sábado, 28 de noviembre de 2015

Las poles al sol

El pasado día 14 de noviembre, el McLaren de Fernando Alonso (1981) se paró a poco de comenzar la clasificación. Al verse obligado a esperar hasta que acabara la primera serie (Q1), alguien le prestó una silla y el español aprovechó para ver pasar los coches desde una posición inédita. La imagen llamó la atención desde el primer momento a los televidentes. Uno de los comentaristas de Antena 3, Cristóbal Rozalén dijo que le recordaba una película española: Los lunes al sol (2002). El director del programa se lamentó una vez más de la mala suerte del ex de Ferrari. Las redes sociales parafrasearon la ocurrencia como Las poles al sol.

Luego volveremos a este tema.

¿Qué tiene que ver la Fórmula 1 con la filosofía? Bueno, todo tiene que ver con la filosofía y afortunadamente poco tiene que ver con la Fórmula 1.
Pero los medios de comunicación dan una importancia extraordinaria a ésta mientras que ignoran la otra.

Aunque no dejo de recibir críticas por ello, soy de los que ven la Fórmula 1. No sé muy bien por qué. Me entretiene, sí, claro. Pero quizá tenga que ver con la nostalgia de aquellos primeros años 70 en los que por azar me vi dentro de esa zona que llaman paddock. Mucho ha cambiado desde que Bernie Ecclestone (1930) se hiciera con el control de este circo en 1978. Control que ha durado más de treinta años y que sólo parece tambalearse a partir de los procesos judiciales en los que se haya inmerso desde 2014.

De todo ésto no te hablan en Antena 3 ni en las cadenas que antes compraron a Ecclestone los derechos de retransmisión de la Fórmula 1. Como cualquier otro espectáculo, las carreras de coches de “la categoría reina” cuentan con sus héroes (nacionales) y sus propagandistas. A los españoles nos han vendido que el “nuestro” no puede ser otro que Fernando Alonso. Quien ha ejercido como su hagiógrafo es Antonio Lobato (1965) que también ha sido la cara de este deporte a lo largo de doce años consecutivos. La carrera de este fin de semana será la última pues ya ha anunciado su retirada. Atrás quedan frases cargadas de adrenalina y amor ciego por un solo piloto, que casualmente es de Oviedo como él.
«¡Magic Alonso está volando literalmente sobre la pista!».
Ni que decir que a veces el héroe se convertía en superhéroe. Lobato seguía insistiendo en que tenía “poderes”, que hacía “magia”, que tenía algo que los demás pilotos no tienen. Un amor incondicional lleva tal vez al odio, en ocasiones muy poco disimulado, hacia quienes le han aguado la fiesta al piloto asturiano: Sebastian Vettel (1987) y Lewis Hamilton (1985). El alemán y el inglés han acaparado siete de los nueve títulos posibles del Formula One World Drivers' Championship desde que en 2007 Alonso lo ganara por segunda y última vez. Lobato ha sido el que más empeño pondría en mantener la ilusión de que aquella no sería la última. Los hechos han demostrado no sólo que se equivocaba, sino que su palmarés iba a ser pronto superado por otros pilotos, como es el caso de los dos que he mencionado.

La simbiosis Lobato-Alonso se nota en el poco interés que ha despertado la figura emergente de otro español: Carlos Sainz Jr. (1994). La atención sigue centrada en “nuestro” bicampeón mundial, aunque sea para llorar sus salidas de pista, sus pinchazos, sus abandonos o sus decepcionantes cronos. No es, como habrás supuesto, una cuestión de mero fanatismo patriotero, sino que tiene mucho que ver con los patrocinadores, con el dinero de la publicidad, contigo y conmigo.

El propio Lobato lo contaba en la Cadena Ser:
«Este año, estamos ante el peor nivel de popularidad de la F1 desde el 2003. Se nota mucho que la gente ha perdido el interés por este deporte; no solo en las audiencias, también en las conversaciones por la calle».
Resulta irritante –y con esto vuelvo al principio–, la falta de objetividad que Antonio Lobato ha mantenido a lo largo de estos años. Su caso demuestra a todas luces lo que ocurre con los “periodistas” a sueldo de empresas privadas. Ninguna pregunta incómoda a Emilio Botín (1934-2014) con ocasión de los millones que se llevaba a Suiza. Tampoco a Juan Carlos I (1938), ni siquiera en la época que estallaron los escándalos. Ninguna información crítica sobre la organización de Gran Premio de Europa en Valencia, cuya estafa repercute ya en los contribuyentes valencianos en forma de recortes. Curiosamente, Lobato se enciende cada vez que Vladimir Putin (1952) entra en escena con ocasión del GP de Rusia, pero nunca tiene una sola palabra para criticar a los líderes de otras potencias que tampoco respetan los derechos humanos.

La película Los lunes al sol trata de unos compatriotas nuestros que, sin comerlo ni beberlo, son despedidos de los astilleros donde trabajaban. Se quedan en el paro y, por edad, difícilmente encontrarán otro trabajo en su vida. Un drama social. ¿Lo comparamos con Fernando Alonso? El asturiano gana 97.222 euros al día. ¿Vas a seguir llorando cada vez que no se clasifique? Tampoco es cuestión de que cambies de colores y pases a engrosar los tiffosi que siguen a Vettel o Hamilton: ellos ganan más o menos lo mismo. (Sport, 12/08/2015)

La Fórmula 1 es un circo, sí, pero un circo muy caro. Forma parte de la vieja ecuación panem et circenses (pan y circo) que inventaron los romanos para entretener a la población y apartar su atención de los problemas que realmente le conciernen. Así, nos solidarizamos con la suerte de los mega-millonarios e ignoramos el drama de nuestros compatriotas que están en el paro o que serán desahuciados mañana o pasado.

La filosofía es común a quienes aman la verdad. ¿Crees que algún día alguna cadena nos contará la verdad de la Fórmula 1?
«En la Fórmula 1 no ocurren los milagros» –he oído decir tantas y tantas veces. 
Sólo hay lugar para la magia. Y sólo hay uno que es Magic.