lunes, 14 de septiembre de 2015

Sin noticias del 11S

Ni los diarios lo llevan en sus portadas ni las cadenas de televisión abren sus informativos apelando al 11S. Han pasado muchos años desde aquel 11 de septiembre de 2001: catorce para ser exactos.

Apelar, ¿he dicho apelar? Apelamos cuando recurrimos a alguien o algo en cuya autoridad, criterio o predisposición ponemos nuestra confianza para dirimir, resolver o favorecer una cuestión. Y para eso, precisamente, se utilizaron los atentados contra las Twin Towers (torres gemelas) y el Pentágono: para zanjar cualquier discusión en torno al nuevo orden que las élites iban a imponer al mundo, empezando por los mismísimos Estados Unidos de América.

El 11S cambió la forma de ver el mundo de mucha gente y por eso es un tema que nos interesa como filósofos. Lo veremos a continuación.

Puede que estés pensando que vamos a dedicar esta entrada a las teorías de la conspiración que anticipábamos en 'Inmersos en las conspiraciones', hace sólo unos días. Pero no, hoy haremos otra cosa. Vamos a hablar, si te parece, de lo que ha significado el 9/11 (11S) en nuestra historia más reciente.

No sólo las portadas, sino muchos artículos, entrevistas, reportajes, discursos, declaraciones, etc. hicieron referencia a la infamia del 11S para luego justificar el lanzamiento de bombas primero sobre Afganistán, luego sobre Irak, y mientras tanto sobre Yemen, Pakistán u otros países. En otras palabras, el 11S serviría para emprender guerras preventivas contra otros países que ni siquiera habían amenazado con atacar a los Estados Unidos.

Las guerras pueden tener varios efectos positivos para las élites, por muchos y terribles que sean los efectos negativos para los ciudadanos. Estoy pensando no sólo en la relación que tienen con la extracción, el tráfico o la especulación de los recursos naturales (como el petróleo), sino también en el aumento del presupuesto en armamento. Las élites económicas las forman, entre otros, gente de la industria petrolífera y armamentista.

Bastó apelar al 11S para aprobar, en poco más de treinta días, la Patriot Act, una ley que acababa con la vigencia de los derechos humanos y las libertades civiles. Por poner un ejemplo, con esta ley se puede proceder a la inmediata detención de los sospechosos sin notificación a sus familiares y sin derecho a abogados defensores o notificación de causa... y con carácter indefinido.

Al pueblo norteamericano se le dijo que tenía que elegir entre su seguridad y sus derechos constitucionales. Pero la elección ya estaba hecha: el 7 de octubre de 2001, el presidente George W. Bush (1946) había declarado su War on Terror (Guerra contra el terrorismo) lo que colocaba a cualquiera que criticara su política en la posición de un enemigo del propio país, un traidor, un disidente o un presunto terrorista.

Para eso sirve poner a tu país en estado de guerra. Eso sí, no de una guerra cualquiera, sino que todo apunta a que se trata de una guerra perpetua.

Tanto es así que, a día de hoy, Wesley Kanne Clark (1944) sospecha incluso de quienes pierden un trabajo o rompen con una novia porque pasan a formar parte de un grupo de personas especialmente peligroso. Este general retirado tiene, aparentemente, poco que ver con el republicano y conservador Bush. De hecho, en 2003, se postuló como precandidato del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, con el apoyo, entre otros, de Michael Moore (1954).

Sin embargo, catorce años después del 11S, Wesley Clark se declara partidario de encerrar a los estadounidenses “desleales“ que no apoyen la guerra contra el terrorismo, la que se inventó Bush:
«En la Segunda Guerra Mundial, si alguien apoyaba la Alemania nazi, a expensas de los Estados Unidos, no dijimos que ejercía su libertad de expresión. Los pusimos en un campamento. Eran prisioneros de guerra». (Nimmo, Kurt: «US General Wesley Clark Calls For Interning “Disloyal” Americans Who Do Not Support the “War on Terrorism”». Global Research. Toronto, 18/07/2015)
No sé muy bien como eran aquellos campamentos de los años 40 pero, a día de hoy, un campamento quiere decir Guantánamo, lo más parecido a uno de esos campos de concentración erigidos por los nazis. En sintonía con lo que dice Clark, no resulta tan extraño que el actual presidente Barack Obama (1961), [prematuro] premio Nobel de la Paz, siga sin cumplir su promesa de cerrarlo.

