sábado, 9 de enero de 2016

Principios inamovibles o estrategias para el cambio

¿Todo fluye como dijo Heráclito (535-486 a.C.); o todo permanece como sostuvo Parménides (ca. 530 a.C.)?

Según la filosofía política de ciertas personas, cualquier cosa que signifique un mínimo cambio de sus principios inamovibles será motivo de rechazo. Ese desprecio al cambio lo expresa a la perfección Fernando Savater (1947), uno de los filósofos traviesos de la derecha, en su reciente artículo publicado en El País:
«Tampoco aspiro a dirigirme a la secta de los cambistas, los adictos en cuerpo y alma al cambio. No a mejorar, a perfeccionar o a corregir, sino a cambiar. Sea adelante, atrás, a derecha o izquierda, eso va en gustos». (SAVATER, Fernando. «Ni podemos ni debemos» (2016, 7 de enero). El País)
Esta aversión al cambio, este aferrarse a los principios o valores irrenunciables no afecta solo a la derecha, sino también a una parte de la izquierda.

Así,ocurre que:
  1. La derecha española se aferra a unos valores anclados en la tradición, como la bandera rojigualda, la familia, la unidad de la patria, el himno de los granaderos, la guerra, la religión católica, apostólica y romana, la tauromaquia y la monarquía;
  2. Desde las izquierdas se hace otro tanto al enarbolar la bandera tricolor, reclamar la tercera república, rechazar el maltrato animal y celebrar manifestaciones en contra de la OTAN y de las bases militares, cuya soberanía se ha cedido a los Estados Unidos por nuestros autoproclamados patriotas.
Los tan cacareados valores de la derecha han sido, de un modo u otro, tratados antes a bordo del Aletheia. No así los de la izquierda.

La primera pregunta es si los valores de unos y los principios de otros se parecen en algo. ¿Acaso es cierto que “los extremos se tocan“, como dice el dicho? En cierto aspecto, la respuesta es afirmativa, ya que tanto los unos como los otros se definen como inamovibles. La consecuencia es clara. Dichos valores o principios irrenunciables conducen al inmovilismo.

En el inmovilismo de derechas se instalan el Partido Popular (PP), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos (C's). Todos ellos defienden la perennidad de los símbolos antes comentados. Cabe decir que el PSOE aún se postula como partido de izquierdas pero a la hora de la verdad sus políticas no difieren mucho de las del PP o C's.

El inmovilismo de izquierdas queda representado por Izquierda Unida (IU). Si bien, el tema de la tauromaquia no goza de unanimidad, pues dentro de IU hay quienes celebran que haya corridas de toros. Donde sí mantienen impasible el ademán es en la defensa de los símbolos de la Segunda República, en la oposición a la OTAN, o en la exigencia de cerrar las bases.

A comienzos de 2014, apareció un nuevo fenómeno en el panorama político español: Podemos. Estos políticos de nuevo cuño tratan de poner el eje no entre la izquierda y la derecha, sino entre los de arriba y los de abajo. Dicen estar a favor de la gente y en contra de la casta, de la oligarquía, esto es de la élite que disfruta de enormes privilegios a costa de recortarles lo básico a la mayoría de la población. Pero rechazan de una manera clara el inmovilismo de la izquierda en la defensa de sus principios. En palabras de Pablo Iglesias (1978):
«Hemos demostrado que con propuestas con las que la izquierda se sentía muy a gusto, pero con un discurso distinto y con unas formas distintas, se podía ganar, se podía desafiar al poder. Y eso implica hacer las cosas al contrario de como las hacía la izquierda». («Pablo Iglesias: “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”» (2015, 24 de junio). Público)
La incorporación del teniente general José Julio Rodríguez (1948) fue la gota de agua que ha desbordado el vaso de la paciencia del Círculo Pacifismo y Alternativas de Defensa de Podemos. Un mes después del anuncio y a cuatro días de las elecciones, este grupo comunicó su decisión de desvincularse del partido podemita. En su comunicado decían:
«Con dicho fichaje, además, se ha puesto en duda la postura de Podemos con respecto a la OTAN que parece ser mucho más transigente que la que ha tenido cualquier organización, colectivo o movimiento que votara o se posicionara en contra de la OTAN en el referéndum de 1986». («El círculo Pacifismo y Alternativas de Defensa hace pública su desvinculación de Podemos tras un año de existencia» (2015, 16 de diciembre). Antimilitaristas.org)
Los miembros de este grupo, que ahora se llama Construye Pacifismo, emprenden una ofensiva contra la presunta deriva militarista de Podemos en las redes sociales al tiempo que sostienen que IU no es ambiguo, que es abiertamente republicana, y que está en contra de la OTAN y de las bases.

Sin embargo, es difícil imaginarse a Podemos como un partido belicista como sí se desprende de los programas de C's o de la experiencia gubernamental del PP o del PSOE.

La política –en mi opinión–, consiste no tanto en defender principios o valores inamovibles como en lograr ponerlos en práctica. No se trata de soñar, sino de poder. Y para conseguir cosas hay que ganar. Y para ganar en una democracia hay que convencer a muchos. Demostrarles no que tú tienes razón, sino que puedes hacer las cosas que ellos quieren que hagas y hacerlas bien. La gente prefiere votar a los malos conocidos que a los buenos por conocer y, por eso, para que te conozcan hay que ejercer el mando.

