domingo, 28 de junio de 2015

La democracia bajo sospecha

De una obra del dramaturgo noruego Henrik Johan Ibsen (1828-1906), extraigo el siguiente diálogo:
– ¿No le interesan los asuntos públicos?
– No. La verdad es que de esas cosas no entiendo nada.
– Por lo menos habrá que votar, ¿no?
– ¿Aunque no se entienda nada?
– A ver... la sociedad es como un navío y cada cual debe colaborar en la dirección del timón, según su capacidad.
– Puede que esas cosas estén bien aquí, en tierra firme. Pero, lo que es a bordo, no darían ningún resultado.
¿A qué te recuerda? Sí, en efecto, a la alegoría de 'El buen gobierno del barco'.
Desde los tiempos de Platón (427-347 a.C.) la democracia queda bajo sospecha. El gobierno de la polis (Politeia) era, para el filósofo ateniense, algo así como “la nave de los locos“.

Todo esto viene a raíz de las últimas entradas sobre Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Una lectora relacionó las ideas que aparecen en 'Un enemigo del pueblo' (1882) de Ibsen, con las del filósofo de la Ilustración y me sugirió escribir sobre ello. Desde aquí quiero darle las gracias.

Resulta que ambos, Rousseau e Ibsen, fueron personajes muy introvertidos ya desde su infancia debido a los avatares por los que tuvieron que pasar. El primero era más optimista, el segundo, un escéptico. El ginebrino nos legó su 'Contrato social' y el concepto de la “voluntad general”. Por su parte, el noruego atacará resueltamente la convicción de que sea la mayoría la que siempre tiene la razón. De hecho, si observas bien, los diálogos de Ibsen están plagados de continuas alusiones a la obra de Rousseau.

Los de la Tertulia literaria Benigànim comentan así la versión que protagonizara el actor José Bódalo (1916-1985) para la televisión española:
«Ibsen no era precisamente un revolucionario de izquierdas. Más bien su obra destila cierto aristocratismo intelectual que, si dejamos de lado la interpretación que hace Bódalo, podemos apreciar en los rasgos de arrogancia, vanidad y egolatría del doctor Stockmann [el personaje al que da vida]». («Un enemigo del pueblo: Ibsen o la ambigüedad política». Tertulia literaria Benigànim, 03/08/2014)
La derecha más radical, como ya ocurrió con Platón, ha podido ver en esta obra de Ibsen una demoledora crítica contra la democracia y, sobre todo, un argumentario en favor del gobierno de los “mejores”, los más preparados.

Pero ese sería tan solo uno de los puntos de vista posibles. Hay otros. Desde la Tertulia literaria Benigànim destacan que:
«El enfrentamiento básico se da entre quienes defienden intereses económicos basados en la corrupción y [los que defienden] un comportamiento ético apoyado en el bien común. La denuncia es contra la alianza de los poderes político y económico que dominan a la “compacta mayoría” desmovilizada y servil. Más que una crítica contra el gobierno del pueblo hay una crítica contra la perversión de la democracia dominada por demagogos y populistas, degradada por [los] medios de comunicación al servicio del poder».
Hay un informe que explica que los medios españoles son los menos creíbles de Europa, seguidos por los de Estados Unidos.

Pero, ¿de qué va 'Un enemigo del pueblo'? El doctor Stockmann, el protagonista de la obra, pretende dar publicidad al peligro que encierra el balneario con sus aguas contaminadas. Su hermano, el alcalde, consigue manipular la opinión pública para que censuren y marginen al doctor que, finalmente, se queda solo. Los intereses de empresarios y comerciantes dependen de que el balneario siga funcionando. El diario 'La voz del pueblo' desiste de contar la verdad cuando se ve amenazado con perder sus fuentes de ingresos. A ellos se les suma la masa ignorante que es fácilmente manipulada en contra de sus propios intereses. Stockmann acaba siendo declarado como “un enemigo del pueblo”, y en consecuencia pierde su empleo y su clientela.

El autor de Skien le hace decir a su personaje:
«He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira».
Si me permites un inciso, te cuento que Ibsen pudo escribir esta obra a modo de venganza contra la oligarquía política y económica que, escandalizada, había criticado muy duramente sus dos obras anteriores: 'Casa de muñecas' (1879) y 'Espectros' (1881).

El protagonista de 'Un enemigo del pueblo' insiste en que la razón está de su parte. Pero, en un momento dado, Catalina Stockmann, advierte a su marido:
«¿De qué te sirve la razón si no tienes el poder?».
Para Ibsen, las masas ignorantes votan atendiendo a la emoción, no a la razón. Quizás por eso, el poder apela a nuestros anhelos y miedos, mientras rehúye dar explicaciones. Al poder le repele que pensemos por nosotros mismos, que tomemos nosotros las decisiones. Una prueba de ello la tienes en el rechazo de las élites europeas a la reciente convocatoria de un referéndum en Grecia. Y a ti te gusta pensar, ¿verdad? Pues dime: ¿de qué lado estaría el doctor Stockmann, con la Troika o con Syriza?

Volviendo al tema, y dejando aparte la influencia platónica que deja una sospecha sobre la idoneidad del sistema democrático, la idea más potente que Ibsen nos trasmite en esta obra es la de la lucha del individuo contra una sociedad oligarquizada, la defensa de la libertad de expresión y la supremacía de la ética frente a los intereses económicos.

Para el personaje del alcalde, a su vez hermano de Stockmann, las iniciativas particulares tienen que supeditarse a la voluntad general, es decir, a las autoridades que son los representantes que el pueblo ha elegido. Aunque en realidad, como ocurre actualmente, éstos suelen defender los intereses económicos de la élite, de la oligarquía. En nombre del pueblo cercenan la libertad de expresión del pueblo. Empezaron censurando los diarios, siguieron con la televisión, y ahora amenazan a los usuarios de Twitter.

Es por todo ello que les llamamos casta.




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