Tras el 11S se instauró la censura. Apelando al patriotismo, se acabó con la libertad de expresión:
«Hoy por hoy, desde el famoso encuentro que Condolezza Rice, Consejera de Seguridad Nacional, sostuvo con los dueños de las cinco principales cadenas televisivas del país el 10 de octubre de 2001, la prensa norteamericana aceptó la más férrea censura gubernamental. El 11 de octubre, un día después del encuentro con Rice, se logró la total capitulación de los medios de comunicación en Estados Unidos bajo el pretexto de los dueños de las cadenas de someterse por “patriotismo“». (Alvarado Godoy, Percy Francisco: «La renovación de la Ley USA Patriot: nuevo intento por perpetuar las violaciones y la antidemocracia». Rebelion.org, 11/05/2004)
El 11S sirvió, además, para justificar la tortura. La que se practicaba en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, en Guantánamo u otros lugares clandestinos a lo largo del planeta adonde llegaban nuevos secuestrados mediante los vuelos secretos de la CIA. Para Bush, la Convención de Ginebra no tiene lugar en este caso, puesto que los terroristas no usan uniforme y no se rigen por las normas de la guerra. Un argumento que le servía para animar a sus agentes, con o sin uniforme, a actuar al margen de la ley y sin respetar los derechos humanos: es decir, como terroristas. (Saiz, Eva: «EE UU empleó técnicas de tortura tras los atentados del 11-S». El País, 17/04/2013)

Según el vicepresidente Dick Cheney (1941), a los que torturaron bajo sus órdenes habría que glorificarles y deberían ser condecorados. (Dann, Carrie: «Cheney on Interrogation Tactics: 'I Would Do It Again in a Minute'». NBC News, 14/12/2014)

Si fuiste de los que creyeron que Obama arreglaría los desaguisados de Bush, Cheney y CIA, siento decirte que te equivocaste. Todo sigue igual, o peor.

Por un caso de espionaje tuvo que dimitir el presidente Richard Nixon (1913-1994) en 1974. Sigue siendo el único que ha pasado por ese trance a pesar del espionaje masivo llevado a cabo por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) durante los últimos dos años de Bush en la Casa Blanca y durante toda la etapa de Obama. El PRISM, que así se llama este programa de vigilancia electrónica, pudo llevarse a cabo, ¡cómo no!, apelando al 11S. De no ser por Edward Snowden (1983) ni tú, ni yo ni tampoco Angela Merkel (1954) sabríamos que nos estaban espiando. Aunque probablemente lo siguen haciendo.

Es cierto que la acción que presuntamente acabó con la vida de Osama bin Laden (1957-2011), un diez de marzo de 2011, tuvo el efecto de acabar con la eterna cacería del creador de Al Qaeda. Pero sólo fue para sustituirlo por un enemigo aún mayor: el ISIS. En 2014, el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi (1971), cortaba los lazos con Al Qaeda al tiempo que se autoproclamaba califa con el nombre de Ibrahim.

El 11S había servido para crear un enemigo creíble en sustitución de la amenaza que representaba la Unión Soviética (URSS). Pero con bin Laden amortizado, aún sirvió para rescatar de entre sus cenizas un nuevo monstruo del mal capaz de sembrar el terror y el caos en aquellos lugares del planeta donde a la élite le interese. La masa de inmigrantes que ahora cruza las fronteras de Europa es consecuencia, tal vez inesperada, de haber iniciado la Guerra de Irak y de haber creado y financiado tanto a Al Qaeda como al ISIS. Pero ya hablaremos de ello en otro momento.

