lunes, 31 de agosto de 2015

Control sobre nuestros cuerpos

Te recuerdo que el feminismo se ha visto escindido en dos posturas al respecto de la prostitución: la abolicionista y la legalizacionista. Hace unos meses, dedicamos una entrada a la primera que se tituló De abolir la prostitución; y también otra para la segunda, cuyo título fue De abolir la explotación sexual.

Que Amnistía Internacional se haya posicionado a favor de la despenalización de la prostitución supone un jarro de agua fría para quienes persiguen la abolición de la misma. Algunas actrices de Hollywood ya han mostrado su disgusto. En nuestro país, Lidia Falcón ha soltado frases como ésta:
«No quiero pensar que es la mafia del proxenetismo, con todo su dinero y su poder la que ha dirigido la decisión de AI, sino la ignorancia de las consecuencias que la tal habrá de tener». (Falcón, Lidia: «Carta abierta a Amnistía Internacional». Público. 20/08/2015)
Esperemos que no. No hay otra organización con mayor compromiso en la defensa de los derechos humanos que el que tiene AI, que yo sepa. Al igual que Lidia, también me involucré con esta organización y aún sigo colaborando.

Todos somos conscientes, o eso creo, de que a lo largo de la historia ha habido personas que desde el gobierno u otras entidades han tratado de imponernos (y han impuesto) amplias restricciones sobre lo que nuestras mentes pueden pensar o lo que nuestros cuerpos pueden hacer.

Se meten en cuestiones tan íntimas y privadas de nuestras vidas como lo son el sexo, el tipo de las relaciones que tenemos con los demás o el control de natalidad. Tales cuestiones son abordadas por extraños con el propósito de castigar a quienes no se adaptan a su norma.

Y, sin embargo, –como decía Locke– somos propietarios de nuestros cuerpos. O deberíamos serlo.

Por ello, Amnistía Internacional (AI), la organización que defiende los derechos humanos, nos anima a reclamar el control sobre nuestros cuerpos, nuestra salud y las decisiones personales que afectan a nuestro futuro. Así nos invitan a compartir en Twitter el siguiente mensaje:
«Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo y sobre mi vida, y tú también. No permitas que otras personas elijan por ti #MyBodyMyRights».
En su manifiesto "Mi Cuerpo. Mis Derechos", AI proclama estos siete puntos:
  1. Las relaciones sexuales con consentimiento mutuo no son nunca delito, cualquiera que sea nuestro sexo, orientación sexual, identidad de género o estado civil;
  2. Someterse a un aborto (o ayudar a alguien a abortar) NO convierte en criminales a las personas;
  3. Unos servicios de salud asequibles, confidenciales y de calidad, en los que estén incluidos el acceso a métodos anticonceptivos, no son un lujo, son un derecho humano;
  4. Toda educación e información sobre sexo y las relaciones deben basarse en datos científicos y han de estar a disposición de todas las personas;
  5. Todas las personas tenemos derecho a vivir sin ningún tipo de violencia, incluida la violación;
  6. Tenemos derecho a participar en la confección de leyes, políticas y programas que afecten a nuestros cuerpos y a nuestras vidas;
  7. Si se nos niega nuestra elección en materia sexual y reproductiva, nos asiste el derecho a denunciarlo, a que se investiguen los hechos y esperar que se haga justicia.
Añaden que tal manifiesto no representa un mero acto de fe, sino que se trata de principios fundamentados en derechos humanos consagrados en normas internacionales que imponen obligaciones a nuestros gobiernos que, por supuesto, no cumplen las más de las veces.

En 'El dinero de Locke' vimos cómo tanto Macpherson como Domènech están de acuerdo en algo: que el modo en que Locke define la propiedad es ambiguo. Insanablemente ambiguo dirá Alejandra Ciriza cuando escribe 'Sobre las significaciones de la libertad y la propiedad: una revisión feminista de Locke a la luz de algunos dilemas del presente', un trabajo excelente que nos invita a reflexionar sobre una de las claves en las formulaciones lockeanas: que la primera propiedad de un individuo es su propio cuerpo. (Ciriza, Alejandra: «Sobre las significaciones de la libertad y la propiedad: una revisión feminista de Locke a la luz de algunos dilemas del presente». Revista de Sociologia e Política, vol.18, no.36. Curitiba, junio de 2010)

La autopropiedad puede significar dos cosas:
  1. Que el individuo goza de autonomía sobre sí mismo;
  2. Que se es propietario del propio cuerpo a la manera de una cosa. 
Las dispares interpretaciones que de la teoría de Locke hacen Macpherson o Domènech nos lo presentan bien como un liberal, el primero, bien como un republicano, el segundo. Dicho esto podrías pensar que el profesor canadiense simpatizaba con las tesis liberales pero era, más bien, un marxista humanista. Del profesor catalán podríamos decir que es un marxista republicano.

