miércoles, 26 de agosto de 2015

Con el toro por bandera

Lo ha dicho Juan Carlos I de Borbón (1938), el que fuera rey de España hasta hace bien poco. Lo podemos leer en La Razón, periódico promonárquico y... protaurino:
«La Fiesta es un activo de España que tenemos que apoyar». («Don Juan Carlos: “La Fiesta es un activo de España que tenemos que apoyar”». La Razón, 13/08/2015)
Sin embargo, el catedrático de filosofía Jesús Parra Montero nos recuerda que no todos los reyes pensaron como nuestro regio cazador de elefantes. (Parra Montero, Jesús: «El apoyo banal de los “Borbones” a la ¿fiesta nacional?». En nuevatribuna.es, 20/08/2015)

Fueron muchos los monarcas que prohibieron la “fiesta nacional”. Quien más hizo por recuperarla fue, precisamente, Fernando VII de Borbón, el rey Felón, quien tras derogar la Constitución de Cádiz se dedicó a cerrar universidades y a perseguir a muerte a los liberales.

Los liberales de ahora, los neoliberales, se hacen eco en Libertad Digital de las palabras del matador Enrique Ponce (1971) al brindarle un toro al ex-monarca:
«Su majestad, para mí es siempre un verdadero placer brindarle un toro, pero hoy me hace especial ilusión porque con su presencia, no sólo dignifica y defiende abiertamente la fiesta de los toros, sino también las tradiciones y la cultura de nuestro pueblo, un claro gesto por la democracia y la libertad». («Ponce, a Juan Carlos: “Su presencia en San Sebastián es un gesto de democracia y libertad”». Libertad Digital. 13/08/2015)
Todo ésto viene a cuento de que San Sebastián recuperaba las corridas de toros con el cambio de consistorio. Una decisión democrática, tan democrática como lo fue prohibirlas. Lo que chirría, en todo caso, es que alguien le diga al rey que considera democrática su presencia sabiendo que un rey, salvo rarísimas excepciones, no se somete al veredicto de las urnas. Y que hable de libertad, cuando él no se la concede al toro.

Observando la presencia de símbolos taurinos por doquier, uno diría que nuestros paisanos muestran una querencia hacia el toro. ¿La tenemos? ¿Mostramos la acción de amar o querer bien al toro? Pues en eso consiste la querencia. ¿O se trata, más bien, de una tendencia a repetir lo que nuestros antepasados hacían con independencia de si está bien o mal?

Tradición, tradición, y tradición.

Lo cierto es que los españoles, algunos españoles, parecen identificarse con la imagen del toro, pero ¿qué es lo que les gusta de esa imagen?

Según escribe Rubén Galgo para Brandemia, la silueta del toro es (o debería ser) la auténtica Marca España:
«Es un elemento muy gráfico e identificador de España como animal ibérico, bravo, de raza, masculino, fuerte...». (Galgo, Rubén: «La historia del Toro de Osborne, la auténtica marca España». Brandemia. 12/03/13)
Como ves la cosa va de testosterona.

Entremos pues al trapo de la rojigualda con la silueta del toro bordado. La empresa Zings, una de las que las fabrica, utiliza este argumento de venta:
«Luce tu orgullo español y taurino».
Ocurre que algunos no encuentran ese orgullo en la cabeza, sino en la entrepierna. Me remito a las palabras que el embajador José María Sanz Pastor dijo con motivo de nuestra última gran hazaña bélica, la que supuso retomar la isla Perejil:
«Más que los boinas verdes y el Tercio Duque de Alba, teníamos que haber plantado en el islote el toro de Osborne, para que los vecinos del Sur vieran, además, lo que le cuelga de la entrepierna...». (Burgos, Antonio: «Un toro de bandera». El Mundo. Madrid, 31/07/2002)
El caso es que él no acudió a la cita. Hubiera estado bien verlo allí, aunque fuera en bañador.

El embajador pertenece a ese grupo de españoles que asocian su patriotismo con el tamaño de los cojones que cuelgan de las vallas de Osborne a lo largo y ancho de, valga la redundancia, nuestra piel de toro.[1] Siendo así, hay cierta coherencia en aquella frase que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero (1960), alias ZP, pronunció en su día:
«Y luego van de patriotas por la vida... patriotas de hojalata». («Zapatero acusa a los dirigentes del PP de ser "patriotas de hojalata"». 20 minutos, 18/12/2005)
Lo que pasa es que por la boca muere el pez, y cinco años más tarde ZP se confabuló con esos “patriotas de hojalata”, con el PP, para cambiar el Artículo 135 de la Constitución, siguiendo las órdenes de la canciller de Alemania y sin consultar la opinión de los españoles. Con ello, se daba prioridad absoluta al pago a los bancos de los intereses y el capital de la deuda pública del Estado sobre cualquier otra necesidad de gasto que pudiera afectar a los españoles. ¿Patriotismo, dices? Un patriotismo de cojones de hojalata, diría yo.