Que el 11S haya dejado de ser noticia no significa que la gente haya aceptado el relato que se nos contó entonces como válido. Los del 9/11 Truth Movement (Movimiento por la Verdad del 11-S) cuestionan la versión oficial tanto en Internet como en mítines locales, conferencias nacionales e internacionales. Se llaman a sí mismos “9/11 Truthers” o “escépticos del 9/11”. Rechazan, en cambio, que les etiqueten de “teoristas en la conspiración”. Y, sí, de ellos también hablaremos. Pero otro día.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Chapoteando entre delfines degollados

Cada inicio de septiembre tiene lugar una matanza de delfines en Japón. Un rincón paradisíaco del parque nacional en Wakayama, se tiñe de rojo para la ocasión con la sangre derramada por más de mil delfines degollados. Previamente fueron cercados por los botes y dirigidos hacia una cala concreta: una trampa.

Según el documental The Cove (2009) cada año los japoneses matan cerca de 23.000 cetáceos, entre delfines y marsopas. El ministerio de Agricultura, Forestal y Pesca nipón rebaja la cifra total a trece mil pero admite que son unos 1.200 los delfines que se matan cada año en la cala de Taiji. En cualquier caso, es difícil saberlo puesto que se impide, no sin violencia, el acceso a las cámaras. De hecho, la mayor parte de la película dirigida por Louie Psihoyos (1957) fue grabada en secreto.

Vamos a navegar en el tiempo.

¿Te acuerdas de Flipper? Fue una famosa serie de televisión que se emitió entre 1964 y 1967. Su protagonista era un delfín mular (Tursiops truncatus). Aunque sería más exacto decir que ese papel lo interpretaban cinco delfines hembra, los que Ric O'Barry (1941) capturó y luego entrenó para la serie. Estos delfines de nariz de botella son los más habituales en los espectáculos acuáticos con animales. Dicen de ellos que son también los más inteligentes, los más sensibles. Y como todos los animales que se encuentran en cautiverio sufren depresiones. 

En cierta ocasión, Cathy nadó hasta los brazos de Ric. Inhaló aire a través de su orificio nasal. Pero no lo exhaló. Los cetáceos no respiran de manera automática como los humanos, sino que cada inhalación de aire les supone realizar un esfuerzo. Según O'Barry, aquelllo fue un sucidio.

Después de eso, Ric O'Barry dejó de entrenar delfines en cautividad para sumarse a la causa en contra de la cautividad de los animales. De hecho, es el alma-mater de la película The Cove, antes citada.

Se da la paradoja de que los seres humanos seguimos gastando miles de millones de dólares para enviar señales al espacio en busca de vida inteligente cuando posiblemente haya especies junto a nosotros que lo son tanto o más que nosotros.

Según Seth Shostak (1943), director del Search for extraterrestrial intelligence (SETI):
«El presupuesto de la NASA programado para el 2015 es de 2.500 millones de dólares, mucho menos que una milésima parte del presupuesto federal total de EE.UU. A los proyectos del SETI les corresponde una milésima parte del presupuesto de la NASA». («Jefe del SETI: "Se podría encontrar vida extraterrestre, pero los políticos se oponen"». En rt.com, 19/08/2014)
Has deducido bien: Lo que el jefe del SETI trata de decirnos es que con más financiación se podría avanzar en programas que permitieran encontrar vida extraterrestre en un plazo inferior a veinte años. Pero los políticos se oponen, se queja Shostak.

Buscamos la inteligencia fuera del planeta azul mientras nos negamos a admitir que los animales que nos rodean la tengan. Aunque en realidad, hay algo más importante que la inteligencia: la conciencia. Los delfines tienen conciencia de sí mismos, como los humanos.

Como los humanos que les cortan el cuello mientras chapotean en su sangre.

El caso es que no se trata de dinero, sino de combatir la plaga, dicen los propios pescadores. Los gobiernos de los tres países balleneros, Japón, Noruega e Islandia, culpan a los cetáceos de diezmar determinadas poblaciones de peces. (Donhauser, Michael: «Tres países contra el resto del mundo en la reunión de la Comisión Ballenera». El Mundo, 11/07/2011)

Se niegan a reconocer que somos los humanos quienes, en realidad, estamos acabando con las especies marinas. Según un informe publicado en la revista Science, en 2006, el colapso total de la pesca llegará antes de cuarenta años si se mantiene el ritmo actual de capturas. O sea, antes de 2046. (Dean, Cornelia: «Study Sees ‘Global Collapse’ of Fish Species». The New York Times, 03/11/2006)

Por otra parte, el consumo de carne de delfín o de ballena presenta graves riesgos para la salud humana ya que se han encontrado altas concentraciones de mercurio en su carne. (Johnston, Eric: «Mercury danger in dolphin meat». The Japan Times, 23/09/2009)

No lo hacemos por dinero, ni tampoco deberíamos comer la carne de los cetáceos. Entonces, ¿por qué los matamos?

