuesta por la gran timonel. ¿Que es el instinto de supervivencia y no el idealismo lo que mueve a quienes rechazan el papel de violinistas en el Titanic de Díez? Puede, pero es que el primer deber de un político es sobrevivir. Si no existes no pueden votarte, y si no te votan no puedes llevar tu querido programa a la práctica». (Bustos, Jorge: «Ignacio Prendes: 'UPyD fue mi primera novia, con la que cometes todos los errores'». El Mundo, 12/05/2015)
Las metáforas funcionan. Para Bustos, el barco de Díez es el Titanic, pero quienes abandonan el proyecto magenta por el naranja, lo hacen cumpliendo con su deber: de ningún modo son las ratas que Churchill dijo que eran. Supongo que porque esta vez nadan en la buena dirección, la que los poderosos aprueban, en la que El Mundo desea. Probablemente, hasta el señor Wiston Churchill (1874-1965) aplaudiría en esta ocasión: al fin y al cabo el premier británico fue también un claro representante de la casta de su época.
Sobre la cubierta del Aletheia, flota una pregunta:
«¿Por qué los del Ibex 35 prefieren a C's sobre UPyD como el recambio del bipartidismo que hasta ahora habían protagonizado el PP y el PSOE? ¿Cómo es que no serán ellos quienes recojan el testigo de los dos partidos del régimen del 78?».
Tengamos en cuenta que Unión Progreso y Democracia (UPyD) fue creado en 2007 como un partido “constitucionalista” de centro, de “centro radical”. El origen de sus siglas suele explicarse de esta manera:
  1. Unión, por su defensa incondicional de la unidad de España. Se declaran “no nacionalistas”, [lo que en realidad significa que optan por un nacionalismo españolista radical];
  2. Progreso, por ser un partido progresista respetuoso con la libertad individual. El socialiberalismo es una tendencia política que propugna que el bienestar y desarrollo de la sociedad es compatible con la libertad de sus individuos. [El socialiberalismo no es más que una forma de neoliberalismo, en mi opinión];
  3. Democracia, porque se declaran “demócratas radicales”.
Como ves, nada que pudiese alterar el orden establecido por los poderes económicos.
Al principio, UPyD se batió el cobre oponiéndose a cualquier negociación que acabara con el terrorismo de ETA. Se esforzaron tanto en ello que, una vez que la banda anunció su disolución en 2011, les costó encontrar su sitio.
Un año después, apostaron por aplicarse como los demócratas radicales que dicen que son: presentaron una querella contra Rodrigo Rato (1949) por supuestos delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. A Rato, ministro de economía entre 1996 y 2004, la propaganda del régimen nos lo presentó como “el mago de las finanzas”, el artífice del “milagro español”. Por tales méritos estuvo a punto de ser el elegido para dirigir el PP, pero el dedo de José María Aznar (1953) señaló finalmente a Mariano Rajoy (1955). Entonces, en 2004, pasó a dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI) para dimitir tres años más tarde. Un informe interno del FMI señala que durante ese periodo se vivió en una burbuja de optimismo mientras se gestaba la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión (1929). Otros analistas sugieren que Rato es también el responsable de crear la burbuja urbanística vivida en nuestro país en los años en que estuvo en el gobierno. 
 
El 16 de abril de 2015, Rodrigo Rato fue detenido por la policía judicial, aunque posteriormente fue puesto en libertad. En UPyD argumentan que:
«Los hechos están demostrando que destinar una parte de nuestros recursos, un cuarto de millón de euros, en vez de destinar a nuestra campaña, lo destinamos a que se haga justicia y se depuren responsabilidades políticas, lo que demuestra que somos un partido útil». («UPyD reivindica su “utilidad” en la querella contra Rodrigo Rato por Bankia». En eldiario.es, Madrid, 21/04/2015)
Todo parece, sin embargo, que el partido de Rosa Díez cruzó una de esas líneas rojas que no se pueden pasar.

martes, 5 de mayo de 2015

Podemos, pudimos, podremos

Escribo como simpatizante de Podemos. Podría decir que lo soy desde antes incluso de que Podemos existiera como tal, cuando leía a Monedero o visionaba el programa de La Tuerka. No obstante, no participo en sus círculos. Dicho ésto, tú decides si te embarcas o no en la lectura de las líneas que siguen.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que las tertulias en torno al futuro político de España y de Europa no podían ser más desalentadoras. La gente parecía dormida. Se aceptaba con resignación que los políticos nadaran en la corrupción al tiempo que recortaban nuestros derechos, a beneficio de la elites económicas. La desigualdad crecía y nadie parecía creer en que podríamos cambiar de rumbo.