Locke es republicano en cuanto se opuso al poder absolutista del monarca. Es liberal en cuanto a que desliza dicho poder hacia un parlamento que será controlado por los de su clase. Recordemos que Locke militaba en el partido whig, que representaba a los liberales de entonces.

A Ciriza lo que le interesa es determinar qué tipo de libertad tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestros cuerpos. En el trabajo antes citado, Ciriza critica el enfoque de Judith Jarvis Thomson (1929) según el cual «las mujeres pueden abortar pues tienen sobre su cuerpo (cosa) derecho de propiedad». Según esa lógica, el cuerpo de una mujer es suyo como una cosa de la que puede disponer libremente, negándose a aceptar un embarazo no consentido.

Esta es la disyuntiva que nos plantea Ciriza:
  1. Libertad como ausencia de interferencia;
  2. Libertad como autonomía para actuar libre de la dominación.
De una manera o de otra, los cierto es que por todo el mundo existen las discriminaciones que impiden a mucha gente actuar en libertad. Según AI:
«Existen muchos obstáculos para los derechos sexuales y reproductivos, entre ellos las barreras en el acceso a los servicios de salud, la información y la educación. Sin embargo, detrás de estos problemas subyace la discriminación. Las mujeres, las niñas y las personas que integran grupos marginados, como las personas que viven en la pobreza, las minorías, las castas llamadas “inferiores”, los hombres gays, las mujeres lesbianas y las personas transgénero, se enfrentan a un enorme riesgo cuando tratan de ejercer estos derechos». («Derechos sexuales y reproductivos». Amnesty.org)
A Amnistía Internacional le preocupan esos riesgos y por eso toma decisiones en temas tan polémicos como el aborto o la prostitución. Según Salil Shetty (1961), director general de esta organización:
«Los trabajadores sexuales son uno de los grupos más marginados del mundo, quienes en la mayoría de los casos afrontan un riesgo constante de discriminación, violencia y abuso».
Tal vez sigas pensando que AI está dando su apoyo a la explotación sexual de tantas y tantas mujeres. La organización lo niega por medio de una de sus asesoras, Catherine Murphy, quien dijo:
«[La nueva política] significará la despenalización de leyes sobre trabajo sexual consentido. La explotación o tráfico dentro del comercio sexual seguirán siendo delitos». (Nguyen, Katie: «Amnistía Internacional apoya la despenalización de la prostitución». La Vanguardia, 12/08/2015)
A mí me parece obvio. ¿Y a ti?

2 comentarios:

  1. Del manifiesto "Mi Cuerpo, Mi derechos" solo añadiría una cosa en el punto 1:

    Las relaciones sexuales con consentimiento mutuo Y SIN DINERO DE POR MEDIO, no son nunca delito, cualquiera que sea nuestro sexo, orientación sexual, identidad de género o estado civil.

    Cuando alguien percibe dinero para consentir tener relaciones sexuales es pq está en inferioridad. Por tanto, lo más importante es la educación universal para poder acceder a un trabajo digno y remunerado. Igualdad de oportunidades para todo el mundo como comienzo indispensable para la desaparición de la prostitución.

    Y digo desaparición pq sería innecesario volver a hablar de abolición o despenalización de la prostitución, pues dejaría de existir.

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    1. Si las relaciones sexuales son consentidas tampoco constituyen un delito cuando haya dinero por medio. En una entrada anterior (Prostitución y sus definiciones) puse esta cita de Bellotti:

      «La base contractual de la interacción sexual resulta ser un acuerdo voluntario fundado en las expectativas de satisfacción de las necesidades y deseos recíprocos. Si bien en ocasiones están en juego importantes sentimientos de intimidad, que distinguen el sexo de las normales transacciones de negocios, y estos sentimientos suscitan una especial vulnerabilidad emocional, esto no prueba que el sexo no sea contractual; más bien muestra que los contratos sexuales son a menudo los acuerdos más importantes que establecemos». (Belliotti, Raymond A.: «La sexualidad». 'Compendio de Ética'. Peter Singer (ed.) Alianza. Madrid, 2010; 446)

      En lo que sí estoy de acuerdo contigo es en que si la gente contara con un nivel de renta suficiente no necesitaría recurrir a la prostitución. Ni a dejarse explotar en los trabajos basura que hoy se le ofrecen.

      Aún así, no toda la prostitución está relacionada con la necesidad o con la explotación sexual. De hecho, si es consentida, si es libre, si nadie sale perjudicado, ¿por qué deberíamos querer eliminarla?

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