Los humanos somos bien capaces de convertir lo paradisíaco en dantesco, como ocurre en la cala de Taiji, en las islas Feroe u otros lugares. Y lo hacemos por el mismo motivo que aún existen las corridas de toros: por tradición. Por el espectáculo. Por la diversión. Por cultura.

Bordeamos pues en el terreno de la antropología. Siendo que la cultura se define como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc., quizás deberíamos corregir el lema que utilizan los animalistas: la tortura sí es cultura. Aunque ello nos disguste.

Pero estas escenas dicen poco de los delfines y mucho, en cambio, de nosotros. De vez en cuando uno tiende a pensar como Thomas Hobbes (1588-1679) que nos advertía a los humanos que a quien más hemos de temer es a la especie humana, precisamente.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Filosofando a la de una, a la de dos y a la de tres

La española, y también británica, Ellen Duthie es la autora de un blog donde va narrando sus sesiones de filosofía que, cada dos semanas, tiene con los preescolares de una escuela pública de Madrid. Entre otras cosas, dicen los propios niños, se dedican a hacer “porquerías”:
«En Filosofía a la de tres, las porquerías son preguntas que empiezan por “¿Por qué...?” Y hemos empezado por dar un ejemplo. Alba Torres se ha encargado de la primera pregunta: ¿Por qué nos vestimos?». (Duthie, Ellen: «2014/15 Sesión 1. Desnudez y vergüenza, princesas y príncipes». En filosofiaaladetres.blogspot.com.es, 05/10/2014)
Y es verdad, la filosofía empieza siempre con una pregunta, y luego otra y otra... Digamos que se trata de un modo diferente de aprender: aprender pensando. No hay que memorizar, ni calcular, traducir, escribir, leer o dibujar. Solamente hay que pensar, jugar, razonar y dialogar.

Los catalanes tienen una palabra para eso: “Enraonar”. Que, si no me equivoco, quiere decir razonar conversando dos o más personas. O conversar razonando. Justo lo que hace Duthie, conversar con los niños y niñas, provocándoles con sus preguntas para que sean ellos y ellas quienes encuentren sus respuestas. Al fin y al cabo, eso es lo que hacía Sócrates (470-399 a.C.). Lo llamaba mayéutica, ¿lo recuerdas? Hablamos de ello hace tiempo, en 'Del tábano a la cicuta'. Estábamos en octubre de 2013, y sólo llevábamos cuatro entradas.

Por cierto, que nosotros dibujamos viñetas para la ocasión, mientras que Duthie suele apoyarse en cuentos o libros ilustrados.

Pienso que Duthie nada contra corriente. Nuestros gobernantes quieren sacar la filosofía de las aulas y ella se empeña en introducirla. ¿Te propongo unas “porquerías”?: ¿Por qué crees que los que mandan tienen tanto interés en impedir que los niños aprendan a hacerse preguntas? ¿Y por qué se empeñan en que sean los religiosos quienes adoctrinen a nuestros hijos? ¿Es porque es más fácil enfrentarse a una masa con pensamientos uniformes y predecibles que no a unos ciudadanos de entre los cuales pueda emerger una idea que lo revolucione todo? Venga, tú también puedes preguntar: más abajo están los comentarios.