El 15 de mayo de 2011, emergió el 15M, una esperanza de cambio. La gente despertaba de repente. Hombres y mujeres de todas las edades se juntaban en las plazas donde conversaban sobre aquello que les preocupaba e indignaba. El 15M supuso un espacio de encuentro. Los indignados lo definían así:
«El 15M es un movimiento que se define mucho por sus formas de actuar más que por su contenido. Surge del hartazgo de que los políticos no nos hagan caso. Todo está en permanente definición, que todo el mundo pueda participar, un espacio poco definido y muy dinámico. Está vivo y continuamente definiendo qué somos».
Fuimos muchos los que nos acercamos a las plazas o, ya como internautas, profundizamos en lo que allí se debatía. Como era de esperar, los políticos no escucharon. Se enrocaron en sus posiciones. Desde la seguridad del bipartidismo (PP-PSOE), que ellos suponían eterno, se mofaban de los indignados advirtiéndoles que para cambiar el sistema no les quedaba otra opción que la de presentarse a las elecciones. Luego respiraron tranquilos cuando las plazas quedaron limpias de “perroflautas”. Para muchos, el 15M naufragó.

El término perroflauta se utiliza de forma despectiva para referirse a cualquier joven con aspecto desaliñado. Eso es lo que nos dice la Fundéu BBVA que, además, señala que dicha palabra cobró protagonismo a raíz del 15M, cuyo gérmen lo sitúan en la escuela de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. («Perroflauta, en letra redonda y en una solapalabra». En fundeu.es, 24/05/2011)

Con tales antecedentes, nadie debería haberse sorprendido demasiado cuando un grupo de profesores, precisamente de la Complutense, se lanzaron a la arena política dispuestos a convertir las ideas surgidas del 15M en un programa de partido. Querían cambiar el sistema y conseguir una democracia real. Era la hora de Podemos.

PODEMOS

El partido que Carolina Bescansa (1971), Pablo Iglesias (1978) y Juan Carlos Monedero (1963) fundaron en marzo de 2014, se estrenó en las urnas tan sólo dos meses después, obteniendo cinco diputados en el Parlamento Europeo. 

Fue un éxito inesperado para muchos, sobre todo para la casta política, la que utiliza lo público para enriquecerse. A partir de entonces, el ascenso de Podemos en las encuestas parecía imparable. Sólo dos meses después de las europeas, el CIS ya lo situaba como el segundo partido en intención directa de voto. En noviembre eran los primeros.

Los fundadores recibieron gran atención mediática al igual que otros miembros de la formación, como Íñigo Errejón (1983), Pablo Echenique (1978), Luis Alegre (1977), Teresa Rodríguez (1981) o Lola Sánchez (1978).

Se habló mucho del programa económico de Podemos incluso antes de conocerse el borrador que elaborarían los catedráticos Vicenç Navarro (1937) y Juan Torres (1954). Se debatió, por ejemplo, sobre la idoneidad de una renta básica universal frente a una renta mínima garantizada, un tema que abordaremos próximamente en esta bitácora.

Los poderes económicos veían amenazados sus privilegios de casta y pronto pasaron al contraataque. Por un lado, desarrollarían la operación “Podemos de derechas” de la que hablamos en El agente naranja; por otro, nos sumergían en una campaña de acoso y derribo contra Podemos, por parte de todos los medios de comunicación controlados por la casta, que son casi todos. 

