miércoles, 29 de julio de 2015

Tras la agenda neocon

A poco que estés familiarizado con la historia contemporánea, te resultará extraño que liberales y conservadores pudieran llegar a firmar una alianza.

Fueron enemigos a muerte durante las revoluciones burguesas de 1789, 1820, 1830, 1848, y hasta la de febrero de 1917. Los liberales querían acabar con el sistema feudal basado en la tradición, la monarquía y la teocracia, que privilegiaba a los nobles y al clero en detrimento de la burguesía emergente. Los conservadores se oponían a tales anhelos de “libertad” y defendían la continuidad del Antiguo Régimen. La libertad que trajo el liberalismo sólo alcanzaba para unos cuantos: los burgueses, los capitalistas.

Otra cosa fue la revolución de octubre de 1917. La revolución bolchevique cambió el rumbo de la historia posibilitando la confluencia de liberales y conservadores en su común interés por luchar en contra del comunismo. La posterior caída de la URSS, en 1991 no significó la ruptura de esa alianza sino más bien todo lo contrario.

Un buen momento para observar cómo se mantiene esa alianza entre conservadores y liberales, fue el 2 de marzo de 2005. Había pasado casi un año desde que José María Aznar (1953) dejara de presidir el gobierno de España. Fue entonces cuando éste pronunció un discurso en el que elogiaba la figura de su gran amigo Mario Vargas Llosa (1936). El peruano iba a ser galardonado con el Premio Irving Kristol en la sede de The American Enterprise Institute (AEI), en Washington. En la Casa Blanca y en el Pentágono reinaban George W. Bush (1946), Dick Cheney (1941), Donald Rumsfeld (1932) y su camarilla de neocons.

Faltaban menos de tres años para que llegara la Crisis, cuyos responsables serían, precisamente, los neoconservadores de la era Bush. Lo que no supuso un obstáculo para seguir ejerciendo con Barack Obama (1961).

La AEI es un think tank (un laboratorio de pensamiento), de la derecha estadounidense, creado en 1938. El neoconservadurismo encontraría su base ideológica en las lecciones que el filósofo alemán Leo Strauss (1899-1973) impartiera en la Universidad de Chicago desde 1948.

Más incisivo que la AEI sería el think tank que lleva por nombre Project for the New American Century (PNAC). Lo que propone el proyecto por el nuevo siglo americano es la dominación suprema, militar y económica, del planeta, del espacio y del ciberespacio por parte de los Estados Unidos.

Tratemos de entederles. En opinión de Rafael Bardají (1959):
«La primera generación de neoconservadores americanos se lanza a una batalla que nada tiene que ver con la invasión de Irak, ni siquiera con Vietnam. Es la batalla de la cultura. Por un lado, consideran que el clima de los 60 y 70 es de extremo abandono de todo tipo de valores: movidos como estaban los jóvenes por el hedonismo y la sociedad americana por el materialismo extremo, los neoconservadores se proponen recuperar el sentido del deber y la responsabilidad de todos y cada uno. Hablan de enseñanza y de educación; de la familia; del aborto; de la igualdad de razas –y contra la discriminación positiva–; de criminalidad; de costumbres. Por otro lado, arremeten contra la cultura de la dependencia generada por el Estado del Bienestar, que adocena a la población y hurta a los individuos su capacidad para mejorar e innovar. El Estado como dueño de nuestros destinos».
Cabe decir que Bardají es fundador del Grupo de estudios estratégicos (GEES) y, desde 2004, ostenta la dirección de política internacional de otro famoso think tank español, el que fundara Aznar, la Fundación para el análisis y los estudios sociales (FAES). Neoconservadores ambos.

Es a Irving Kristol (1920-2009), un publicista de Nueva York, a quien se le considera como el fundador del movimiento neoconservador (neocon).

Su desarrollo no hubiera sido posible sin el apoyo que obtuvo durante la presidencia de Ronald Reagan (1911-2004). Aún así, el auge de este movimiento llegó con los atentados del 11 de septiembre de 2001.

¿Cómo es que todo un liberal como Vargas Llosa recibe un premio tan neocon? La explicación venía en el discurso de su amigo Aznar:
«Hoy en día, ser liberal en España –liberal en el sentido europeo, no me malinterpreten– no es tarea fácil, y aún más difícil para un neoconservador - Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-maria-aznar/elogio-de-vargas-llosa-23520/». [1]
Los intereses de los neoconservadores coinciden con los de los neoliberales y viceversa. Hay una extraña alianza entre neoliberales –o nuevos liberales, no me malinterpretes– y neoconservadores. [Por cierto, observa que los neocon no tienen reparo en definirse como tales, cosa que no les ocurre a los neoliberales que necesitan matizar que ellos son liberales de toda la vida].