Pero no nos alejemos del rumbo que nos marca Duthie. Ella, junto a Daniela Martagón, ilustradora mexicana, y Raquel Martínez Uña, editora de Wonder Ponder, se han embarcado en un nuevo proyecto: una ‘Filosofía visual para niños’. Cuentan que,
«Un día, Ellen Duthie quiso tratar la crueldad con los niños y ahí todo cambió. No terminaba de encontrar el libro ilustrado que tratara el tema como ella necesitaba. Su cabeza pedía determinadas escenas y le trasladó esa inquietud a su amiga la ilustradora Daniela Martagón. Ella, en muy poco tiempo, preparó las escenas que Ellen necesitaba. “Cuando las utilicé en clase, enseguida vi que el enganche de las imágenes con el tema era directa. Los niños empezaron rápidamente a construir cosas. Nunca me había pasado eso en sesiones anteriores. Las escenas que Daniela había dibujado eran inmediatas, lo que no pasaba con los álbumes ilustrados”». (Pizarro, Javier: «¡Atención! Aquí hay niños debatiendo sobre filosofía». En elasombrario.com, 16/08/2015)
El resultado es una caja con láminas: 'Mundo cruel'. Luego hicieron otra: 'Yo, persona'. Ambas son auténticas “cajas de Pandora”. Abrirlas supone una acción en apariencia pequeña o inofensiva, pero que puede acarrear consecuencias catastróficas. O al menos exijen que nos estrujemos las neuronas:
«¿Hay vidas que valen más que otras? ¿Tiene sentido castigar la crueldad con más crueldad? ¿Matar forma parte de la vida? ¿Es posible ser cruel sin proponérselo? ¿Hay veces en las que ser cruel puede resultar divertido? ¿Son a veces necesarios los castigos? ¿Cómo decidimos lo que es aceptable y lo que no es aceptable como castigo?…» (Barrios, Nuria: «¿Matar hormigas es cruel?». Babelia, El País. 16/12/2014)
¿Es cruel obligar a un perro o un gato a vivir en un apartamento? ¿Lo es encerrar a un pájaro en una jaula o a un pez en una pecera? ¿O torturar a un toro en la plaza? Decimos de las personas que tienen mascotas que son sus “dueños” o sus “amos”: ¿pueden ser dueñas unas personas de otras, unos animales de otros? ¿Son los padres dueños de sus hijos? ¿A quién pertenecen los niños?

Abre, mira, piensa. Y juega. No tengas miedo. Sólo son preguntas. Sólo estamos filosofando. A la de una, a la de dos, a la de tres.

martes, 8 de septiembre de 2015

Del revés y la Lógica ausente

Hay una metáfora que equipara nuestro funcionamiento cerebral al del puente de mando de un barco. Desde allí se gobierna la nave. El oficial de guardia se encarga de transmitir sus órdenes a los diferentes puntos del buque de la misma manera que desde nuestro “sistema central” algo (o alguien) transmite las suyas a cada punto de nuestro cuerpo. Tanto en un lugar como en el otro encontramos diversos controles de navegación, de dirección y demás equipos esenciales para la toma de decisiones.

En su última película, Inside Out (2015), los estudios de animación Pixar han colocado a las emociones al mando de nuestro sistema central. Éstas son cinco:
  1. Joy (Alegría);
  2. Sadness (Tristeza);
  3. Anger (Ira);
  4. Fear (Miedo);
  5. Disgust (Desagrado).
Por supuesto, se han tomado la licencia de darles aspecto antropomórfico. Quizá lo justifica el hecho de que todos, alguna vez, hemos sido jubilosos, iracundos, melancólicos, timoratos o asqueados. O jubilosas, iracundas, melancólicas, timoratas o asqueadas.

Hemos dicho que ellas están al mando pero, ¿tenemos algún control sobre nuestras emociones? ¿Es por eso que inventamos el concepto de inteligencia emocional? Hasta hace sólo unas décadas, todo se medía en torno al cociente intelectual (CI). En 1983, Howard Gardner (1943) puso en duda que el CI sirviera para explicar plenamente nuestra capacidad cognitiva ya que dejaba de lado dos capacidades importantes:
  1. La capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas (o inteligencia interpersonal);
  2. La capacidad para comprenderse a uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios (o inteligencia intrapersonal).
Pero, ¿qué es una emoción? ¿Se trata de una célula, una proteína, una descarga eléctrica? ¿O una interpretación del mundo externo? Para la psicóloga María Jesús Sancho:
«Una emoción es algo que se mueve dentro de una persona y que la impulsa a comportarse de una manera o de otra». (Alemany, Luis: «'Del revés', explicado por un neurólogo y una psicóloga». El Mundo, 20/07/2015)
La película tiene como protagonista a Riley, una niña de Minnesota, y a sus emociones desde los once hasta que cumple los trece años.