Tal como el periodista sevillano Fede Durán (1977) escribía en su blog refiriéndose a Podemos:
«La solvencia se acredita mandando, y la naturaleza metafísica del partido más rompedor de la democracia española (existe sin estar, o está sin existir) es un arma de doble filo: permite prometer con generosidad, pero esa generosidad puede volverse en contra cuando se convierta en contrato». (DURÁN, Fede. «Podemos: luces y sombras» (2014, 3 de noviembre) Crónicas de un escéptico)
A Íñigo Errejón (1983) le hemos oído decir, en una entrevista en ara.cat, que no iban a prometer algo que no pudieran cumplir al día siguiente de llegar al gobierno.

Según el político de la formación morada, los adversarios del cambio resucitan el marco de la discusión de símbolos de hace 70 años porque saben que sobre ese terreno simbólico ganan. Es por eso que los reavivan siempre que pueden.

Para Errejón hay una voluntad de cambio transversal, que viene de gente que incluso ha votado al Partido Popular o al Partido Socialista y que, sin embargo, hoy es consciente de que sus intereses y políticas de sentido común chocan de frente con el plan que las élites tienen para nuestro país. («Entrevista d'Antoni Bassas a Íñigo Errejón» (2015, 17 de diciembre). Ara.cat)
«Ni monarquía ni OTAN –insiste Antoni Bassas (1961)– son temas prioritarios para Podemos».
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es un sistema que se creó en el marco de la Guerra Fría (1949-1991). Para Errejón, no tiene mucho sentido que siga existiendo a día hoy, pero admite que «hay tratados firmados» y desea caminar «hacia un sistema integrado de defensa europea». Con respecto a la monarquía dice más o menos lo mismo.

Algunos de mis amigos –los que permanecen fieles a IU–, rechazan eso como “politiquerías” aberrantes. Los que abandonan el Círculo Pacifismo definen a «Podemos como partido “atrapalotodo”, es decir, un partido que diluye al máximo sus señas de identidad, para ser una organización destinada al mercado de la política, en la que cualquier cosa que se diga vale en función de su rentabilidad en forma de votos, de los posibles consumidores masivos de política en períodos electorales».

Y algo hay de verdad en esas críticas.

Sin embargo, la voluntad popular de la gente que se acerca a Podemos –según Errejón–, no desea un plan para que las cosas cambien en un plazo de 35 años, sino para que si el domingo (por el 20D) hubiera un resultado suficiente como para que Podemos formara gobierno, este pudiera hacer todo aquello que se ha prometido en campaña. Por eso añade que:
«Los programas electorales que hacemos [en Podemos] están diseñados para la próxima legislatura. Eso no agota el horizonte de transformaciones adónde queremos llegar, pero sí que dicta a qué nos podemos comprometer con nuestro pueblo para transformarlo desde el día siguiente. Es verdad que hay un ejercicio de responsabilidad para que nos cuadren las cuentas, con la gente dentro».
Me imagino que salir de la OTAN es una de esas promesas que –a decir de Fede Durán– sería fácil de hacer en campaña y difícil de cumplir una vez se llegara al gobierno. Por esos contratos firmados por los partidos monárquicos, precisamente. Me imagino que lo que Podemos pretende –en aras de ese ejercicio de responsabilidad al que se refería Errejón–, es comprometerse solo a lo que es posible hacer desde hoy mismo y dejar para más adelante aquellos temas que no podrían cumplir de manera inmediata.

Por otra parte, la realidad demuestra que quienes practican el inmovilismo de izquierdas quedan relegados a la irrelevancia en el arco parlamentario. Un 5% a lo sumo. Quizá un 10%. Sus propuestas son atractivas pero carecen de eficacia. Y Podemos ya ha anunciado que quiere romper con ese techo.

Recordemos que España entró en la OTAN por medio de un engaño. El líder de los socialistas, Felipe González (1942), dijo una cosa estando en la oposición e hizo la contraria cuando llegó al gobierno. En 1986, convocó el referéndum que prometió bajo el lema “OTAN, de entrada NO”, y lo ganó haciendo campaña por el SÍ a la permanencia. Para salir de esta organización criminal –en mi opinión–, quizá haya que ser tan astutos o más que lo fue el propio González.

Lo de la monarquía es otro cantar. Para que España vuelva a ser una república hace falta que los españoles reclamen ser republicanos. Y por el momento no parece que esa sea la cuestión.

En todo caso, los negocios de la OTAN y los de la Casa Real parecen ir de la mano tal y como apunta el ex-teniente Luis Gonzalo Segura en su blog.
«¿Y si el Rey, el PP o El Corte Inglés están tras el terrorismo del ISIS?». (SEGURA, Luis Gonzalo. «¿Y si el Rey, el PP o El Corte Inglés están tras el terrorismo del ISIS?» (2016, 5 de enero). Público)
El ISIS está financiado por Arabia Saudí, Qatar, Bahréin o Emiratos Árabes Unidos, países que son visitados regularmente tanto por el rey padre como por el rey hijo. Cosas de reyes.

Igualmente, sabemos por Wikileaks que el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón conspiró a favor de una potencia extranjera en el asunto del Sahara. Él quería garantizarse el apoyo de los Estados Unidos a la hora de suceder a Franco en la Jefatura del Estado y a cambio les pasaba informes secretos mientras se comprometía a meternos en la OTAN y a ceder la soberanía de las bases. Todo por la patria, digo por el trono. («Juan Carlos se hizo confidente de la Casa Blanca y se convirtió en su gran apuesta para controlar España» (2013, 8 de abril). Público)

A ti y a mí nos parecerá lógico reclamar una República, sobre todo después de saber el nivel de corrupción al que nos ha llevado la Transición monárquica. Pero recuerda: las batallas por la opinión pública se libran en los medios de comunicación y no son fáciles de ganar siendo que estos están controlados por los que quieren que nada cambie.

Aún así, algo se mueve.



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