Según escribía Irving Kristol en su libro Reflexiones de un neoconservador, el neocon adquiere sus ideas tanto del neoliberalismo económico como del conservadurismo cultural:
«Aprendió de Friedman a apreciar las claves de la economía de mercado como motor del crecimiento. De Hayek aprendió que las instituciones sociales son el producto de la acción humana, pero casi nunca del designio humano... De los conservadores culturales y del filósofo político Leo Strauss aprendió a valorar el significado de la moral y de las tradiciones precapitalistas... El neoconservadurismo no es meramente patriótico... sino incluso nacionalista». (Bardají, Rafael: «¿Pero qué demonios es un neocon?». Libertad Digital. Madrid, 07/10/2008)
Los neocons españoles podrían muy bien este decálogo basado en lo escrito por Bardají, aunque yo le he reinterpretado a mi manera:
  1. Poner fin al actual modelo de las autonomías. Hay que prohibir el nacionalismo periférico y fomentar la idea de España como "una unidad de destino”;
  2. Regenerar el sistema educativo de arriba abajo, volviendo a los valores de responsabilidad, disciplina, excelencia y obligatoriedad de la religión católica;
  3. Reforma laboral que acabe con la cultura del subsidio y la dependencia y ponga fin al Estado del Bienestar;
  4. Mano dura contra los inmigrantes ilegales, aunque éstos sirven de excusa a los neoliberales para presionar los salarios a la baja;
  5. Lucha abierta contra el multiculturalismo, en defensa de nuestras raices judeo-cristianas;
  6. En política exterior, resituar a España como país satélite de los Estados Unidos y en firme alianza con Israel;
  7. Transformar la Unión Europea para que no sea tal unión, sino un conjunto de países que colaboren con y no entorpezcan en los planes imperialistas de los neoconservadores estadounidenses;
  8. Acabar con el papel de las Naciones Unidas y ponerlas al servicio de los neocons, o impulsar una Liga de las Democracias que acabe con el antioccidentalismo;
  9. Emprender una acción exterior de reforzamiento institucional de la democracia en América Latina y África [neocolonialismo] al tiempo que se reducen drásticamente los fondos para la ayuda al desarrollo;
  10. Aumentar el gasto en seguridad, defensa, servicios de inteligencia y control cibernético.
Como ves, el franquismo habría suscrito casi todos estos puntos, sin complejos, salvo en lo que toca a los judíos. De hecho, la principal diferencia entre conservadores y neoconservadores españoles radica en que los segundos admiran a Israel, mientras que para los conservadores clásicos españoles los judíos eran el pueblo deicida (el que mató a Cristo). Por aquel entonces los aliados de los conservadores eran musulmanes. Recuerda que el general Francisco Franco (1892-1975) invadió España con un ejército de más de cien mil marroquíes. En el colmo de la manipulación, el No-do nos los pintaban como más españoles que los propios españoles:
«Todos los musulmanes de nuestro Protectorado en Marruecos, impregnados del amor y la cultura que en ellos ha sembrado España, acuden en socorro inmediato al escuchar los clarines de la llamada de Occidente. (...) Ni levas ni propaganda. Voluntarios nada más. Por mandato del corazón». (Bárbulo, Tomás: «Los moros de la 'cruzada' de Franco». El País. Madrid, 01/03/2008)
Por cierto, que los Estados Unidos no tardaron en dar el visto bueno al gobierno fascista pocos años después de acabada la Segunda Guerra Mundial, en una demostración más de que el neoliberalismo puede apoyarse en los gobiernos más antidemocráticos.

Es más, la agenda neocon, que ya hemos visto que coincide con la neoliberal, no considera vinculante ni las resoluciones de la ONU, ni los convenios de Ginebra, ni el Tribunal Penal Internacional (TPI).

En 2006, Rumsfeld se vio obligado a dimitir tras el escándalo de las torturas de Abu Ghraib. A pesar de ello, Bush, Cheney y otros destacados neocons continuaron haciendo apología de la tortura que se practica en Guantánamo. La promesa de Obama de que cerraría esta base le dio mucha popularidad en su día, justo antes de su elección, pero siete años después todo indica que ya no la hará realidad.

En mi opinión, donde neoliberales y neconservadores encuentran sus mayores coincidencias es en la lucha de clases.
«La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando».
La frase esta vez no es de un filósofo o un historiador marxista, sino de Warren Buffett (1930), uno de los hombres más ricos del mundo.

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[1] En la cultura norteamericana, un liberal es lo que en Europa llamaríamos un socialdemócrata: pero uno de la tercera vía, más bien.

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