viernes, 15 de mayo de 2015

Sombras sobre magenta

Ayer mismo, cuando en Valencia los termómetros marcaban 44ºC, me crucé con una sonriente Rosa Díez (1952) rodeada de globos de color magenta. Ello a pesar de que, desde hace unos meses, la vida dejó de ser de color de rosa para los de Unión Progreso y Democracia (UPyD).

El partido magenta se estrenó en las elecciones de 2008 con un escaño en el parlamento nacional, el que ocupó ella misma. En 2011 ya eran la tercera fuerza política por número de votos, y todo parecía dispuesto para que fuera UPyD quien tomara el relevo al PP o al PSOE en el momento que cualquiera de éstos empezaran a flaquear.

En 2014, en las elecciones al parlamento europeo ambas fuerzas, PP y PSOE, flaquearon a la vez, pero quien inrrumpió con fuerza fue Podemos, no UPyD. Desde entonces, aumentaron las voces que desde dentro y fuera del partido abogaban por subscribir un pacto con el partido de Albert Rivera (1978), Ciutadans (C's). Hubo algunos coqueteos, pero no se llegó a un acuerdo. 

Los medios de comunicación no tardaron en pintarnos un escenario donde el barco de UPyD hacía agua por todas partes. Estaba claro que a los poderosos les interesaba promocionar la marca naranja y hundir la magenta. Para ellos, no resulta conveniente que los ciudadanos puedan votar indistintamente a uno u otro partido, pues compiten por el mismo nicho electoral y, yendo por separado, se restan votos. 

Así, los medios destacan que fue el egotismo de Díez, y no las exigencias de Rivera, lo que malogró el pacto entre ambas formaciones. También critican a Díez la forma en que maneja el timón de UPyD, expulsando o silenciando a los disidentes. En cambio, disculpan la cobardía o la traición de quienes abandonan el barco, al tiempo que aplauden que Rivera se apreste a hacerles un hueco a bordo del suyo. Si quieres saber más de la operación “Podemos de derechas”, te recomiendo leer 'El agente naranja', en esta misma bitácora.
Sirva como muestra de lo anterior este párrafo de Jorge Bustos publicado en el diario El Mundo:
«Un día estaba Winston Churchill pronunciando un discurso en la cámara de Westminster cuando vio cómo uno de sus diputados, en señal de desacuerdo con lo que estaba oyendo, se levantaba de la bancada tory y se sentaba con la oposición. Entonces el legendario premier interrumpió su perorata y murmuró: “Es la primera vez en mi vida que veo a una rata nadando hacia el barco que se hunde”. El barco de UPyD hace aguas (sic) por todas partes, pero ni Rosa [Díez] es Churchill ni son ratas los militantes que cambian el distintivo magenta por el tono naranja ante la derrota –en su doble acepción– impuesta por la gran timonel. ¿Que es el instinto de supervivencia y no el idealismo lo que mueve a quienes rechazan el papel de violinistas en el Titanic de Díez? Puede, pero es que el primer deber de un político es sobrevivir. Si no existes no pueden votarte, y si no te votan no puedes llevar tu querido programa a la práctica». (Bustos, Jorge: «Ignacio Prendes: 'UPyD fue mi primera novia, con la que cometes todos los errores'». El Mundo, 12/05/2015)
Las metáforas funcionan. Para Bustos, el barco de Díez es el Titanic, pero quienes abandonan el proyecto magenta por el naranja, lo hacen cumpliendo con su deber: de ningún modo son las ratas que Churchill dijo que eran. Supongo que porque esta vez nadan en la buena dirección, la que los poderosos aprueban, en la que El Mundo desea. Probablemente, hasta el señor Wiston Churchill (1874-1965) aplaudiría en esta ocasión: al fin y al cabo el premier británico fue también un claro representante de la casta de su época.
Sobre la cubierta del Aletheia, flota una pregunta:
«¿Por qué los del Ibex 35 prefieren a C's sobre UPyD como el recambio del bipartidismo que hasta ahora habían protagonizado el PP y el PSOE? ¿Cómo es que no serán ellos quienes recojan el testigo de los dos partidos del régimen del 78?».
Tengamos en cuenta que Unión Progreso y Democracia (UPyD) fue creado en 2007 como un partido “constitucionalista” de centro, de “centro radical”. El origen de sus siglas suele explicarse de esta manera:
  1. Unión, por su defensa incondicional de la unidad de España. Se declaran “no nacionalistas”, [lo que en realidad significa que optan por un nacionalismo españolista radical];
  2. Progreso, por ser un partido progresista respetuoso con la libertad individual. El socialiberalismo es una tendencia política que propugna que el bienestar y desarrollo de la sociedad es compatible con la libertad de sus individuos. [El socialiberalismo no es más que una forma de neoliberalismo, en mi opinión];
  3. Democracia, porque se declaran “demócratas radicales”.
Como ves, nada que pudiese alterar el orden establecido por los poderes económicos.
Al principio, UPyD se batió el cobre oponiéndose a cualquier negociación que acabara con el terrorismo de ETA. Se esforzaron tanto en ello que, una vez que la banda anunció su disolución en 2011, les costó encontrar su sitio.
Un año después, apostaron por aplicarse como los demócratas radicales que dicen que son: presentaron una querella contra Rodrigo Rato (1949) por supuestos delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. A Rato, ministro de economía entre 1996 y 2004, la propaganda del régimen nos lo presentó como “el mago de las finanzas”, el artífice del “milagro español”. Por tales méritos estuvo a punto de ser el elegido para dirigir el PP, pero el dedo de José María Aznar (1953) señaló finalmente a Mariano Rajoy (1955). Entonces, en 2004, pasó a dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI) para dimitir tres años más tarde. Un informe interno del FMI señala que durante ese periodo se vivió en una burbuja de optimismo mientras se gestaba la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión (1929). Otros analistas sugieren que Rato es también el responsable de crear la burbuja urbanística vivida en nuestro país en los años en que estuvo en el gobierno. 
 
El 16 de abril de 2015, Rodrigo Rato fue detenido por la policía judicial, aunque posteriormente fue puesto en libertad. En UPyD argumentan que:
«Los hechos están demostrando que destinar una parte de nuestros recursos, un cuarto de millón de euros, en vez de destinar a nuestra campaña, lo destinamos a que se haga justicia y se depuren responsabilidades políticas, lo que demuestra que somos un partido útil». («UPyD reivindica su “utilidad” en la querella contra Rodrigo Rato por Bankia». En eldiario.es, Madrid, 21/04/2015)
Todo parece, sin embargo, que el partido de Rosa Díez cruzó una de esas líneas rojas que no se pueden pasar.

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