La silueta negra del toro sobre la bicolor se corresponde con la época actual, la de la Transición borbónica. Hay una cierta correspondencia, en mi opinión, con los tiempos en que ondeaba la bandera franquista, pues su escudo se enmarcaba también en una silueta negra, pero en este caso la de un águila. Cabe recordar que el Generalísimo repuso las tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, de la anterior etapa monárquica en sustitución de las que componían la bandera de la Segunda República (1931-1939) que era roja, amarilla y morada. Por cierto, durante el periodo republicano las corridas no se suspendieron.

Pero nos hemos alejado de la pregunta: Los españoles, ¿amamos realmente al toro?

En la web del filósofo Ramon Alcoberro (1957) hay una entrada para la ética animal donde se dice:
«Alguien se convierte en sujeto moral en la medida en que puede hacer un bien (es ‘agente moral’), o en la medida en puede sufrir un mal (y entonces se denomina ‘paciente moral’). A tal efecto resulta secundario que ese ‘alguien’ sea racional o no».
Según el profesor de la Universitat de Girona y de la UOC, los animales tienen derechos porque pueden padecer daño: tienen derechos en cuanto son pacientes morales.

Los humanos podemos llegar a ser muy peligrosos con los miembros de nuestra propia especie –lo vimos en La guerra de todos contra todos– pero sin duda aún lo somos más para las demás especies.
«El hombre no es el único animal que piensa, sino el único que piensa que no es un animal». (Alcoberro, Ramon: «Ética animal: definiendo un ámbito». Filosofia i pensament)
Que nosotros, los humanos, hemos hecho de nuestro planeta un infierno para los animales, ya lo decía Arthur Schopenhauer (1788-1860) hace más de un siglo. Según él, los humanos no debemos compasión a los animales, sino justicia.

Al filósofo prusiano le gustaba pensar, pensar hasta el final. Así decía frases como ésta:
«Ni el mundo es un artilugio para nuestro uso ni los animales son un producto de fábrica para nuestra utilidad». (Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften, 1851)
De Schopenhauer se dice que fue el primero en reivindicar los derechos de los animales.

En Tauromaquia: entre el placer y la ética criticamos el sufrimiento que infligimos a los toros a benefico del espectáculo. Me dicen que me quedé corto, y debo admitir que tienen razón. Por eso esta entrada.

Apelando a la tradición y por mor del espectáculo, hay un lugar en España donde la multitud aún lancea un toro hasta darle muerte. Se trata de un linchamiento, ni más ni menos: esto es, una ejecución sin proceso y ejecutada tumultuariamente. Desde el Ayuntamiento lo ven de otra manera:
«El Toro de la Vega constituye el eje de las tradicionales fiestas de Tordesillas, miles de ciudadanos de diferentes partes de nuestro país y de fuera de nuestras fronteras llegan a Tordesillas para presenciar este singular festejo». («El toro de la Vega». En tordesillas.net, Última visita en 08/08/2015)
Tradición, tradición y tradición. Y negocio, al parecer.

Los iracundos vecinos de Tordesillas que están a favor de continuar con la tradición, toleran muy mal las críticas provenientes de quienes defienden los derechos de los animales. Tanto es así que en la pasada edición la emprendieron a pedradas contra los manifestantes que se oponían al acto, provocando que varias personas sufrieran heridas. («Batalla a pedradas en Tordesillas en el torneo del Toro de la Vega, que dejó 4 heridos por asta». En 20minutos.es, 16/09/2014)

Temen tal vez que algún día se prohiba este tipo de tortura, como ya ocurrió con aquella infame costumbre de lanzar una cabra desde el campanario de Manganeses de la Polvorosa, otro pueblo de Castilla y León, por cierto.