En fecha tan temprana como julio de 2014, Vicenç Navarro ya decía en su blog:
«Estamos viendo, pues, el intento de destruir por todos los medios imaginables un movimiento que se considera amenazante a la estructura de poder financiero, económico, y por lo tanto político y mediático, de este país». (Navarro,Vicenç: «Pablo Iglesias y los supuestos defensores de los derechos humanos». En Público, 07/07/2014)
Y hace tan sólo unos días, Ana Barba escribía en el suyo algo muy parecido:
«Su estrella fulgurante encandilaba a un espectro tan amplio de la sociedad, que realmente creímos que el cambio era posible, que se lograría esta vez. Pero, por lo visto, al sistema también le parecía factible ese cambio, tan nefasto para ellos. De ese modo, comenzó un ataque furibundo contra todos los dirigentes podemitas. Víctimas de esa persecución han sido, en mayor o menor medida, Errejón, Monedero e Iglesias, con una víctima colateral muy clara: Tania Sánchez». (Barba, Ana: «Podemos: El año que pudimos cambiar las cosas». Público, 01/05/2015)
La espiral de ataques contra los responsables de Podemos por parte de sus rivales políticos y los voceros mediáticos de éstos, llegó a ser insoportable a principios de 2015. Coincidía, no por casualidad, con la puesta de largo del agente naranja, que pasaba de ser Ciutadans a llamarse Ciudadanos. Según Albert Rivera, el ascenso experimentado por su organización es proporcional al descenso de Podemos en las encuestas.

PUDIMOS

Quizás Rivera peque de exceso de optimismo, pero lo cierto es que a día de hoy se observa un cierto desencanto en las filas podemitas, convencidos como están de que sólo la victoria les vale. Podemos podría estar quedándose en un “pudimos”, según varios relatos.

La crisis provocada por la salida de Monedero puede ser, en parte, como una consecuencia de ese zarandeo de las olas de la opinión pública. Pero también podría estar motivado por su rechazo al giro de timón hacia la centralidad y el tacticismo impulsado por Íñigo Errejón, número dos de Podemos. (Manetto, Alfredo: «Monedero cayó tras un pulso con Errejón en ladirección de Podemos». El País, 01/05/2015)

En el fondo de la crisis que actualmente vive Podemos –dice Barba– conviven dos almas:
  1. La que quiere heredar el viejo romanticismo del 15-M (en favor de la democracia asamblearia y en contra la democracia representativa);
  2. La que opta por el posibilismo para alcanzar el poder mediante movimientos puramente tácticos.
El propio Monedero lo explicó así, a su manera:
«Yo soy más de Galeano que de Juego de Tronos».
Recordemos que Juego de Tronos es un tema recurrente para los estrategas de Podemos y que, recientemente, Pablo Iglesias le regaló un ejemplar de esta novela al rey Felipe VI, en un encuentro difícil de asimilar para un republicano.

Escribe Raúl del Pozo, en El Mundo, que Monedero no se apuntó a la insurrección para llegar a comandante. Que lo que él quiere es transformar la sociedad, cambiar a la gente, hacer otro país. Otro país que, sin duda, sería una república. (del Pozo, Raúl: «El segundo timonel». El Mundo,29/04/2015)

Me cuesta creer que Errejón errara en su estrategia, pero empiezo a pensar que yo mismo también estaba equivocado. Cambiar de discurso para pescar en los caladeros del centro tal vez sea efectivo, pero son votos volátiles que podrían acabar en las redes de Ciudadanos, un partido que según María Eugenia R. Palop es el transgénico del Ibex 35. Un partido que los medios al servicio de los de arriba nos venden como el de centro, como el del “cambio sensato”. Por otra parte, cambiar de discurso para dejar de decir esas cosas que antes decían, (como que “el miedo ha de cambiar de bando”) podría llevar a que bastantes votos seguros abandonen el barco. (Palop, María EugeniaR.: «Ciudadanos: transgénico Ibex 35». En eldiario.es, 03/05/2015)

Aún así, nos quedan unas semanas, unos meses, para saberlo. 

PODREMOS

Fue Pablo Iglesias, en el congreso de Vistalegre, quien lanzó la frase:
Para Iglesias, la política consiste en alcanzar el poder. Como si de un jugador de ajedrez se tratara nos habla de “ocupar la centralidad del tablero” y para ello apela a construir una gran mayoría. Sabe que necesita esa mayoría para neutralizar a los partidos de la casta. Pero el asalto a los cielos podría llevar su tiempo, pues quienes ahora lo ocupan no necesariamente cederán al primer embite. Hay que tenerlo en cuenta.