Puede que te llamara la atención que de las cinco emociones antes citadas, dos de ellas sean masculinas: Miedo e Ira. Cuando la cámara se adentra en los sistemas centrales de los demás personajes siempre vemos cinco emociones, todas del mismo género. ¿Por qué no ocurre igual en el caso de Riley?

Según Santiago Gimeno, de Sensacine.com, hay tres teorías circulando por ahí que explican por qué Riley tiene emociones femeninas y masculinas:
  1. Porque es bisexual;
  2. Porque aún no ha desarrollado sus emociones. No olvidemos que Riley es todavía una niña; 
  3. Porque influyen las emociones de sus padres. En la mente del padre, Ira parece ser el jefe y Miedo el segundo de a bordo, mientras que en la de la madre, es Tristeza la que está al mando aparentemente secundada por Alegría. (Gimeno, Santiago: «'Del revés (Inside Out)': 3 teorías que explican por qué Riley tiene emociones masculinas y femeninas». En sensacine.com, 11/08/2015)
Interesante, ¿verdad? Pero entonces, ¿qué pasará con Riley y sus emociones ahora que llegan a la pubertad? ¿Se atreverá Pixar a emprender la continuación? ¿Lo permitirá la (hasta ahora) conservadora y sexista Disney?[1]

Me temo que no

El director Pete Docter (1968) responde:
«¡Eso sería una película de terror! No somos tan valientes». (Heredia, Sara: «'Del revés (Inside Out)': ¿Habrá secuela de la película de Pixar?». En sensacine.com, 20/07/2015)
Y es que todavía es complicado gestionar el tema de la sexualidad y más en películas dirigidas a un público presuntamente infantil.

La historia de Riley pasa por una crisis cuando la familia se traslada inesperadamente desde Minnesota a California. En esos momentos, Alegría y Tristeza desaparecen del puente de mando para adentrarse en los entresijos de la mente de la protagonista. El panel de control se va fundiendo cuando Miedo, Desagrado e Ira quedan al mando. Al parecer, Alegría y Tristeza gestionan mejor nuestros sentimientos.

Dice Docter que se plantearon la introducción de un terrible villano que tendría por nombre Depresión que acecharía a las emociones. Finalmente la desecharon pero, aún así, Riley pasa por momentos que cualquiera calificaría como depresivos.

¿Y por qué no introdujeron una sexta emoción: la Lógica? También la rechazaron –dicen– porque les complicaba las cosas:
«Su presencia [la de la Lógica] podía tener implicaciones no deseadas ni previstas». (Heredia, Sara: «'Del revés (Inside Out)': Una de las primeras versiones incluía un temible villano». En sensacine.com, 15/07/2015)
Ya sabes, si no quieres complicarte la vida, mejor olvídate de recurrir a la lógica.

Un detalle que no se le pasó por alto a Docter es el de mostrarnos que los animales también tienen emociones, las mismas “cinco” emociones. Si bien, ocurre con un perro y con un gato, que son animales a los que fácilmente asignamos un comportamiento pseudohumano. ¿Las tienen también otros animales? ¿Un caballo, un cerdo, una gallina, un atún? Ya sabes por dónde voy. Seguro que recuerdas lo que escribimos en 'Una vegana a bordo del Aletheia'. Los animales se alegran, entristecen, enfurecen, acobardan o asquean como nosotros, los humanos. Y, por supuesto, sufren cuando se les maltrata.

A lo largo de los años, varias “islas de la personalidad” se han formado en la mente profunda de Riley, que son las dedicadas a las Bobadas, al Hockey, la Amistad y la Familia. ¿Te das cuenta? No aparece una isla para la religión. Y eso que Pete Docter se confiesa cristiano. Piensa que el tema de esta película tiene mucho que ver con el libre albedrío, un tema central durante siglos para la Iglesia.