Hace apenas unos días, un toro era abatido a tiros en Coria, un pueblo de Extremadura. 
«El sacrificio de Guapetón, uno de los animales utilizados el pasado junio, con un disparo de escopeta en plena vía pública y rodeados de vecinos, “puede constituir una infracción grave” de la Ley de Seguridad Ciudadana». (Jiménez Gálvez, José María: «En Coria el toro va en nuestro ADN». El País, 07/08/2015)
En opinión de Almudena Domingo, teniente de alcalde de esta localidad, «el toro va en nuestro ADN», lo que no deja de ser otra manera de certificar que para muchos, y para muchas, el toro forma parte de nuestra identidad. Nos guste o no.

Practicamente en toda España se celebran festejos taurinos. Donde vivo, y en muchos sitios de Valencia, Castellón, Tarragona y Teruel, celebran el bou embolat (toro embolado) en el marco de lo que se conoce como Bous al carrer o Correbous.[2] La diversión, en este caso, consiste en colocar sendas bolas de fuego sobre las astas del animal.

Al respecto, los del partido animalista PACMA dicen:
«Consideramos una forma evidente de maltrato animal causar pánico al toro, que al tratar de deshacerse del fuego llega incluso a quemarse. Obligar a los toros a llevar fuego en la cabeza sin poder zafarse del peligro que para ellos supone, les provoca episodios de ansiedad y estrés muy elevados». («PACMA denuncia la celebración del 'Toro Jubilo' en Medinaceli». En pacma.es, 14/11/2010)
El maltrato que damos a los animales está relacionado con el maltrato que damos o podemos llegar a dar a los seres humanos. 

Ya lo decía Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928):
«Los hijos de los que asistían con religioso y concentrado entusiasmo al achicharramiento de herejes y judaizantes se dedicaron a presenciar con ruidosa algazara la lucha del hombre con el toro, en la que sólo de tarde en tarde llega la muerte para el lidiador. ¿No es esto un progreso?». (Parra Montero, Jesús: «El apoyo banal de los “Borbones” a la ¿fiesta nacional?». En nuevatribuna.es, 20/08/2015)
El escritor y político valenciano añadía que la única bestia en la plaza es la gente.

Pero de eso hace mucho tiempo. Este año, en San Sebastián, el alicantino José Mari Manzanares (1953) gritaba: «Viva España». Para, a continuación dar muerte a uno o más toros. Al fin y al cabo, su oficio no es otro que el de matador. La incongruencia consiste en asociar los vivas a nuestra nación (el patriotismo) con las muertes por diversión (el absurdo).

Y como una incongruencia lleva a otra, uno se acuerda de aquel incidente que protagonizara el fundador de la Legión, José Millán-Astray y Terreros (1879-1954), cuando exclamó fuera de sí:
«Viva la muerte, muera la inteligencia».
Algunas fuentes aclaran que, en realidad, lo que dijo es que mueran los intelectuales traidores. Se refería, sobre todo, a Miguel de Unamuno (1864-1936) allí presente. Con sus exabruptos, el legionario estaba dando la razón, sin saberlo, no sólo a Blasco Ibáñez, sino a John Locke (1632-1704) que, en el siglo xvii, dijo que la crueldad con los animales tendría efectos negativos sobre la evolución ética de los niños, ya que más tarde transmitirán la brutalidad a la interacción con los seres humanos. (Locke, John: Some Thoughts concerning education (1693))

No se puede amar y maltratar al mismo tiempo: es un oxímoron.

Amemos pues a los animales. Porque eso es lo que nos hace humanos. No matemos la inteligencia. O por lo menos, no permitamos que los patriotas de hojalata nos conviertan en salvajes. En matarifes.


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[1] Según el geógrafo griego Estrabón (64-19 a.C.), la península ibérica [Iberia] se parecía a una piel de toro extendida de oeste a este.
[2] En Cataluña prohibieron las corridas de toros pero no se atrevieron a prohibir también los correbous.


2 comentarios:

  1. «Es un elemento muy gráfico e identificador de España como animal ibérico, bravo, de raza, masculino, fuerte...». (Galgo, Rubén: «La historia del Toro de Osborne, la auténtica marca España». Brandemia. 12/03/13)
    Bravo! Por fin una exclusión femenina que no me ofende.
    La relación que tienen con el toro, es la misma que con la mujer...la quieren, que no aman, para maltratarla.

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  2. Cuando hice la mili un compañero no se creía que nuca hubiera quemado vivo un gato o u perro, son cosas de niños, me decía, y también, que raros sois los catalanes... Venimos de donde venimos... por cierto un tercio de los reclutas, con 20 años, no sabían ni leer ni escribir (1978)

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