Alcanzar el poder, es algo que tenemos que hacer juntos. No lo alcanza uno solo. No vale el singular, sino el plural: nosotros. Poder se conjuga, en presente como “podemos”, en pasado como “pudimos” y en futuro como “podremos”. Esto es lo que realmente importa:
«Nosotros podremos asaltar los cielos».
Mediante la operación “Podemos de derechas”, el presente parece controlado, de nuevo, por los de arriba. Si Podemos no ganara en noviembre, los recortes seguirán. Habrá más desahucios. Los impuestos subirán para los de abajo y se reducirán para los de arriba. No te engañes, para los de muy, muy arriba. Se avanzará en privatizaciones de la sanidad y la enseñanza. Es decir, pagaremos por todo más y obtendremos peores servicios. Subirán los recibos de las eléctricas y el gas. Seguiremos con la ley mordaza que castiga la libertad de expresión y las manifestaciones. Observaremos la impunidad con la que las fuerzas de seguridad golpean a sus conciudadanos. Y nos escandalizaremos, o no, al comprobar cómo a los corruptos les minimizan las penas o les indultan.

Si siguen arrasando el país, es obvio que los ciudadanos (los de verdad) acabarán por caerse del guindo. Se removerán las conciencias de la mayoría y entonces sí podremos desalojar del poder a quienes lo han estado corrompiendo para su propio beneficio. Conviene pues guardar las esencias para que el discurso de Podemos no se confunda con el de Ciudadanos que es, más o menos, lo que creo que viene a proponer Juan Carlos Monedero.

No obstante, entiendo las prisas de Iglesias y Errejón. Dentro de cuatro años, puede que el cielo que conquistemos no sea más que “tierra quemada”. El tiempo es un factor decisivo para ambos bandos: para los de arriba como para los de abajo.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac,...
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sábado, 2 de mayo de 2015

El agente naranja

Un agente naranja recorre España. Se trata de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C's), cuyo líder es Albert Rivera (1979). Los “naranjitos”, como les llaman desde el PP, nacieron en Cataluña, en 2006, con el objetivo de enfrentarse a las políticas nacionalistas identitarias, oponiendo su credo constitucionalista, postnacionalista y progresista. En su Ideario (en PDF) señalan otra razón más: la del «vacío de representación que existía en el espacio electoral de centroizquierda no nacionalista». Sin embargo, Ciudadanos viene a estar a la derecha del centroderecha o más allá, como veremos a continuación.

En junio de 2014, sólo un mes después de las elecciones al parlamento europeo, Josep Oliu, propuso crear “una especie de Podemos de derechas” que estuviera orientado a la iniciativa privada y al desarrollo económico. El presidente del Banco de Sabadell reconocía que «el Podemos que tenemos [les] asusta un poco». La lectura que los poderosos hicieron tras la inrrupción de Podemos en las europeas fue la correcta: el bipartidismo, PP y PSOE, estaba herido de muerte. Por otra parte, era evidente que UPyD no recogía el testigo e iba a quedar excluido de ser ese “Podemos de derechas” por el que abogaba Oliu. («Josep Oliu propone crear “una especie de Podemos de derechas”». El Periódico. 25/06/2014)

Era el momento adecuado para efectuar el salto de Ciutadans a Ciudadanos. Saltar desde la arena política catalana a la española.

De ser un partido de centroizquierda, como rezaba su Ideario, los poderes económicos no hubieran apostado por Ciudadanos como alternativa al bipartidismo. El propio Oliu llegó a asegurar que no reconocía ni al PP ni al PSOE como el representante de los intereses empresariales. Tales intereses parecen estar mucho mejor defendidos por el partido de Rivera. De hecho, en una encuesta que La Marea publicó el 27 de abril de 2015, se vio que Ciudadanos arrasa a los demás partidos cuando a los grandes inversores se les pregunta por el partido al que dan su apoyo. Un 46% está con Ciudadanos. El PSOE, en cambio se hunde, no obteniendo más de un 4% de las respuestas. Incluso Podemos supera a los socialistas con un 11% quedando tercero tras el 17% de apoyo al PP. («Encuesta de apoyo de grandes inversores: Ciudadanos arrasa y el PSOE se hunde». Electomania. 27/04/2015)

La consolidación de Ciudadanos como ese agente naranja que la derecha liberal va a utilizar para «parar el crecimiento de Podemos y presentarse como alternativa al Partido Popular», tuvo lugar en Madrid, en febrero de este año. Fue un acto multitudinario, celebrado en el Círculo de Bellas Artes, que contó con la presencia de personajes como Pedro J. Ramírez o Ignacio Camuñas, exministro con la UCD y fundador de VOX. En su crónica, el periodista Antonio Maestre destaca que existe un sector de la derecha que considera “socialistas” las subidas de impuestos del gobierno de Mariano Rajoy. O sea, que el PP queda incluso a la izquierda de Ciudadanos en lo que a política económica se refiere.

La queja que hiciera, un año antes, el presidente del Banco de Sabadell por la «excesiva regulación», queda recogida en el programa económico que Ciudadanos presentó por medio de Luis Garicano, en febrero. Según dice este economista liberal:
«Hay gente que no está por el cambio y gente que no está por la sensatez, nosotros somos el cambio sensato». (Maestre, Antonio: «Ciudadanos, la operación “Podemos de derechas” se consolida». La Marea. 18/02/2015)
Un libro escrito por Albert Rivera salió a la venta el pasado mes de abril. Su título: El cambio sensato.

Cuenta José Lázaro que, en 2012, durante una entrevista en La Tuerka, un Pablo Iglesias (1978) que aún no había fundado Podemos, quiso que Rivera definiera la posición de su partido: ¿Es Ciudadanos de izquierdas o de derechas? La respuesta fue ésta:
«Nosotros somos un partido progresista y no sectario, somos un partido que defiende la socialdemocracia y el liberalismo progresista; y un partido que nace en el siglo xxi , pues, evidentemente, no se rige por los criterios de hace dos siglos. Pero, en cualquier caso, somos un partido reformista, no nos gusta cómo está funcionando este país y venimos a cambiarlo». (Lázaro, José: «Podemos llegar a ser ciudadanos». El País. 15/04/2015)
Los de Podemos han proclamado reiteradas veces que su partido no es de izquierdas ni de derechas, sino de abajo frente a los de arriba, la casta. En enero de este mismo año, convocaron la Marcha del Cambio donde más de 100.000 personas se manifestaron a favor de cambiar la forma de hacer política en España. Cabe preguntarse si es lo mismo el cambio de Podemos que el que propone Ciudadanos.

Para Pablo Iglesias, Ciudadanos viene a ser el recambio de un PP ya agotado:
«Para nosotros [para Podemos] el cambio político significa cuestionar la corrupción y cuestionar las políticas económicas que nos han llevado al desastre. Por lo tanto es muy importante distinguir entre el cambio, el cambio supone estar con la gente y no defender los privilegios de los de arriba, y el recambio. Cambio y recambio son cosas diferentes». («Pablo Iglesias defiende el cambio político frente al “recambio” de Ciudadanos». En eldiario.es. 06/04/2015)
Fue en la novela Il Gattopardo (1957), donde Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) puso en boca de uno de sus personajes una frase que explica muy bien esta situación:
«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».
En eso consiste “el cambio sensato”, en mi opinión.

Si la operación “Podemos de derechas” tiene éxito en las próximas elecciones generales, las que se celebrarán en noviembre de 2015, podríamos enfrentarnos a la paradoja de tener un presidente del gobierno catalán (aunque anticatalanista), una circunstancia impensable durante los últimos cuarenta años. Pero muy probablemente, el cambio sensato de Ciudadanos consistirá en la insensatez de continuar las políticas que le dicten los bancos y las grandes empresas, que son las que visten ahora a quien una vez se nos mostrara en cueros.

Dicho escenario será peor que el actual. En los próximos tres años, el agente naranja podría arrasar lo poco que aún nos queda del estado del bienestar. Paradójicamente, sería Ciudadanos el encargado de arrebatarnos lo poco que aún nos queda de ciudadanos.

Eso sí, tras su paso, difícilmente sus mentores van a encontrar otro recambio.