Aún así, Paul Asay no se desanima en buscar la presencia de Dios en Inside Out.
Para este autor de Colorado Springs, el mundo protestante ha convertido la sonrisa en un imperativo moral. La sonrisa es vista como la externalización objetiva de una vida bien ordenada, mientras que la tristeza viene a ser el síntoma de un fracaso moral. (Asay, Paul: «Looking Inside Inside Out». En patheos.com, 23/06/2015)

Sin embargo, la vida no consiste sólo en encontrar la felicidad. Aceptar los momentos tristes de nuestras vidas –según Ethan McCarthy– nos ayuda a allanar el camino para alcanzar una clase más profunda de alegría. De hecho, –insiste– los Evangelios no mencionan que Jesús riera, pero sí nos dicen que lloró. Y es por eso que se regocija de que Tristeza acabe como la heroína de la película. Al fin y al cabo el cristiano comienza su camino aceptando con tristeza que es un pecador. (McCarthy, Ethan: «'Inside Out' and Christian Sadness». En christianitytoday.com, 20/07/2015)

En fin, ver para creer.

Me queda una duda de la que no te he hablado hasta ahora: ¿Por qué en España la titulan 'Del revés' y no 'Dentro, afuera' (Inside Out)? Vale, porque no suena bien.

Tampoco entiendo que para el público latinoamericano hayan escogido titularla 'Intensa-Mente', aunque el juego de palabras resulte gracioso. Personalmente, prefiero la traducción literal por esa dicotomía entre lo que somos hacia afuera y lo que nos pasa por dentro.

Pero quizás estoy apelando a la Lógica, esa emoción que deliberadamente quedó ausente.

----
[1] Según El Mundo, en 2006, Disney pagó 7.400 millones de dólares por hacerse con Pixar.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Inmersos en las conspiraciones

Hay gente que, como yo, ven conspiraciones por doquier. ¿Alguna vez te llamaron “conspiracionista”? ¿O fuíste tú quien llamaste “conspiranoico” a otro? Tales expresiones no existen realmente, pero se utilizan para hacer referencia a las teorías de la conspiración.

Empecemos por el principio: ¿sabemos lo que es una conspiración? Según la Real Academia de la Lengua, una conspiración es la unión de varias personas contra su superior o soberano, o bien contra un particular, con el fin de hacerle daño. Muchos estaríamos de acuerdo en que una conspiración política viene a ser un acuerdo secreto entre varias personas con el fin de deponer al poder establecido. ¿Quieres ejemplos?: el complot organizado por los militares para derrocar la II República española en 1936; o el que derrocó a Allende en Chile, en 1973. ¿O acaso crees que fueron actos espontáneos, no planificados, que ocurrieron porque Dios así lo quiso?

Dudas que el conspiracionismo sea una corriente de pensamiento. Dices, en cambio, que se trata de un peculiar esquema de pensamiento que interpreta que detrás de “la realidad”, siempre se puede encontrar una voluntad materializada en una o varias personas, o en los extraterrestres, que llevan a cabo determinadas acciones orientadas a alcanzar sus objetivos.

Describes a los conspiracionistas como fervientes creyentes de las diversas versiones que se oponen a las historias oficiales que conocemos a través de los medios de comunicación, tales como la muerte de Lady Di, el asesinato de John Kennedy, los atentados del 11 de septiembre o las posibles visitas de los extraterrestres a la Tierra.

¿Te das cuenta? Sueles meter a los extraterrestres por medio. ¿Sabes por qué? Porque de esa manera desprestigias la posición de quienes dudan de las versiones oficiales, con quienes no estás de acuerdo.

Por ese camino algunos destacaron una de las fotos tomadas durante los atentados de 2001 en Nueva York: hubo “conspiranoicos” que quisieron ver la cara del maligno dibujándose entre las volutas de humo y polvo. Resultó evidente que la imagen estaba retocada digitalmente, pero ¿cuál crees tú que era la intención del autor del retoque? ¿Una broma? ¿O una cortina de humo, valga la redundancia?

Creo que estamos de acuerdo en que la idea de una conspiración llena ese vacío que se produce cuando no encontramos respuestas coherentes a nuestra necesidad de dar una explicación racional a los hechos.

Pero llegados a este punto, prefieres pensar que los que barruntamos conspiraciones estamos delirando o padecemos algún tipo de enfermedad mental, ¿a que sí?

El doctor Patrick Leman, psicólogo de la Royal Holloway londinense, tiene una explicación alternativa:
«Mi investigación sugiere que la gente tiende a pensar que un acontecimiento significativo o de gran magnitud tiene que estar causado por algo similar en cuanto a su magnitud, significado o poder».
La historia de las teorías conspirativas es más corta de lo que suponemos –nos cuenta Peter Knight, de la Universidad de Manchester–; su origen hay que buscarlo a finales del siglo xviii, cuando algunos empezaron a vincular la Revolución Francesa con ciertas sociedades secretas como la Masonería o los Illuminati.

Para el autor de Conspiracy Culture. American Paranoia from the Kennedy Assassination to The X-Files (2000) el auge de las teorías de la conspiración tiene que ver con la pérdida de credibilidad en el poder establecido. Dice Knight:
«El auge de esta línea de pensamiento es directamente proporcional a la pérdida de confianza en sus autoridades». («Historia de las teorías conspirativas». BBC, 11/09/2007)
Lo dudo. Tú también dices haber perdido la confianza en quienes nos gobiernan pero, aún así, no compartes la sospecha de la posible existencia de fuerzas que conspiren bien sea para tomar el control del estado, de nuestras mentes o incluso de nuestros cuerpos. Crees, como sugieren los medios, que tales ideas emergen de los grupos antisistema o que son una especie de Agitprop[1]. Tiendes a olvidar que el poder también es vulnerable a tales teorías: durante el macarthismo[2] se sospechaba de casi todo el mundo por estar al servicio del comunismo. Se sospechaba, se acusaba y se castigaba.

No obstante, –según Knight– la cultura de la conspiración no se limita a los delirios paranoicos de unos cuantos chiflados de la extrema derecha. Hoy está mucho más extendida.

Tú mismo, que estás tan orgulloso de pertenecer a la única especie que ha sido capaz de abandonar el planeta e ir de visita por el espacio, te indignas ante quienes dudan que eso sea tan cierto. Y puedes llegar a suscribir expresiones como ésta:
«Como sucede con todas las especies, entre los humanos existen especímenes con menos sentido común, menos inteligencia y menos escrúpulos; y en el tema que nos compete, esos especímenes son denominados “conspiranoicos”, creadores de las más ridículas teorías conspirativas sobre la llegada del hombre a la Luna». («El hombre llega a la luna». Taringa)
Te indigna que se afirmen cosas en ausencia de pruebas, y, probablemente, en este tema tienes razón. Reconoce, no obstante, que tiendes a creerte, sin cuestionar, cualquier información de las que te llegan a través de la televisión u otros medios de comunicación masiva. ¿De dónde salen esas informaciones? Tú bien lo sabes: de los servicios de inteligencia, las más de las veces. Pero no, ellos no van a engañarte, no: ¿por qué iban a hacerlo?

Los conspiranoicos –me dices– pensamos que todos los sitios de comunicación mienten, desinforman, manipulan. Salvo esos sitios que abundan por la Internet haciendo acopio de todo tipo de conspiraciones. Esos –ironizas–, «siempre dicen la verdad».

No, no siempre dicen la verdad. Algunos mienten, inventan o juegan. Otros sirven, eso sí, como cortinas de humo pues nos desvían del tema para que no veamos lo importante. Y lo importante no reside en las respuestas que puedan darnos, sino las preguntas que nos hacen.


---

[1] El Agitprop o propaganda de agitación es una estrategia política, generalmente de tendencia comunista, difundida a través del arte o la literatura para influir sobre la opinión pública y de este modo obtener réditos políticos.
[2] El macarthismo se desarrolló en los Estados Unidos entre los años 1950 y 1956. Durante ese periodo, el senador Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un proceso de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas.